Cuando María Corina Machado, durante su visita a la Casa Blanca del jueves 15 de enero de 2026, le entregó al presidente de Estados Unidos la medalla del Premio Nobel de la Paz recibida por ella en diciembre de 2025, cometió un error muy importante, no solo por ese acto en sí mismo, sino porque su gesto no fue efectivo para lo que aparentemente buscaba y esperaba: mejorar de inmediato la visión sobre su persona -y el rol que debería jugar con respecto a la situación en Venezuela- por parte del mandatario estadounidense; mucho menos lo fue para que este se sintiera satisfecho de alguna forma en su deseo de obtener ese galardón tan significativo.
En un mensaje dirigido a Jonas Gahr Store, primer ministro noruego, el presidente de Estados Unidos afirma que, puesto que “tu país” -como si Noruega tuviera que ver con la cuestión, no el Comité Noruego del Nobel- decidió no darme el premio Nobel por haber detenido más de ocho guerras, “ya no siento la obligación de pensar únicamente en la Paz, aunque eso será siempre predominante”, agregando: “Ahora puedo pensar en lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos de América”. Este mensaje fue difundido inicialmente por el canal público de televisión estadounidense PBS y aparece reproducido en una nota escrita por Macarena Vidal Liy en el diario El País de España, publicada el 19 de enero de 2026 con el título de “Trump afirma que ya no se siente obligado a centrarse ‘en la paz’ porque Noruega no le concedió el premio Nobel”[1].
Tras esos comentarios, el mensaje reitera los argumentos para reclamar la anexión de Groenlandia: “Dinamarca no puede proteger Groenlandia de Rusia y China, y en cualquier caso ¿por qué tienen derecho de propiedad? (…) El Mundo no está seguro hasta que no tengamos un control total y absoluto sobre Groenlandia”.
Hemos asistido hace pocos días a una agresión militar contra Venezuela, ejecutada por las fuerzas armadas de Estados Unidos, como se ha sostenido en un comunicado de la Cátedra Libre de Derecho Humano a la Paz de la UNLP del 5 de enero pasado[2]. Ahora la atención mundial está puesta en el reiteradamente anunciado intento de la Casa Blanca de hacerse con Groenlandia, por las buenas o por las malas.
Lo que es bueno y adecuado para los Estados Unidos, según la visión de su actual presidente, no es bueno ni adecuado para el mundo en la medida que eso signifique dejar completamente de lado el derecho internacional para avanzar sobre la base del poder, el poder de la fuerza.
En las actuales circunstancias, hay que hablar de paz más que nunca, en contraposición al discurso que propone incluso la idea de “paz a través de la guerra”, porque esto último supone volver a un momento que la evolución del derecho internacional parecía haber dejado atrás.
Y hablar de paz requiere, de una vez por todas, poner el derecho humano a la paz en el centro del debate. Es lo que la sociedad civil internacional demanda, sin postergaciones, sin retaceos, como absoluta prioridad.
Cátedra Libre de Derecho Humano a la Paz
IRI/IDH-UNLP
Referencias
[1] Ver https://elpais.com/internacional/2026-01-19/trump-afirma-que-ya-no-se-siente-obligado-a-pensar-unicamente-en-la-paz-porque-noruega-no-le-concedio-ese-premio-nobel.html
[2] Ver https://www.iri.edu.ar/index.php/2026/01/05/comunicado-de-la-catedra-libre-de-derecho-humano-a-la-paz-de-la-universidad-nacional-de-la-plata-sobre-la-situacion-en-venezuela-tras-la-intervencion-militar-de-estados-unidos/