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La Conferencia de Múnich en el marco de una nueva política Internacional

*  La Conferencia de Múnich en el marco de una nueva política Internacional

Julio Ramón Lascano y Vedia[1]

La nueva política internacional afincada en el realismo político puro, se desarrolla en un marco de competitividad y beligerancia mundial creciente y sin contar con un multilateralismo que contenga los rumbos de la geopolítica mundial y las decisiones hegemónicas del contemporáneo mundo: Ello no ha detenido la realización de la Conferencia de seguridad de Múnich Alemania se realiza desde 1962.

Esta Conferencia en 2026 se expuso públicamente a través de mensajes y posiciones de líderes y gobernantes de occidente que han hecho exageradas declaraciones. Los Estados

Unidos y Europa se reunieron en Múnich en un intento por recrear fortaleza en la alianza atlántica de posguerra. Aunque la beligerancia y confrontación geopolítica mundial acontece más allá de ese marco, y requiere de pensamientos, ideas y propuestas para nuevas problemáticas de política internacional, de seguridad y peligros nucleares latentes en el planeta.

En un mundo cuyo contexto internacional está marcado por decisiones hegemónicas de Estados Unidos y China, durante la misma conferencia, y con el objeto de hacer comprender los posicionamientos de la nueva política internacional, señaló el Secretario de Estado de Estados Unidos Marco Rubio, en una clase de “realismo puro”, que “el orden global debe subordinarse a los intereses nacionales”. Rubio reivindica la historia compartida entre Estados Unidos y Europa, y además defendió avanzar en una reforma del sistema internacional, aclarando que no se hace necesario desmantelar todo el sistema multilateral. Por ello para Estados Unidos se hace necesario pensar en una nueva política internacional realista y en el relacionamiento con Europa pensar en una “alianza revitalizada”. Esto seguramente incluirá el papel de Rusia en la posguerra con Ucrania, donde Estados Unidos parece esperar pacientemente resultados diplomáticos finales que permitan incluir esta temática geopolítica, política y económica en la agenda de cuestiones pendientes a reformar en el relacionamiento con Europa y la nueva alianza atlántica

A pesar de las presiones de Donald Trump sobre Groenlandia y su retórica confrontativa, que han dejado dudas profundas en los gobernantes y líderes de Europa , en un análisis rigurosos se puede aseverar que ello ha correspondido a la nueva política exterior del hegemón norteamericano que se apoya en concepciones y decisiones que apuntan a la transformación y reforma del sistema internacional multilateral, la reforma del debilitado esquema de las Naciones Unidas, y la modificación del complejo entramado político jurídico y económico de la Unión Europea, que según la visión realista vigente ha dejado a Europa más lejos de un sistema de relacionamiento político diplomático y comercial útil, y en extrema cercanía con las inversiones y negociaciones que encara de manera paciente y creciente en todo el mundo la República Popular China.

Los europeos se expresan en Múnich de diversas maneras, y algunos, buscando soluciones al desafío de rearmarse como una comunidad política occidental lógica y útil a una alianza atlántica, y otros buscando un mayor independentismo de la unión europea que lo haga autónoma de las decisiones de Estados Unidos y de China a la vez. Esta última posición aparece muy ingenua en el esquema geopolítico contemporáneo pero los países escandinavos y otros miembros de la Unión Europea así parecen pretenderlo. Por Alemania Friedrich Merz se inclinó claramente de buscar una mayor orden para enfrentar la actual crisis europea y mundial, por Francia Emmanuel Macron pidió una Europa “geopolítica” con disuasión nuclear reforzada; mientras por Gran Bretaña Keir Starmer insistió en que los Estados Unidos es el aliado indispensable para la subsistencia misma de Europa y Occidente. Giorgia Meloni defiende el occidente desde el Imperio de Roma hasta la alianza con Estados Unidos contemporánea. Más allá de estas posiciones expresadas durante la conferencia, surge aún un estado confusional reinante en la Unión Europea, a partir del abandono de la misma como interlocutor de los Estados Unidos en el planeta y la asunción de múltiples negocios diplomáticos que la acercaron a China y la alejaron de Rusia; ingresando en múltiples interpretaciones de poca claridad sobre la voluntad política de Europa en el nuevo esquema de la política internacional contemporánea.

Lógicamente en la Conferencia de Múnich, el escepticismo ha dominado los escenarios y discursos. Ello, aunque Washington ratificó su paraguas nuclear en la Organización del Atlántico Norte OTAN, donde tienen un gran peso las negociaciones sobre Ucrania y Groenlandia. En la nueva política internacional a la que asistimos con un marcado balance entre la geopolítica y las relaciones internacionales, de manera original, pero con absoluta lógica aparece un protagonista de peso que parece comprender las necesidades de reformas del sistema que surgen de la existencia de esta nueva política internacional sin reglas y en un mundo en guerras. Y que lo interpreta y señala así en los foros diversos que participa, Se trata del candidato a Secretario General de las Naciones Unidas y actual Director de la Agencia de energía atómica de la ONU Dr. Rafael Grossi, diplomático argentino en funciones internacionales.

La cuestión energética-nuclear en la conferencia de Múnich

En el contexto de la nueva política internacional sin reglas, esta conferencia de seguridad de Múnich se desarrolla en un momento signado por la convergencia de crisis estratégicas, guerras abiertas, tensiones geopolíticas sistémicas, transición energética acelerada y creciente cuestionamiento de los regímenes de control nuclear. En este marco, la dimensión energética y nuclear adquiere una centralidad inédita como factor crítico de seguridad internacional.

Desde el punto de vista de la seguridad y la defensa, las cuestiones de la energía, la tecnología y los recursos estratégicos configuran el nuevo equilibrio de poder. La guerra en Ucrania, la inestabilidad en Medio Oriente y la rivalidad entre grandes potencias han demostrado que la infraestructura energética es hoy tanto un activo económico como un objetivo militar. Ataques a sistemas energéticos y las disputas por corredores de suministro y la vulnerabilidad de las centrales nucleares en zonas de conflicto han reposicionado la cuestión atómica en el centro del debate estratégico.

La voz de Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), se hace entonces relevante, pues se ha convertido en uno de los actores técnicos- políticos más influyentes en la gobernanza nuclear. Grossi ha advertido en Múnich que el sistema internacional de no proliferación atraviesa un momento de fragilidad estructural. Si bien el régimen vigente sigue siendo un pilar de estabilidad, enfrenta cuestionamientos incluso de Estados históricamente alineados con sus compromisos. Según su diagnóstico, la erosión de consensos refleja un mundo más competitivo, donde la disuasión vuelve a ganar terreno frente al desarme.

El alto funcionario señaló que la lógica de seguridad cooperativa posterior a la Guerra Fría está siendo reemplazada por esquemas de autonomía estratégica regional, rearmamento y reconsideración de capacidades nucleares. La visión del Director de la AIEA combina realismo estratégico con pragmatismo técnico; pues reconoce el derecho de los Estados al desarrollo nuclear con fines pacíficos; pero insiste en la necesidad de verificación robusta y transparencia para evitar desvíos militares. Es un el delicado equilibrio a conseguir.  El director de la AIEA afirma que el panorama nuclear iraní ha cambiado “radicalmente” tras la guerra de doce días, lo que obliga a rediseñar cualquier acuerdo de control. Por ello los conflictos contemporáneos no solo generan riesgos de proliferación, sino también de descontrol técnico, pérdida de trazabilidad de materiales y vacíos de supervisión internacional.

Lo importante resulta en que la dimensión energética del problema nuclear se manifiesta con claridad en los escenarios bélicos. En Europa oriental, los ataques a infraestructuras eléctricas y los riesgos sobre centrales atómicas han elevado la preocupación por accidentes radiológicos de escala transnacional. Autoridades ucranianas han advertido en Múnich que los bombardeos contra redes energéticas incrementan los peligros para la seguridad nuclear de toda la región. Se hace accidente la interdependencia entre energía y seguridad: una central nuclear no es solo una planta de generación, sino un nodo crítico cuya afectación puede desencadenar crisis humanitarias, ambientales y geopolíticas.

En el sistema internacional solo el organismo AIEA desempeña un rol insustituible, al momento de hablar de las reformas del sistema internacional, y definir un punto de partida para modificar las decisiones hacia una geopolítica adecuada a la nueva política internacional sin reglas pero en un mundo en guerra. Así el Director Rafael Grossi enfatiza precisamente esta paradoja contemporánea: la humanidad necesita más energía nuclear para descarbonizar, pero simultáneamente enfrenta mayores riesgos de proliferación, sabotaje o uso militar. Gestionar esa tensión es el desafío central de la gobernanza global.

Esta posición manifestada en Múnich es fundamental pues, está situada en la intersección entre diplomacia, tecnología y seguridad; y expresa esa nueva complejidad de un mundo donde la estabilidad estratégica dependerá de la transición energética y rivalidad geopolítica creciente.

[1] Embajador de carrera (R). Profesor de Historia Argentina y de Política Internacional de la Universidad Nacional de la Defensa UNDEF. Licenciatura de Defensa y Maestría Defensa Nacional.