Fin de la restricción japonesa a la exportación de material de guerra

En los últimos años se aceleró el proceso de resignificación de la política de defensa japonesa, por el que el país del sol naciente se aleja, sostenidamente, del espíritu constitucional adoptado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. En 2014, en tiempos de gestión de Shinzo Abe, se produjo un punto de inflexión a partir del cual se aceleró el regreso japonés a la competencia militar regional. Por entonces, el concepto de “autodefensa” quedó atrás y, en su lugar, se adoptó el de “autodefensa colectiva”. En pocas palabras, desde ese momento Japón quedó habilitado a responder, mediante el uso de todos sus medios militares, a cualquier agresión externa a su territorio, pero, además, también podrá acudir en apoyo a sus socios y aliados en caso de que estos sean atacados.

De esta manera, la defensa nacional japonesa abandonó una arquitectura de tipo defensiva, para convertirse en una de carácter disuasiva y, más adelante, si desarrollara capacidades militares acordes, hasta podría convertirse en una de características ofensivas. Todo ello en el marco de una competencia estratégica entre Estados Unidos y China, y con un entorno regional en el que se multiplican las tensiones territoriales en función de los distintos reclamos vigentes en el Mar de China Oriental. Debemos agregar que lo antes mencionado también está atravesado por la posición impulsada por la República Popular China respecto a Taiwán. En ese contexto, pisar el acelerador hacia una carrera militar, podría devenir en un alto nivel de riesgo de escalada de conflictos, aunque hasta la fecha, no hayan alcanzado el nivel de salidas bélicas a las diferencias mencionadas.

En la Estrategia de Seguridad Nacional de Japón, adoptada en diciembre de 2022, se describe al Indo-Pacífico como el entorno más severo y complejo desde 1945. Desde esa perspectiva, la defensa japonesa asumió la necesidad de proteger la paz, la seguridad y la prosperidad del pueblo japonés y también de la comunidad internacional, preparándose para el peor escenario posible, razón por la cual se ve en la necesidad de fortalecer sus capacidades de defensa. Para ello ha previsto expandir su gasto militar hasta alcanzar el 2% del PBI en 2027. Sin embargo, las actuales condiciones económicas suponen algunas dificultades para las previsiones indicadas e incluso para una eventual conversión de potencia militar regional en una de capacidad de proyección extrarregional, como parece ser la meta a alcanzar. De modo que, una expansión de la capacidad industrial japonesa, cimentada en la apertura del comercio de material de guerra, podría compensar las erogaciones militares previstas para los próximos años.

En ese marco fue que el gobierno japonés anunció, tras casi 80 años, que impulsará la exportación de material de defensa por fuera del hasta ahora permitido, que era el destinado a desminado, vigilancia, transporte y rescate, marcando otro hito en su política de defensa. A partir de ahora, el conglomerado industrial japonés podrá exportar equipamiento militar que puede ser empleado en situaciones de guerra, tales como misiles o buques equipados con artillería, aunque destinados, en principio, a 17 países con los que Japón tiene tratados de cooperación militar: Estados Unidos, Reino Unido, Australia, India, Filipinas, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Indonesia, Malasia, Vietnam, Tailandia, Singapur, Emiratos Árabes Unidos, Mongolia y Bangladesh. Esta decisión es percibida por la República Popular China como un episodio adicional al supuesto neomilitarismo japonés, pues entiende que Japón está expandiendo su capacidad militar a niveles comparables a los de la época del expansionismo impulsado durante el siglo XX.

Asimismo, es pertinente recordar que Japón y Reino Unido, junto a Italia, se encuentran trabajando en el desarrollo de un avión caza de sexta generación, lo que también podría constituirse en una amenaza para la defensa nacional argentina, teniendo en cuenta que en los próximos años esas aeronaves podrían ser desplegadas en las Islas Malvinas, para asegurar así la continuidad del dominio británico sobre las mismas.

Ivone Jara
Integrante
Centro de Estudios Japoneses
IRI-UNLP