Tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial y el inicio de la ocupación aliada de Japón al mando del general Douglas MacArthur, se abrió un largo proceso de reconstrucción institucional que pronto quedó condicionado por una nueva y determinante variable: la creciente rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Lo que en un principio se pensó como un proceso orientado a desarmar y democratizar a Japón fue mutando, a medida que se afianzaba la Guerra Fría en Asia (particularmente tras el triunfo de la revolución comunista china en 1949 y el estallido de la guerra de Corea en 1950) hacia la necesidad de reincorporar a Japón como socio estratégico dentro del bloque occidental.
El primer ministro Yoshida Shigeru condujo las negociaciones que culminaron el 8 de septiembre de 1951 en la Conferencia de San Francisco, donde cuarenta y ocho países firmaron el tratado de paz que ponía formalmente fin al estado de guerra con Japón. La Unión Soviética, junto con Polonia y Checoslovaquia, se negó a suscribirlo, mientras que la cuestión de la representación china quedó irresuelta: ni la República Popular China ni el gobierno nacionalista de Taiwán fueron invitados a participar, en una ambigüedad deliberada que reflejaba las tensiones no saldadas de la posguerra en Asia oriental y que Yoshida debió despejar meses después mediante un compromiso bilateral con el gobierno de Taiwán. El tratado fijó además las renuncias territoriales japonesas sobre Corea, Taiwán y las islas Pescadores, pero omitió precisiones sobre la situación de las islas Kuriles y de Sajalín meridional, una imprecisión que dejaría abierta una disputa territorial con la Unión Soviética y, más tarde, con Rusia, que se extendería durante décadas sin resolución definitiva.
Ese mismo día, pero en un edificio distinto de la misma ciudad, Yoshida firmó junto al secretario de Estado norteamericano Dean Acheson el Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón, que autorizó el mantenimiento de bases y tropas estadounidenses en territorio japonés incluso después de recuperada la soberanía plena. Japón salía de San Francisco con la paz firmada en un salón y la dependencia estratégica sellada en otro, a pocas cuadras de distancia: una alianza asimétrica que delineó la arquitectura de seguridad de todo el Pacífico durante la Guerra Fría y que siguió marcando, en las décadas siguientes, los debates internos sobre el rearme y el pacifismo constitucional del país.
Por Aimé Rojas Petruccelli
Departamento de Historia
IRI-UNLP