Independización de Armenia de la Unión Soviética

Independización de Armenia de la Unión Soviética

“La historia […] es el laboratorio en actividad de nuestro presente y no solamente el esclarecimiento de su trasfondo” (1), con estas palabras Pierre Rosanvallon delimita su campo de reflexión. La situación actual de Armenia y su derrotero a partir de la década de los 90’ es un claro ejemplo de cómo nuestro proyecto Efemérides nos sirve para hallar en nuestro pasado las claves del presente.

El 21 de septiembre de 1991, Armenia declaró su independencia de la entonces decadente Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Esto fue formalizado a través de un referéndum popular en el país, respondiendo al contexto de desintegración que en diciembre de ese mismo año alcanzaría la disolución definitiva del bloque soviético (2).

En aquellas circunstancias, Armenia será parte del proceso de descomunistización extendido hasta Europa del Este y los demás territorios de la ex-órbita soviética, con la partición de Yugoslavia y los posteriores conflictos armados que ello suscitaría como punto más álgido. Los Estados conformados y reconocidos internacionalmente como tales a partir de esto iniciaran un camino de configuración política muy complejo del que Armenia no será una excepción: la constitución adoptada en 1995 ha tenido dos reformas hasta el día de la fecha cada diez años, en 2005 y 2015 (3), lo cual muestra una institucionalidad con pocas garantías de solidez y funcionamiento aceitado. Hasta 2015, el régimen adoptado se conformaba como uno republicano democrático, que en la práctica demostró altos grados de presidencialismo exacerbado. Dicha característica es propia de los regímenes nacidos a partir de la desintegración de la URSS, sobre todo debido a la cultura política fuertemente centralizada y personalista que las prácticas de gobierno fueron adoptando ante dicho contexto histórico. Luego de la última reforma, la República de Armenia adoptó un modelo parlamentario, donde los representantes del legislativo son los únicos electos por voto popular; los titulares del Ejecutivo son escogidos por los parlamentarios. Esto constituye un giro interesante que puede querer demostrar un intento de adopción de prácticas gubernamentales más estables y confiables.

Sin embargo, en los últimos años, los acontecimientos que han ocurrido últimamente prueban que aún queda un largo trecho para la consolidación del sistema político armenio. El hecho más reciente y distintivo fue la segunda guerra del Nagorno Karabaj, un conflicto fronterizo que tuvo lugar a finales del 2020 entre Armenia y Azerbaiyán. Estos dos Estados han vivido en tensión, en concreto desde finales de los años 80 (4). Recientemente, se han conocido las condiciones según las cuales los pobladores de las zonas fronterizas disputadas viven cotidianamente (5): atrapados entre las posiciones armenias y azerbaiyanas, son puestos en peligro por aperturas de fuego de estos últimos sobre los primeros (6). Además, a mediados de agosto el presidente de Azerbaiyán Ilham Aliyev reconoció que Turquía habría tenido un papel crucial en el conflicto. Antes, dicha relación había sido negada sistemáticamente (7). Este dato es de especial importancia debido a que la República de Turquía también mantiene relaciones muy porosas con Armenia, teniendo como principal punto de conflicto el no reconocimiento del genocidio armenio como tal, ocurrido entre 1915 y 1923.

Así las cosas, nos encontramos ante un estado joven cuyas problemáticas principales aún atentan contra su estabilidad institucional y su desarrollo social y humano. Este hecho puede trasladarse sin problemas a muchas realidades en los países antes parte de la URSS.

Referencias


Ignacio Alfredo Grassia
Colaborador de la Red Federal de Historia de las Relaciones Internacionales (CoFEI)
Departamento de Historia
IRI – UNLP

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