El encuentro entre Biden – Xi: lo que la Cumbre nos dejó   

El encuentro entre Biden – Xi: lo que la Cumbre nos dejó   

El 15 de noviembre todas las miradas de la comunidad internacional estuvieron puestas en la Cumbre Virtual que mantuvieron Joe Biden y Xi Jinping, Presidentes de Estados Unidos y la República Popular China respectivamente. Si bien desde enero de 2021 los mandatarios habían mantenido dos contactos telefónicos (en febrero y septiembre) era la primera vez que tenían un “Cumbre Bilateral”. El denominado inward-looking del mandatario Chino (lleva más de 600 días sin viajes al exterior) imposibilitó que la misma se realizara en Roma (G-20) o en Glasgow (Cumbre Climática). La extendida diplomacia virtual en tiempos de pandemia permitió concretar el tan esperado encuentro.

El contacto presidencial evidencia, en primer lugar, que el diálogo entre las potencias nunca ha estado interrumpido completamente, más allá de la conflictividad que ha caracterizado la relación desde el 2017. Representantes del más alto nivel político de ambos países se reunieron en lo que va del año en Anchorage, Tianjin, Zurich y Roma. Por su parte, en los últimos meses, los representantes comerciales vienen renegociando el denominado “Acuerdo Fase 1” firmado bajo la administración Trump. Las dinámicas de cooperación y conflicto son constitutivas de las Relaciones Internacionales, y la relación bilateral entre Washington y Beijing no escapa a dicha máxima.

Ahora bien, para entender lo sucedido el 15 de noviembre, hay que remontarse al 10 y al 23 del respectivo mes. La primera fecha invoca la firma del U.S.-China Joint Glasgow Declaration on Enhancing Climate Action in the 2020s, compromiso bilateral de las dos superpotencias en materia climática, sin lugar a dudas de lo más sustancioso que dejó la COP-26. La segunda, el anuncio de Biden de que EEUU liberará 50 millones de barriles de petróleo de su reserva, buscando – en coordinación con otras naciones, China incluida – bajar el precio internacional del crudo y atacar el problema de oferta que experimenta el mercado energético global.

Como grafican estos dos episodios, para resolver los grandes problemas que aquejan a la estabilidad global ,el concurso activo de Washington y Beijing es indispensable. Cambio Climático, estabilidad financiera, crisis de oferta y el problema de la inflación son algunos ejemplos. Tanto la competencia como la interdependencia son rasgos centrales de la dinámica bilateral y global, de ahí la inédita complejidad del orden internacional actual. Como bien señaló Helen Toner de la Universidad de Georgetown, “es la primera vez que tenemos dos grandes poderes en una competencia estratégica bajo una condición de globalización. No hay nada escrito al respecto”.

Si a Biden y a Xi los acerca la interdependencia, también los une el espanto. La escalada retórica y política en torno a Taiwán puede generar que cualquier error de cálculo termine por desencadenar un conflicto ruinoso para el delicado equilibrio político/económico que transita el sistema internacional, aún en la crisis pandémica. En la Cumbre Virtual los líderes buscaron bajar las tensiones y evitar lo que Joseph Nye denominó el Sleepwalkin Syndrome, esto es, que las potencias caminen como “sonámbulos” a una conflagración, tal como sucedió con los grandes poderes en la antesala de la Primera Guerra Mundial. Las declaraciones de Mark Milley, Presidente del Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos, en relación al temor de las FFAA estadounidenses de que Trump tuviera intenciones de atacar a China antes de dejar la Casa Blanca evidencian con claridad que un conflicto bilateral no puede descartarse. Como escribimos con Nicolás Creus para Foreing Affairs Latinoamérica, lo bélico/militar es la dimensión latente de la competencia entre EEUU y China.

Como cierre, la Cumbre entre Biden y Xi Jinping evidencia con claridad que la dinámica bilateral discurre -por el momento- en una “rivalidad cooperativa” o en una “sociedad de rivales” la cual más allá de que no sea políticamente anhelada en ambos lados del Pacífico, en un contexto donde prima el sentimiento de rivalidad, es fáctica e ineludible.


Esteban Actis

Integrante
Departamento de América del Norte
IRI – UNLP

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