Sobre la visita de Bennett a Bahréin, la cooperación en seguridad y el enemigo iraní

Sobre la visita de Bennett a Bahréin, la cooperación en seguridad y el enemigo iraní

Hace apenas unos días atrás arribaba a Bahréin el primer ministro de Israel, Naftalí Bennett, en lo que significó una visita histórica por tratarse de la primera que cursaría un premier israelí al pequeño país del Golfo. Esta visita llega a casi un año y medio de la firma de los Acuerdos Abraham, que supuso la normalización y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre dos naciones del Golfo, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y Bahréin, y el Estado de Israel, en septiembre de 2020.

En torno al devenir de los vínculos político-diplomáticos entre los dos últimos, cabe mencionar que, en septiembre de 2021, el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Yair Lapid, se erigió como el primer ministro israelí en viajar al país desde la normalización de las relaciones. Una visita en la que se procedió a la inauguración de la Embajada israelí en Manama y que coincidió con la fecha del primer vuelo directo desde la capital del Golfo a Tel Aviv. En tanto, dos meses después, fue el turno del ministro de Relaciones Exteriores de Bahréin, Abdullatifbin Rashid Al-Zayani, quien visitó Jerusalén y se reunió con el presidente Reuven Rivlin y el primer ministro, Benjamin Netanyahu. Continuando con las visitas de alto nivel, en enero último, el ministro de Defensa del Estado de Israel, Benny Gantz, llegó a Bahréin para avanzar en la firma de un acuerdo de cooperación en materia de defensa.

Ahora bien, al buscar comprender el motivo por el cual Bahréin se convirtió en el cuarto país árabe en reconocer al Estado de Israel, claro está que ha primado el pragmatismo, y han imperado los intereses nacionales por sobre el compromiso con la causa palestina.

Sin ir más lejos, al estrechar sus lazos con Tel Aviv, Manama se plantea como objetivo efectuar negocios. Aún más, apunta a impulsar la colaboración bilateral en las más diversas áreas. No obstante, con el correr de los meses, parece aún más evidente que Bahréin prioriza apuntalar la cooperación en materia de seguridad y, en definitiva, obtener un reaseguro frente a Irán.

En este sentido, la firma de los Acuerdos Abraham se inscribe en el marco de los grandes lineamientos de política exterior de Manama. Por un lado, la amistad con Estados Unidos, país que, además de ser el promotor de estos acuerdos, posee bases militares y acuerdos de cooperación en materia de defensa firmados con el reino. Por otro lado, la alianza con Arabia Saudita, un actor que oficia de hermano mayor de Bahréin, brindándole apoyo económico, político y militar, a cambio del alineamiento de Manama con la política exterior saudí, y que, claramente, se presume que debe haber otorgado su visto bueno a la firma de los mismos. Por último, la enemistad con Irán, un país ubicado a corta distancia del reino, con amplias capacidades militares y que, en distintos momentos históricos, ha reclamado la totalidad del territorio de Bahréin.

En torno a este último punto, considerando que la República Islámica se erige como la principal amenaza a la seguridad del reino de Bahréin, pero también del Estado de Israel, en un escenario en el que continúan las negociaciones por el acuerdo nuclear y en el que también han de referirse los ataques sufridos por EAU, todo indica que los actores de referencia apuestan a intensificar la cooperación en materia de seguridad.

Dicho esto, pese a los esfuerzos que a través del tiempo los países miembros del Consejo de Cooperación del Golfo han efectuado en lo referente a la cooperación en materia seguridad, logrando, inclusive, avanzar en la conformación de una fuerza militar conjunta del bloque: el Península Shield Force. No obstante la referida amistad con los Estados Unidos, se insiste en que para entender el acercamiento de Bahréin con Israel resulta central atender a la búsqueda del primero de granjearse un nuevo socio frente a la amenaza iraní. Más aún, en los últimos años las monarquías del Golfo han tenido razones para preocuparse por el compromiso de los Estados Unidos con su seguridad. En este sentido, los gobiernos de Bahréin y EAU pueden asumir que el acercamiento a Israel no sólo les permitirá sumar un aliado con quien hacer causa común frente a la República Islámica, sino también fortalecer sus propios vínculos de seguridad con su aliado norteamericano.

Durante la visita de Bennett a Manama, entre los temas de agenda se enumerar el programa nuclear iraní, el apoyo de Teherán a grupos armados en Yemen, Siria, Irak, Gaza y Líbano, la protección de las rutas comerciales marítimas en la región y la cooperación en seguridad.

En esta misma dirección, Bennett se reunió con el comandante de la Quinta Flota, el almirante Brad Cooper, y destacó el rol de la Quinta Flota de Estados Unidos como un elemento importante para mantener la estabilidad frente a las amenazas latentes en la región. Es más, tras dicho encuentro se dio a conocer que Israel se convertirá en el país número veintinueve en enviar un agregado a la sede de Manama de la Quinta Flota, el cual tendría rango de capitán o de comandante de la marina.

Amén de lo expuesto, la voluntad de profundizar la cooperación en esta área se plasma en la participación de los dos países en el ejercicio naval IMX, liderado por Estados Unidos, y en el acuerdo firmado por el ministro de Defensa, Benny Gantz, y su homólogo bahreiní, Abdullah Bin Hassan Al Nuaimi, en el mes de enero. Se espera que este último ayude a impulsar la coordinación en materia de inteligencia, brindando un marco para los ejercicios militares y la cooperación entre las industrias de defensa de ambos países. Mas aún, se ha señalado que el mismo también apunta al aprovisionamiento de equipos y el entrenamiento militar. Sin ir más lejos, recientemente, Bahréin compró a Israel radares y sistemas anti-drones con vistas a alcanzar un sistema integrado de monitoreo costero.

Esfuerzos que parecen necesarios cuando se anuncian avances significativos en las negociaciones de un acuerdo nuclear que, una vez más, estos socios recientes no ven con buenos ojos. Ello en virtud de que ambos países entienden que el mismo lejos está de traer estabilidad a la región y solo servirá a los fines de retrasar temporalmente el enriquecimiento de uranio que la República Islámica ya lleva adelante, facilitando, asimismo, que los recursos a los cuales Teherán acceda, gracias al alivio de las sanciones,se utilicen para comprar armas y financiar a grupos terroristas.

Ornela Fabani
Secretaria
Departamento de Medio Oriente
IRI – UNLP

 

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