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El realismo superador: Teorías sobre seguridad y relaciones internacionales

El realismo superador: Teorías sobre seguridad y relaciones internacionales

Julio Lascano y Vedia[1]

 Analizado desde una mirada realista, la historia se ha debatido en la conceptualización unas veces objetivas y otras convenientes a estructuras y conceptos teóricos e ideológicos, para intentar definir verdades y objetivos sobre los caminos para la comprensión de la guerra y la paz, la anarquía y el poder. El siglo XX fué bastante exitoso en la atención a la búsqueda constructivista y voluntarista de paz y seguridad internacional, más allá que la humanidad continuó también en esos años apoyándose en el realismo clásico donde la seguridad, la búsqueda de poder y el interés nacional son el elemento que prevalece siempre. Este realismo que se ha balanceado entre teorías de paz y guerra entre teorías de anarquías y de puro poder; entre teorías constructivistas, neorrealistas, idealistas, liberales no pudieron impedir los conflictos, guerras, intolerancias desatados por la humanidad desde siglos. En el pasado siglo también ocurrió ello: debimos transcurrir dos guerras mundiales, genocidios, fascismo y comunismo, terrorismo extremo y fundamentalismos. cien años más en la frustrante búsqueda incesante de una paz y un esquema de seguridad internacional que pudiera consolidarse a través de la liga de naciones y las Naciones Unidas, junto con cuantiosos esquemas cooperativos y organismos que se crearon para consolidar los momentos y acuerdos de paz conseguidos. La realidad y la naturaleza del hombre no pueden superarse con teorías fictas o abstractas; y aún menos con ideologías.

En esta política internacional realista vivida y asumida, con inteligencia el hombre ha utilizado y utiliza la diplomacia, como la única construcción y herramienta que genera espacios de paz y acuerdos, soluciones transitorias y espaciadas para la convivencia en paz y seguridad internacional. Realista.

El pasado siglo mostró que el realismo clásico aún prevalece y por ello “la realidad existe independientemente de nuestra percepción, conciencia o ideas sobre ella; el mundo externo tiene existencia objetiva, aunque no se lo quiera aceptar”. La construcción apuntó finalmente hacia la construcción de la seguridad, la defensa y la defensa de intereses nacionales. A través de políticas superadoras, autónomas de los Estados y sus gobiernos, que por supervivencia buscaron superar las acciones e intentos institucionales de paz, corriendo a un costado la existencia misma de las Naciones Unidas, los organismos políticos y económicos internacional y cualquier estructura que pudiera distraer la primacía de la libertad para construir un mundo en base a la defensa de las identidades nacionales, las necesidades de defensa evaluadas por cada Estado, y los esquemas y alianzas de seguridad útiles para una nueva convivencia; no más basada en esquemas fictos e ineficientes de cooperación internacional. Una construcción que resulta apoyada en un realismo superador de las teorías de relaciones internacionales y de seguridad que no pudieron sostenerse en el pasado siglo, al ser confrontadas con una realidad y un orden mundial que está hablando por sí solo.

La decadencia del sistema multilateral significó para las mayorías de los Estados, y en particular para los nuevos hegemones presentes en la geopolítica mundial, la oportunidad de dejar de lado al derecho internacional como norma rígida para la acción de los Estados y la construcción de nuevos esquemas de convivencia mundial. Estados Unidos, la República Popular China y Rusia así parecen percibirlo. Entendemos que es en la Carta de San Francisco que se encuentran aún las mejores letras volcadas para que la humanidad encuentre el camino de paz y seguridad internacional.  Pero el espíritu amplio y universalista de la misma fué irrespetado apenas se inició la construcción de las Naciones Unidas, que no siguió tal camino universalista e igualitario, y trazó líneas ideológicas de importancia entre occidente y oriente, entre capitalismo y socialismo. También dentro de Naciones Unidas se generaron desigualdades al generar la mesa permanente de decisiones en los cinco países con veto del Consejo de Seguridad, lo que en definitiva en los momentos graves de la historia multilateral, conlleva a soluciones negociadas por afuera de la institucionalidad multilateral, y dió paso a la defensa de intereses nacional a través de instrumentos de defensa, de violencia y de intolerancia.

En la actualidad, mientras asistimos a la conformación del nuevo orden de mano de los estados hegemónicos y de los conglomerados económico financieros y tecnológicos, todos partes de la “mundialización de la economía” ocurrida en este siglo, el sistema multilateral se encuentra dañado. En paralelo los Estados y nuevos líderes permiten en el orden internacional el avance de un creciente espíritu de desconfianza, la falta de solidaridad, la desigualdad naturalizada, los extremismos individualistas y las fallas en el sistema de ayuda económico financiero mundial.

Esto no se inició en este siglo, para la década de los noventa cuando se instaló la imágen de la “globalización” eterna y progresiva -una burbuja sin asideros- las Naciones Unidas ingresaron rápidamente en descreimiento por las ineficiencias de la mentada globalización : El mundo entonces ingresó en la decadencia de su vivencia multilateral y los Estados se refugiaron en nuevos esquemas nacionalistas y tecnológicos, con la falta total de reglas en el comercio internacional, los avances tecnológicos privados concentrados  de los países hegemónicos, la concentración de riquezas en los países desarrollados, la transnacionalización financiera mundial y el crecimiento de las finanzas mundiales privadas y públicas cruzadas. El fracaso del sistema multilateral en ámbitos de importancia como la alimentación, la salud y la educación en el mundo , así como particularmente la rápida extinción del sistema de ayuda financiera internacional, abrió las ventanas necesarias para la instalación de un realismo puro que busca proteger intereses nacionales, defensa, seguridad y con ello, acciones ilegales de intervención de los Estados en asuntos ajenos, y la generación de “nuevas guerras” rápidas, logísticas, correctivas y preventivas. La guerra en el realismo aparece como una solución racional.

El realismo superador aparece en el nuevo ordenamiento y equilibrio mundial como la principal teoría establecida y fortalecida por mandato de los Estados hegemónicos y los Estados de mayor crecimiento económico, financiero y tecnológico. Con el objeto de reponer la defensa de la seguridad y defensa, y las nuevas negociaciones que deben afrontar los intereses nacionales.  Junto al realismo aparecen diversos teóricos neorrealistas e idealistas que buscan instalar sus cosmovisiones para aplicar en el funcionamiento de la política internacional sin reglas que se ha instalado en el siglo presente.  También hemos visto que junto a otras tantas teorías estructuralistas e idealistas, el neorrealismo profundiza el análisis del vínculo entre anarquía y conflicto armado.

A nuestro entender existe una posición superadora de realismo ofensivo que es sostenida con coherencia por John J. Mearsheimer, y que lleva esta lógica de búsqueda de soluciones superadoras, un paso más allá. Afirma que los Estados no solo buscan seguridad, sino buscan maximizar su poder relativo. Según Mearsheimer, “las grandes potencias están condenadas a competir entre sí por el poder” (Mearsheimer, 2014, p. 30). En este contexto, las reglas internacionales son vistas como instrumentos secundarios, útiles sólo en la medida en que no obstaculicen los objetivos estratégicos fundamentales. Es por ello que racionalizar la guerra parece ser la realidad que debe naturalizarse o aceptarse, más allá que constituya una realidad equívoca y contraria a la naturaleza que busca defender la vida y la dignidad humana desde tantas formas de pensamiento históricamente sanas defensoras de la paz, la vida y los derechos humanos.

Para encontrar un camino al orden basado en reglas, y poder enfrentar los aspectos pesimistas y belicosos del realismo ofensivo, en este actual siglo también se han vuelto a desarrollar teorías basadas en el llamado liberalismo institucional. En verdad constituyen una nueva vuelta del neorrealismo liberal, con algunas nuevas premisas de institucionalidad y códigos de garantía.   Estas teorías constituyen una visión ciertamente más optimista sobre la posibilidad de cooperación internacional. Muchos sostienen que nacen del pensamiento neorrealista de Robert Keohane quien sostiene que las instituciones internacionales pueden “reducir los costos de transacción, aumentar la transparencia y facilitar la cooperación incluso en un sistema anárquico” (Keohane, 1984, p. 85). Desde esta perspectiva, las reglas no eliminan la guerra, pero pueden limitar su frecuencia e intensidad.

Además, el orden internacional posterior a 1945 buscó durante la guerra fría con la contención propuesta por George Kennan, y la teoría de la interdependencia compleja de Robert Keohane y Joseph Nye, apoyarse en teorías institucionalistas y cooperativistas que menguaran los niveles de violencia expuestos juegos de las dos grandes guerras y la expansión del comunismo. Por ello ese mundo post guerra en parte ciertamente se apoyó en esta lógica.

En la búsqueda de un mundo con reglas basadas en el derecho internacional la carta de las Naciones Unidas estableció la prohibición del uso de la fuerza, salvo en casos de legítima defensa o autorización del Consejo de Seguridad. Sin embargo, la práctica internacional ha demostrado que estas normas son aplicadas de manera selectiva. Como señala Stephen Krasner, “la soberanía organizada es un conjunto de reglas que se violan rutinariamente” (Krasner, 1999, p. 24).

En tiempos de guerra, las limitaciones del liberalismo institucional se vuelven evidentes. Las instituciones carecen de mecanismos coercitivos efectivos frente a las grandes potencias, lo que refuerza la percepción de que el orden basado en reglas depende, en última instancia, del equilibrio de poder. Esta tensión entre normas e intereses constituye uno de los ejes centrales de la política internacional contemporánea.

En lo atinente al siglo XXII la política internacional sin reglas y el nuevo orden de seguridad internacional procurado por los países hegemónicos se nos presenta un interregno profundo, un período de transición donde aquel mundo de posguerra fría se desmorona y emergen los contornos de un nuevo equilibrio de poder apoyado en la diplomacia, un equilibrio aún borroso y fragmentado, y ciertamente dañado en el orden multilateral

La era de la hegemonía unipolar de Estados Unidos que marcó el pasado siglo, si bien mantiene un posicionamiento primario de norteamérica en el orden militar, estratégico y tecnológico, es una hegemonía que cede paso a una competencia entre grandes potencias donde la cooperación de terreno a la confrontación económica, las alianzas flexibles y la reafirmación de la soberanía. Ell Global Risks Report 2026 del World Economic Forum, el 68% de los expertos anticipa un orden “multipolar o fragmentado en los próximos diez años, donde potencias medias y grandes compiten por establecer normas regionales, mientras solo un 6% espera un renacimiento del orden liberal basado en reglas.

Ello significa una transformación estructural, y no solo un fenómeno cíclico.  Aquella globalización, que prometía interdependencia pacífica, derivó con infortunio en un campo de batalla económico. Las cadenas de suministro se reconfiguran según afinidades geopolíticas “friend-shoring”, los aranceles y sanciones actúan como armas de coerción, y la tecnología —desde la inteligencia artificial hasta los semiconductores— define nuevas líneas de frente. En este siglo la confrontación económica se ha constituido en el principal riesgo catalizador de crisis globales, superando incluso a los conflictos armados estatales y los eventos climáticos extremos. La central tensión económico comercial y financiera confronta a Estados Unidos y a China y abarca comercio, tecnología, Taiwán (los deseados “chips”) y la cuestión del indo-pacífico (Taiwán). La tercera pata de la hegemonía actual parece constituirla Rusia, que consolida su rol revisionista en Eurasia. Además, las potencias emergentes del “Global Majority” como la India, Brasil y Turquía reclaman mayor agencia, rechazando alineamientos binarios. El diagnóstico sobre Europa es público y desgarrados. La unión europea enfrenta dilemas existenciales: ineficiencia de la unión europea como comunidad integrada, desprestigio del funcionariado de la UE, nacionalismos exacerbados, dependencia energética residual, presión migratoria, envejecimiento demográfico y la necesidad de rearmarse ante la posible erosión de las garantías de los países hegemónicos

Bien señala John J. Mearsheimer en su obra seminal “The Tragedy of Great Power Politics”, el realismo ofensivo predice que las grandes potencias, en un sistema anárquico, buscarán maximizar su poder relativo, haciendo inevitable la tragedia del conflicto en tiempos de transición. Esta dinámica se ve agravada hoy por el declive relativo de instituciones multilaterales nacidas en Bretton Woods. Henry Kissinger, en World Order (Penguin Press, 2014), advertía que la construcción de un orden global requiere conciliar visiones civilizatorias distintas, como la westfaliana europea, la tributaria china, la ummah islámica y la del excepcionalismo estadounidense; en un mundo interconectado, pero culturalmente diverso. La dificultad para lograrlo explica gran parte del desorden actual.

 Principales cuestiones de seguridad internacional actuales,

Luego del análisis teorético relativo a las relaciones internacionales y la seguridad internacional, parece pertinente señalar cuáles estimamos son los principales desafíos de seguridad contemporáneos de carácter sistémico; a saber:

  1. a) La confrontación en el comercio, que incluye la batalla de aranceles elevados, sanciones, control de tecnologías críticas y realineamiento de inversiones; y enerva los nacionalismos en economía, b) Guerras y los riesgos nucleares: la guerra en Ucrania, tensiones por Taiwán, Oriente Medio y posibles escaladas involucrando a potencias nucleares. c) Las ciberamenazas y la IA: los ataques a infraestructuras críticas, desinformación masiva y el uso militar de la inteligencia artificial. Los avances en IA actúan como multiplicador tanto para atacantes como para defensores, pero con asimetrías preocupantes.d) Clima y eventos extremos: las sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad y migraciones forzadas. e) La cohesión social y la desinformación: son factores que debilitan la cohesión interna de las comunidades y la capacidad de respuesta colectiva a crisis globales. f) Las amenazas y sabotajes: Los ataques híbridos, físicos y digitales a redes energéticas, amenazas a cables submarinos y a sistemas de transporte. g) Las armas de destrucción masiva y riesgos globales, que incluyen nucleares, biotecnología, IA en decisiones militares, y la multiplicación de riesgos tecnológicos, y la competencia por minerales críticos.

Esta breve descripción de los temas que estimamos afectan al planeta actualmente y al orden y la seguridad internacional en general no es una invitación al fatalismo, sino a la reflexión y la debida prudencia estratégica. La historia muestra que los períodos de transición pueden generar tanto catástrofe como renovación, y los más importante a considerar en estas circunstancias es diplomacia creativa, el fortalecimiento de resiliencias nacionales y regionales, y la búsqueda de “islas de cooperación” en temas transnacionales como pueden ser cuestiones de clima, de salud global o la misma regulación de tecnologías disruptivas. Como humanos compartimos un solo planeta; la geopolítica, en última instancia, debe servir a la supervivencia y prosperidad colectiva, no solo a la primacía de unos pocos.

Creemos que el realismo puro, aún sin pulido ni prudencias que pudieran mejorar su fuerza teórica, nos ha develado que existían teorías demasiado abstractas y pocos constructivas, y nos ha permitido mirar con más objetividad la geopolítica mundial y la política internacional sin reglas. Y con ello procurar más la aplicación de la diplomacia y el profesionalismo en cuestiones internacionales y de seguridad que adquieren un rol central que no puede desperdiciarse. Para nuestro país, y los Estados que somos parte de América Latina, el mencionado panorama nos obliga a estudiar de manera muy seria y profesional las oportunidades de pertenecer a un continente de paz que sufre de inseguridades multidimensionales, pero que posee riquezas que en el presente y en el futuro que serán objeto de interés internacional tanto para el equilibrio como para el desarrollo mundial venidero. Por ello también el estudio de la política internacional y la seguridad en el mundo se nos hacen imprescindibles en este devenir diario.

Fuentes/referencias

Mearsheimer, John J. (2014) The Tragedy of Great Power Politics. W. W. Norton & Company, 2001 (ed. actualizada 2014).

Keohane, Robert (1984) After hegemony: cooperation and discord in the world political economy. Princeton University Press, Princeton, Estados Unidos

Kissinger, Henry. (2014) World Order. Penguin Press

Krasner SD (1999) Sovereignty: organized hypocrisy. Princeton University Press, Estados Unidos.

 World Economic Forum. (2026) The Global Risks Report 2026. Ginebra, 2026.

[1] Embajador retirado del Servicio Exterior de la Nación (ISEN). Doctor en Relaciones Internacionales (USAL). Profesor de grado y posgrado de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF).