* Migraciones masivas: ¿asunto de seguridad internacional o de defensa nacional?
Juan José Borrell[1]
En el último año y con mayor intensidad en meses recientes, una serie de hechos respecto a los movimientos migratorios internacionales, con escasa trascendencia en el plano nacional, configuran un significativo giro geopolítico. La tendencia observada es una reacción en sociedades democráticas del hemisferio norte contra los flujos masivos de personas procedentes de países menos desarrollados. En Europa donde la situación es crítica, propició el auge de partidos y grupos identitarios con una fuerte impronta anti-inmigratoria que buscan revertir el aperturismo de Bruselas, aunque el tema no ha sido abordado aún como prioritario en agendas estatales de seguridad. A la inversa, en los EE.UU., la actual gestión republicana impulsa una restrictiva política de controles fronterizos y de residencia, y a nivel hemisférico procura alineamientos acordes. Incluso en Japón, la nueva primera ministra Sanae Takaichi anunció el fin de la tolerancia a residentes extranjeros que violen las normas de convivencia.
El punto de inflexión en la cuestión lo marcó los EE.UU. luego del Foro Internacional de Examen de la Migración de las Naciones Unidas, que tuvo lugar a principios de mayo en la sede neoyorkina de la organización. El gobierno estadounidense –quien no participó del evento– declaró que no apoyaba la cumbre “globalista”, y además acusó oficialmente a la ONU de «promover y facilitar la inmigración de reemplazo en Estados Unidos y en todo Occidente» (DOS, 2026).
El fuerte comunicado del Departamento de Estado sostiene que la implementación del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular impulsado desde 2018 por la ONU ha representado un gasto enorme para los contribuyentes y sobre todo es una amenaza para la seguridad nacional: «para los ciudadanos de las naciones occidentales, la migración masiva nunca fue segura. Introdujo nuevas amenazas a la seguridad, impuso dificultades financieras y socavó la cohesión de nuestras sociedades» (DOS, 2026). La administración republicana con su política de restricción fronteriza además de rechazar la regularización de inmigrantes ilegales promueve la remigración y la sugiere al resto de Occidente.
El Secretario de Estado Marco Rubio, sintetizando con el ejemplo de EE.UU. una visión percibida sobre otros países occidentales, afirmó que «gran parte de esto fue impulsado por las agencias de la ONU y sus socios, que no solo facilitaron la invasión de nuestro país, sino que procedieron a redistribuir la riqueza y los recursos de nuestro propio pueblo a millones de extranjeros procedentes de los rincones más desfavorecidos del mundo» (DOS, 2026).
Si bien las migraciones son un fenómeno mundial, el caso paradigmático es el europeo. La regularización de millones de migrantes ilegales en la última década ha escalado a un ritmo vertiginoso, lo cual incrementó una percepción de rechazo al aperturismo. Un ejemplo es el controversial decreto reciente del gobierno español que otorga ciudadanía de un plumazo a más de medio millón de personas que no tienen origen peninsular (ver:https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/inclusion/paginas/2026/proceso-regularizacion-migratoria.aspx). Esto habilitaría un proceso posterior de reagrupación familiar: cada migrante regularizado podrá ingresar a España –ergo al espacio Schengen– esposa, hijos, parientes a cargo, etc., multiplicando el factor por cuatro ó cinco.
Otro elemento que en las últimas semanas salió a la luz y ha generado revuelo público fue descubrir el patrocinio subrepticio de gobiernos extranjeros –Arabia Saudita, Qatar y Turquía– para la edificación en suelo europeo de mezquitas e infraestructura de acogida para miles de migrantes musulmanes. Lo que es más, días atrás parlamentarios de Polonia, Eslovenia, Francia, Portugal e Italia denunciaron la financiación foránea de grupos fundamentalistas asociados al terrorismo islámico. Al respecto la eurodiputada belga Barbara Bonte desde sus redes hizo circular que «Los Hermanos Musulmanes se han infiltrado en escuelas, organizaciones sociales y entidades sin ánimo de lucro para imponer su voluntad a la sociedad. Existe un vínculo claro entre Qatar y los Hermanos Musulmanes. Debemos investigar el origen de todo ese dinero y detenerlo de inmediato.» Desde la vereda de enfrente, anuncios provocativos como los del Imán pakistaní Uthman Ibn Farooq parecen buscar incitar la violencia: «el futuro es nuestro. Cada pesadilla de una Europa musulmana se hará realidad. América será un país musulmán, Rusia será un país musulmán, el Islam entrará en cada casa». (ver:https://percepcions.cat/es/iman-de-san-diego-cada-pesadilla-de-una-europea-musulmana-se-hara-realidad/)
Aunque todo indica que el plan globalista multicultural de fronteras abiertas hace agua, la alta burocracia de la Unión Europea con el apoyo de algunos gobiernos se resiste a modificarlo. Recientes declaraciones de políticos progresistas, como Pedro Sánchez o la ya retirada Angela Merkel, arrojaron combustible al fuego al asumir la intencionalidad aperturista a la inmigración extracomunitaria masiva para contrarrestar en futuras elecciones votos opositores. No es casual que en la última Conferencia de la Seguridad en Múnich a principios de año, mientras el reporte oficial desestima con malabares estadísticos las migraciones masivas entre los temas prioritarios (Bunde y Eisentraut, 2026), el vicepresidente estadounidense JD Vance con una disruptiva alocución haya recriminado a los delegados europeos haber abierto las «compuertas a millones de migrantes no examinados», afectando en consecuencia la seguridad regional y de todo Occidente. El mismo presidente Trump en innumerables ocasiones refirió también que la “invasión” sufrida por Europa de no revertirse llevará a un “borrado civilizatorio”.
Como respuesta a la percepción del fenómeno migratorio, la actual gestión republicana securitizó el tema incluyéndolo en su doctrina de Seguridad Nacional. El reporte NSS de los EE.UU. publicado en septiembre de 2025 plantea que en las últimas décadas, en «países de todo el mundo, la migración masiva ha sobrecargado los recursos internos, incrementado la violencia y otros delitos, debilitado la cohesión social, distorsionado los mercados laborales y socavado la seguridad nacional.» De aquí que establece la seguridad fronteriza como el elemento primordial de la seguridad nacional: «La era de la migración masiva debe terminar. Debemos proteger a nuestro país de la invasión, no solo de la migración descontrolada.» (TWH, 2025:11).
Respecto a otros países también securitiza la cuestión migratoria. Por lo que, según el documento, relanzar la presencia militar en el hemisferio occidental contribuiría no sólo a neutralizar los carteles del narcotráfico y la trata de personas, sino que a frenar las «indeseadas migraciones desestabilizadoras». (TWH, 2025:13) En este sentido, reflota una noción de frontera geopolítica que va más allá del simple límite interestatal. En cuanto al Viejo Mundo, afirma que su declive económico eclipsa en realidad el real inconveniente de fondo: «Entre los problemas más importantes a los que se enfrenta Europa se incluyen las actividades de la Unión Europea y otros organismos transnacionales que socavan la libertad política y la soberanía, las políticas migratorias que están transformando el continente y generando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la represión de la oposición política, el desplome de las tasas de natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en uno mismo.» (TWH, 2025:25)
Previo a plasmarse en la nueva doctrina de seguridad nacional, la cuestión migratoria había sido abordada ya en tanto amenaza en circuitos de Defensa y el campo de los estudios estratégicos. El analista Colin S. Gray casi dos décadas atrás planteó que en una jerarquía de amenazas para el orden internacional estadosunidoscéntrico, luego de la competencia entre potencias regionales y la escasez de recursos naturales, seguía en tercer lugar el crecimiento de la población mundial y las migraciones masivas (Gray, 2009). En 2025 el influyente think-tank RAND, publicó una serie de estudios sobre la cuestión demográfica y las migraciones mundiales, donde señala que el flujo actual de más de 280 millones de migrantes por año duplica al de dos décadas atrás, y estima que a éste ritmo para el año 2050 podría alcanzar los 1.000 millones de personas: «Hoy en día hay más personas desplazadas por conflictos y convulsiones políticas que en cualquier otro momento desde la Segunda Guerra Mundial, y el sistema global para gestionar estos flujos migratorios está en crisis». (RAND, 2025:3)
Evitando caer en ideas catastrofistas de cuño neomalthusiano, por cierto reproducidas por el mainstream internacionalista de la angloesfera sobre el origen del conflicto en un ineluctable “estado de naturaleza” (de los migrantes), la explicación sobre incluir la cuestión en agendas de defensa nacional no es mecánica: es decir, no necesariamente ocurre que el crecimiento de la población mundial y la vulnerabilidad económica en países menos desarrollados, causa migraciones masivas hacia sociedades opulentas –sumado al hecho concreto que éstas sufren desde hace décadas una abrupta caída en la natalidad autóctona. Lo que señala el NSS 2025 es una intencionalidad política detrás del aperturismo. Así lo expresan los representantes del gobierno estadounidense, como también los líderes de partidos opositores europeos: el globalismo conlleva el caballo de Troya de las migraciones masivas.
En otras palabras, la reacción defensiva contra el fenómeno migratorio no responde ya a que los cruces fronterizos masivos, el tráfico humano, la escalada de la criminalidad y delitos contra personas, propiedad y bienes públicos en sociedades desarrolladas sean percibidos en tanto mero problema “policial”. El tipo de amenazas y actores señalados, implican –como lo expresan en inglés– una weaponization del fenómeno, es decir un uso de las migraciones masivas como arma para deliberadamente atacar y vulnerar el cuerpo social. El interrogante de fondo que esto plantea no es si por escalar la cuestión sobrevivirá a las periódicas rotaciones de gobierno, sino las implicancias del dilema de imponer una biopolítica sanitarista en sociedades autodenominadas “abiertas”. Quizás la seguridad “internacional” pueda ser ciertamente tal cuando las prioridades surjan de valorar cada defensa nacional.
Referencias bibliográficas
Bunde, Tobias y Eisentraut, Sophie (eds.) (2026). Munich Security Report 2026: Under Destruction. Munich: Munich Security Conference. Link: https://doi.org/10.47342/JWIE5806
DOS (2026). The United States rejects International Migration Review Forum. Deparment of State. 11 mayo. Link: https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/05/the-united-states-rejects-international-migration-review-forum/
Gray, Colin (2009). After Iraq: the search for a sus tainable national security strategy. Carlisle: Strategic Studies Institute – United States Army War College.
RAND (2025). Mass migration. How RAND is addressing one of the greatest challenges and opportunities of the century. Santa Mónica.
Link: https://www.rand.org/pubs/corporate_pubs/CPA715-1-v2.html
TWH (2025). National Security Strategy of the United States of America. The White House. Link: https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
[1] Profesor Titular de Geopolítica de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF).