Del pensamiento al banquillo: los riesgos de considerar la disidencia como terrorismo

Departamento de América del Norte

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Del pensamiento al banquillo: los riesgos de considerar la disidencia como terrorismo

Anabella Busso[1]

Durante su segundo mandato la política exterior de Donald Trump ha intensificado algunos temas de agenda existentes en su primera administración y, simultáneamente, ha incorporado nuevos que son explicados a través tanto de nuevos conceptos geopolíticos como del lugar que ocupa la “batalla cultural” en los asuntos domésticos e internacionales. Claramente la política arancelaria y migratoria son dos ejemplos de temas que adquirieron más intensidad, mayor perfil punitivo y que hoy se aplican a amigos y enemigos sin medir adecuadamente los costos y beneficios en el mediano y largo plazo. Hasta este momento imperan los criterios coyunturales y la idea de que Washington puede decidir lo que quiera y aplicar esas decisiones donde quiera y cuando quiera. Paralelamente, aparecen nuevos temas como la identificación de una “amenaza renovada”, que “ha permanecido como un punto ciego en el enfoque antiterrorista de la comunidad internacional” (Rubio, 2026): el “terrorismo de izquierda” o “terrorismo de extrema izquierda” al cual hay que combatir en nombre de la defensa de la civilización occidental.

El propósito de estas notas es plasmar una presentación breve de este último tema y listar sus puntos más controversiales. Estos se vinculan al tipo y cantidad de actividades que son englobadas en el concepto de terrorismo; la ambigüedad de la noción de terrorismo de extrema izquierda, sus contenidos ideológicos insertos en la batalla cultural y las menciones del mismo por parte del gobierno argentino.

El contexto

El 16 de junio de 2026 el Departamento de Estado organizó una reunión en Washington destinada a presentar esta problemática a la que tituló: “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”. Los principales oradores fueron el Secretario de Estado, Marco Rubio; el subdirector del gabinete de políticas de la Casa Blanca, Stephen Miller y el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, mientras que las presentaciones de los expositores recayeron en Christopher Landau, Subsecretario de Estado. De acuerdo a la información disponible asistieron representaciones de 65 países, muchas de ellas encarnadas en funcionarios de segunda o tercera jerarquía, aunque la Argentina estuvo representada por el Canciller Pablo Quirno, un funcionario de primera línea.

Desde su llaga a la Casa Blanca por segunda vez Trump viene expandiendo el concepto de terrorismo, de manera tal que organizaciones de distinto perfil así como crímenes de diferentes características quedan englobados en una misma tipología. En este marco, el mismo día de su asunción declaró a 8 grupos latinoamericanos como grupos terroristas (The White House, 2025). Esto incluyó a 6 cárteles mexicanos (El Cartel de Sinaloa, el Cartel Jalisco Nueva Generación -CJNG-, el Cartel del Golfo, el Cartel del Noroeste, los Carteles Unidos y la Nueva Familia Michoacana), el Tren de Aragua venezolano y la Mara Salvatrucha. Es relevante subrayar que para la legislación estadounidense la categoría de terrorismo habilita la posibilidad de acciones militares fuera de su territorio. Consecuentemente, dicha extraterritorialidad justificaría acciones para el combate contra la droga y el crimen transnacionalizado en el territorio de otros países lo que generó la reacción de México. Por otra parte, esta dinámica en algunas ocasiones conduce a errores notorios tal como ocurrió con la declaración del “Cartel de los Soles” como un grupo terrorista, calificación que tuvo que ser modificada por el Departamento de Justicia en tanto no era un cártel sino, en palabras del propio Departamento, un sistema de clientelismo y corrupción dentro de las altas esferas del poder en Venezuela.

En la lista de terrorismo internacional también participan otro tipo de grupos como los antifascistas y anarquistas que recurren a la violencia en distinto grado. Así, la red ANTIFA[2], centro de los ataques de Trump, fue declarada grupo terrorista. Además, en noviembre de 2025, “Estados Unidos designó a cuatro grupos europeos como organizaciones terroristas: la organización alemana Antifa Ost, la Federación Anarquista Informal/Frente Revolucionario Internacional (FAI/FRI) italiana, la Justicia Proletaria Armada griega y la Autodefensa de la Clase Revolucionaria griega.” (Van der Wolf, 2026).

Como puede observarse la lista es variopinta. A los efectos de sistematizar este escenario en mayo de 2026 la Casa Blanca publicó la nueva estrategia antiterrorista estadounidense, en la que se distinguen tres grandes grupos: los “narcoterroristas y pandillas transnacionales”, los “terroristas islamistas históricos” y los “extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas”. (The White House, 2026).

El discurso anti-terrorista de Rubio y la batalla cultural

La presentación de Rubio en la “Reunión Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político”, de la misma manera que lo hizo Stephen Miller, destacó que durante muchos años Estados Unidos y los países occidentales estuvieron concentrados en la lucha contra el terrorismo fundamentalista islámico, pero que este -aunque no puede ser desatendido- había sido derrotado[3]. Ahora se debía poner la mirada en el terrorismo de extrema izquierda, amenaza que no está siendo atendida en la magnitud que corresponde. En palabras del Secretario de Estado y también Consejero de Seguridad Nacional:

… durante demasiado tiempo, nuestra doctrina antiterrorista ha tenido un punto ciego: un punto ciego cuando se trata de la violencia extremista de la izquierda política. Incluso hoy, la mera idea de que el terrorismo de extrema izquierda pueda ser una amenaza seria se trata como un sueño febril de la derecha, o peor aún, como una peligrosa conspiración fascista. Es tratado así por muchos en la prensa, por muchos en el mundo académico y en nuestras universidades, y por muchas de nuestras instituciones tradicionales.[4] Sin dudas, verán este dogma resurgir en la cobertura de esta misma conferencia. A pesar de la clara e innegable realidad, a pesar de las cifras y estadísticas objetivas, a pesar de que hoy en esta sala hay representantes de todo el espectro político, escucharemos que este tipo de violencia y terror organizados serán desestimados. Se desestimarán como una ficción partidista. (Rubio, 2026)

En nuestros países surgió toda una industria en torno al estudio del extremismo. Contamos con centros de investigación, becas, revistas y consultorías, con el entendimiento tácito entre ellos de que sólo un tipo de violencia política era una amenaza real para el sistema. Una bomba colocada por un grupo neonazi era un acto nefasto y asesino. Lo es. Pero una bomba colocada por un revolucionario marxista… bueno, eso es simplemente un trágico exceso de idealismo. Quizá sus medios fueron inapropiados o excesivos, pero sus fines eran virtuosos y justos. Esa es la implicación de cómo lo interpretan. (Rubio, 2026).

Como se desprende del texto es notorio la centralidad otorgada al mundo de la información, el pensamiento y la academia como defensores y, en cierta medida, protectores de lo que denominan terrorismo de extrema izquierda. No deja de ser muy preocupante que un país que hizo de la libertad de expresión, garantizada por la primera enmienda de la Constitución[5], un componente central de su “excepcionalismo” hoy vea una amenaza en las diferentes líneas de pensamiento provenientes de la prensa, las universidades y las instituciones tradicionales.

Si bien, una mirada histórica a lo largo de los casi 250 años desde la redacción de la Constitución estadounidense y sus primeras 10 enmiendas -conocidas en conjunto como la «Carta de Derechos»- expone que el camino hacia su cumplimiento no fue lineal (basta recordar la etapa del macartismo), hoy las amenazas a la libertad de expresión han resurgido.

Esto se da en el marco de la batalla cultural en la que coinciden distintas corrientes que integran el movimiento Make America Grate Again (MAGA) como la Alt-Right, los sectores neoconservadores y también una parte de los empresarios tecno-utópicos que acompañan al gobierno de Trump.

Aunque estos sectores son diferentes entre sí, la idea que subyace al planteo es que la estructura de valores occidentales está siendo atacada como consecuencia de la herencia cultural marxista expresada en una agenda, nacional e internacional, progresista (denominada agenda woke). Desde esta perspectiva, la batalla cultural plantea la necesidad de crear una nueva hegemonía cultural que reemplace lo anterior. Es importante subrayar que, en este razonamiento, el espectro de enemigos va desde el liberalismo progresista, pasando por los movimientos nacional-populares, el socialismo hasta el comunismo.

Al decir de Schuette (August 25, 2026) partes de este planteo se vincula con un línea de pensamiento que denomina “civilizacionismo”. Las referencias a la civilización occidental atraviesan los documentos estratégicos y los discursos de figuras centrales de la administración. “La visión de Estados Unidos de la Nueva Derecha se traduce en una política exterior distintiva, orientada a fortalecer los fundamentos iliberales de la sociedad estadounidense y proteger su particular concepción del patrimonio civilizacional occidental.”[6] (Schuette, August 25, 2026). En coincidencia con esta mirada la lectura de los discursos de Rubio, Miller e, inclusive, el del Secretario del Tesoro, Scott Bessent enfatiza que los terroristas de izquierda son personas que odian a Occidente, que no creen en Dios, que envidian a las familias tradicionales y exitosas, entre otras características. Es, en última instancia, una lectura binaria del bien contra el mal, de malos contra los buenos. En palabras de Rubio:

[El terrorismo de izquierda] Es un resentimiento venenoso disfrazado de igualdad, justicia y liberación; una necesidad imperiosa de destruir lo que hombres superiores han construido, de arruinar lo bello y lo justo en nombre de personas llenas de fealdad que no tienen nada más que ofrecer al mundo. Mediante la violencia y el terror, buscan imponer su fealdad a todos nosotros. El viejo dogma estaba equivocado; nada de esto se basa en el idealismo. No es utópico. De hecho, es todo lo contrario. 

… El mundo que [el comunismo] imagina para todos nosotros es pequeño, plano, gris, desprovisto de toda excepción, desprovisto de todo lo bueno y noble del alma humana. El mundo que imagina es un mundo sin valentía, un mundo sin creatividad ni ambición, un mundo sin héroes ni gloria ni grandes causas por las que luchar, un mundo sin milagros, sin mitos, sin hombres que se eleven por encima de los demás para hacer cosas increíbles y extraordinarias. Y el mundo que imagina el comunismo es un mundo sin Dios. 

Para estos artífices de la violencia revolucionaria, el logro más grandioso de nuestra civilización es una humillación insoportable, un recordatorio de lo que no pueden hacer ni de lo que no pueden ser. Por eso, optan por destruir. Atacan oleoductos, ferrocarriles, redes eléctricas y laboratorios: los símbolos físicos del poder, la invención y el éxito. Esta es la naturaleza del terrorismo al que nos enfrentamos hoy. Desprecian a Occidente porque Occidente es grande. (Rubio, 2026). 

Esta descripción conduce a la identificación, y quizás a la creación, de una nueva amenaza política/ideológica/civilizacional, bastante discutible, sobre la que hay que luchar interna e internacionalmente, mientras que otras formas de violencia no son tenidas en cuenta.

Además, la exaltación por parte de Rubio de contenidos con fuertes posturas antimarxistas y contrarias a la izquierda en general, habilita la posibilidad de que la persecución se extienda a los opositores políticos y no sólo a los grupos de acción directa. De hecho, funcionarios del gobierno de Trump se han referido muchas veces al propio Partido Demócrata (insospechado de marxismo) como una “organización extremista”. (Open Democracy/ El Centro de Estudios Legales y Sociales -CELS-, 17 de julio de 2026).

Los ejemplos utilizados en las declaraciones oficiales reafirman una interpretación selectiva sobre los grupos violentos. Al leer los discursos de los funcionarios y sus referencias empíricas se mencionan como actos de terrorismo de izquierda las manifestaciones posteriores al asesinato de George Floyd en Minneapolis al ser arrestado por la policía el 25 de mayo de 2020. También se subrayan las manifestaciones contra ICE (Immigration and Customs Enforcement, o Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) cuyo accionar es muy debatido por los organismos de Derechos Humanos.

Sin embargo, no se recurre a ejemplos de casos de terrorismos de derecha en ese país a pesar que “los atentados terroristas de extrema derecha en Estados Unidos han ido en aumento desde mediados de la década de 2000, pero en los últimos seis años se ha registrado el mayor incremento hasta la fecha. Entre 2005 y 2007 solo se produjeron siete atentados terroristas de extrema derecha, mientras que entre 2017 y 2019 la cifra ascendió a 27, y aumentó a 40 entre 2020 y 2022.” (ADL, 15/11/2023). Tampoco se menciona los actos violentos de los seguidores del Trump en 6 de enero de 2021 donde, además de un intento de Golpe de Estado, se atacó y dañó el edificio del Congreso de la Nación, 4 personas murieron, 14 policías debieron ser internados y más de 140 fueron agredidos. Además, entre los atacantes aproximadamente 1000 personas fueron juzgadas y encarceladas, pero luego resultaron indultadas por el presidente Trump al iniciar su segundo mandato. En ese caso valdría la misma pregunta que se hace el secretario de Estado en una dirección ideológica opuesta: ¿los actos de violencia cometidos por los extremistas de derecha no son castigados porque se consideran simplemente un trágico exceso de idealismo en defensa de la civilización occidental? o quizá ¿porque sus medios fueron inapropiados o excesivos, pero sus fines eran virtuosos y justos en tanto defendían a Occidente?.

El terrorismo de izquierda en Latinoamérica

América Latina y el Caribe han sido identificados en distintos documentos de la administración Trump como una geografía afectada por “narcoterroristas y pandillas transnacionales”. Esta categoría, reforzada en la nueva estrategia antiterrorista estadounidense de 2026, también fue la justificación para los bombardeos de lanchas, supuestamente cargadas de drogas, en el Mar del Caribe y en el Pacífico. Además, la creación del “Escudo de las Américas”[7] tiene como objetivo central la lucha contra el narcoterrorismo y el crimen transnacionalizado. Estas políticas, así como otras acciones coercitivas de Washington en las dimensiones política y económica son funcionales al planteo del Corolario Trump a la Doctrina Monroe, explicitado en la Estrategia de Seguridad Nacional presentada en noviembre de 2025. En este marco, la idea de consolidar el poder estadounidense sobre las Américas en su conjunto (el Hemisferio Occidental en la jerga del Departamento de Estado) buscando crear una zona de influencia rígida que expulse a China y fortalezca la posibilidad de superar la crisis relativa de hegemonía estadounidense es el leitmotiv de la administración Trump.

En este contexto, la posibilidad de que prevalezcan gobiernos de extrema derecha en la región cuyas políticas exteriores se caractericen por el alineamiento acrítico y la adhesión a la batalla cultural se convierte en un tema central. Por ello la nueva modalidad de “terrorismo de extrema izquierda” es presentada como una amenaza que también afecta a Latinoamérica y que sus gobiernos, para enfrentarla exitosamente, deben luchar contra los sectores que representen desafíos a la primacía de la visión ideológica que guía la batalla cultural. Para ello es necesario identificar a esos actores como comunistas, socialistas o populistas violentos que son capaces de encarnar actividades terroristas.

Esa parece ser la intención del Secretario Rubio cuando recurre a distintos ejemplos en su discurso. Así, la mención de los casos históricos de terrorismo político de extrema izquierda en nuestra región se concentran en el pasado virulento de los años setenta. Son mencionados Tupamaros, Montoneros, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), las Fuerzas Armadas Revolucionarios de Colombia (FARCS), Sendero Luminoso, entre otros.

La asimilación de estos casos de la década de los setenta con la conceptualización, la existencia y la expansión del terrorismo de izquierda en la actualidad no refleja la realidad en tanto gran parte de estos grupos no están activos, sin embargo posibilita el resurgimiento de hipótesis de conflicto internas donde quienes piensan distinto o adhieren a pensamientos de izquierda pueden ser identificados como terroristas. En una etapa de disputas ideológicas y búsqueda de una nueva hegemonía cultural, de sociedades polarizadas y de primacía de gobiernos enmarcados en las derechas extremas que entienden al opositor político como un enemigo, el crecimiento de las hipótesis de conflicto domésticas y el incremento del autoritarismo están a la vuelta de la esquina.

Dicho de otra manera, el nuevo terrorismo de izquierda es un concepto abstracto, los ejemplos son dispersos, pero los casos elegidos para el continente, en especial América del Sur, son de los setenta e intentan revivir una época de violencia. Su traslado al presente y el intento de equiparar la amenaza de aquellos años con acontecimientos como las manifestaciones en contra de políticas gubernamentales instalan la duda legítima de que Washington y sus aliados están buscando una amenaza destinada a limitar derechos políticos.

Breve referencia al caso argentino

El presidente Javier Milei rápidamente adhirió a la idea de terrorismo de izquierda y la vinculó con el mundo de la academia. Durante una entrevista en el programa La Cornisa en el canal La Nación+ sostuvo

“No hay que ser ingenuos. La gente tiene que estar al tanto de que la estrategia de Gramsci de tomar la educación, de tomar los medios de comunicación, de tomar la cultura y el Estado, pasó a una etapa 2.0. Se le meten como estudiantes, se le meten como profesores, se le meten como investigadores. Eso lo hizo Cristina Kirchner. Abrió esta puerta. Entonces tenés terroristas disfrazados de estudiantes, de periodistas, de profesores, de investigadores”. (Tiempo Argentino, 3 de agosto de 2026).

Esta declaración enfrentó numerosas críticas por diversos motivos. Uno de ellos fue la continuidad de una actitud contraria a las universidades públicas y los organismos de ciencia y técnicas a los que acusa de contradecirlo en la batalla cultural porque enarbolan temas de la agenda woke. De esta manera asocia las diferencias en el campo de las ideas y los saberes con posturas terroristas al describir a los integrantes de la comunidad académica como terroristas disfrazados. A esto se suma una creciente envestida contra el periodismo lo que afecta seriamente la libertad de prensa y la libertad de expresión.

También entrelazó estas afirmaciones con expresiones en contra de la inmigración y los valores occidentales, asociando ideas gramscianas con extranjeros. Afirmó: “Cuando usted incorpora nuevas personas a su sociedad. Si estos nuevos no adhieren a su cultura, usted no está teniendo inmigración sino invasión… después los nacionalizan, votan y rompen culturalmente. Por eso dije que Occidente está en peligro en 2024”. (Tiempo Argentino, 3 de agosto de 2026).

Además, la investigadora y docente Sol Prieto recordó que no es la primera vez que se habla de Gramsci en el sentido en el que lo hizo Milei. Una frase semejante fue pronunciada por Jorge Rafael Videla. En este marco, es importante subrayar que en diciembre de 2010, ante Tribunal Oral Federal N 1 de Córdoba Videla declaró: “Los enemigos de ayer están en el poder y desde él intentan establecer un régimen marxista, a la manera de Gramsci, que puede estar satisfecho de sus alumnos. La Constitución Nacional guarda luto por la República desaparecida». (Tiempo Argentino, 3 de agosto de 2026).

Por otra parte, diversos sectores señalaron que este tipo de retórica criminaliza la protesta social y el pensamiento crítico, y también los compararon con argumentos de la última dictadura militar. (Open Democracy / Centro de Estudios Legales y Sociales, 17 de julio de 2026).

Este recorrido escueto muestra cómo los conceptos utilizados por los funcionarios estadounidenses para anunciar la amenaza del terrorismo de izquierda son parte estructurante de las declaraciones de Milei: la amenaza a Occidente; la batalla cultural; el rechazo a la disidencia, entre otros.

A manera de cierre, y en referencia a lo que puede conllevar a futuro la exaltación del terrorismo de izquierda como la nueva gran amenaza, valen las preguntas que manifestó Oscar Laborde, director del Instituto de Estudios de América Latina, en la red social X: “Entre la pérdida de confianza y una economía que no despega, Milei redobla las amenazas contra docentes, sindicalistas, estudiantes y periodistas. Ahora, cualquiera puede ser señalado como “terrorista”, perseguido o encarcelado. ¿Y qué piensa hacer con esos supuestos “terroristas”? ¿Apresar docentes? ¿Perseguir estudiantes? ¿Silenciar periodistas? Frenemos esta locura antes de que nos empuje hacia una época oscura que la Argentina ya vivió y recuerda con dolor.” (Laborde, 2 de agosto de 2026).

Bibliografía

ADL (Liga Antidifamación). (15/11/2023). Terrorismo de extrema derecha en Estados Unidos. https://www.adl.org/resources/report/right-wing-extremist-terrorism-united-states

Laborde, O. @oscarlaborde. (2026, 2 de agosto). Ahora, cualquiera puede ser señalado como “terrorista”, perseguido o encarcelado. ¿Y qué piensa hacer con esos supuestos “terroristas”? ¿Apresar docentes? ¿Perseguir estudiantes? ¿Silenciar periodistas?. X. https://x.com/oscarlaborde/status/2084092424192721128

Open Democracy / Centro de Estudios Legales y Sociales (17 de julio de 2026). EEUU propone una cruzada de persecución política a escala global. https://www.opendemocracy.net/es/eeuu-propone-una-cruzada-de-persecucion-politica-a-escala-global/

Rubio, Marco. (2026). El secretario de Estado Marco Rubio con el secretario del Tesoro Scott Bessent, el subsecretario de gabinete de la Casa Blanca y asesor de Seguridad Nacional Stephen Miller, y el subsecretario de Estado Christopher Landau en la apertura del Ministerial sobre el resurgimiento del terrorismo político. US Departmente of State. https://www.state.gov/releases/office-of-the-spokesperson/2026/07/remarks-at-the-opening-of-the-ministerial-on-the-resurgence-of-political-terrorism/

Schuette, Leonard A. (August 25, 2026). The New Right’s Grand Strategy After Trump. Foreign Affairs.

The White House (2026). United States Counterterrorism Strategy. https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2026/05/2026-USCT-Strategy-1.pdf?ref=opendemocracy.net

The White House (January 20, 2025). Designating Cartels And Other Organizations As Foreign Terrorist Organizations And Specially Designated Global Terrorists. Presidential Actions. Executive Orders. https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/2025/01/designating-cartels-and-other-organizations-as-foreign-terrorist-organizations-and-specially-designated-global-terrorists/

Tiempo Argentino. (3 de agosto de 2026). Con una frase similar a la de Videla, Milei dijo que hay “estudiantes y profesores disfrazados de terroristas. https://www.tiempoar.com.ar/ta_article/videla-milei-estudiante-terrorista/ Van der Wolf, Marthe. (16 de junio de 2026). Estados Unidos organiza una reunión mundial sobre el «terrorismo de extrema izquierda»: quiénes asistirán y por qué es importante. Aljazeera. https://www.aljazeera.com/news/2026/7/16/us-hosts-global-meet-on-far-left-terror-whos-attending-why-it-matters


[1] Coordinadora del Departamento de América del Norte (IRI-UNLP). Directora del Centro de Estudios en Política y Economía Internacional (CIPEI) y Coordinadora del Grupo de Estudio sobre Política Internacional de América del Norte (GEPIAN) en la facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la UNR. Profesora Titular en la misma institución e Investigadora Independiente del CONICET.

[2]ANTIFA (abreviatura de antifascista) es un movimiento político descentralizado de izquierda y de carácter antifascista. Su estructura es descentralizada en tanto está compuesto por grupos autónomos e individuos sin una estructura jerárquica central. Su objetivo principal es oponerse al fascismo, al racismo y a la extrema derecha. Sus acciones son de distinto tipo. En líneas generales realizan protestas pacíficas tales como marchas, reparto de folletos, campañas comunitarias y ayuda mutua. En otras ocasiones pasan a acciones más directas como la organización de contramanifestaciones y el boicot para evitar actos de grupos supremacistas blancos o neonazis. Finalmente, algunos sectores minoritarios recurren a la confrontación física o a daños materiales. Si bien estas últimas acciones son debatibles la administración Trump considera a todo el movimiento ANTIFA como un grupo terrorista nacional y transnacional.

[3] En su discurso afirma: “… destruimos el califato del ISIS; matamos a al-Baghdadi, y a al-Zawahiri, y a Bin Laden. Y construimos sistemas de inteligencia y de aplicación de la ley capaces de anticipar y detener ataques antes incluso de que el público se entere de ellos. Cada país representado hoy ha interrumpido en algún momento una amenaza terrorista que emana de esta fuente.” (Rubio, 2026).

[4] El destacado de la frase es nuestro.

[5] La enmienda garantiza que en el territorio nacional se proteja la libertad de expresión y de prensa, la libertad de convicción religiosa, la de asociarse pacíficamente y la de manifestarse ante el gobierno cuando existan inconformidades.

[6] Según Schuette, (August 25, 2026) para los pensadores de la Nueva Derecha, Occidente se define por un territorio geográfico específico, un origen común y el cristianismo. No incluye consideraciones sobre la democracia constitucional, la libertad y la igualdad.

[7] Estados Unidos, Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay y Trinidad y Tobago.