A 70 años del triunfo de la revolución maoísta y proclamación de la República Popular China

A 70 años del triunfo de la revolución maoísta y proclamación de la República Popular China

1 de Octubre de 1949. A 70 años del triunfo de la revolución maoísta y proclamación de la República Popular China

Luego de la primera guerra mundial, con la firma del tratado de Versalles, las potencias vencedoras de la Gran Guerra cedieron al gobierno nipón privilegios económicos sobre Shandong  y Manchuria. Las concesiones a Japón, desataron protestas en toda China, dando nacimiento al movimiento 4 de mayo.  La corpulencia de dicho movimiento se debía a la imperiosa necesidad de terminar con la asolación del país y poder hacer de China un país más moderno que pudiera defenderse del imperialismo occidental. En este contexto, integrantes del movimiento, se sintieron identificados con las ideas marxistas y fundaron el partido comunista chino.

El movimiento comunista se enmarcó dentro de lo que se conoce como una ideología de acción, que consistió en la creación de centros de estudios, desarrollo de una intensa propaganda, y acercamiento a las clases bajas.

Mao Zeodong fue al comienzo, uno de sus varios líderes. Pero con el tiempo, empezó a destacarse del resto y se percató de que solo el campesinado podía llevar a cabo la revolución.

Según las ideas marxistas- leninistas, la fuerza motriz de la revolución era la clase obrera. Sin embargo, para Mao, esta teoría no podía aplicarse en ese momento a China que no tenía una población significativa de obreros. Lo que China poseía era una gran masa de campesinos descontentos que podrían respaldar sus ideas y su liderazgo. A partir de estas conclusiones, Mao concibió la estrategia de la línea de masas: los dirigentes políticos debían ser conscientes de las realidades locales, las que entonces serian recogidas por el propio partido y transferidas al resto de la masa china.

Cuando era joven, Mao había escrito que, para que llegara el cambio, China debía ser destruida y reformada: una idea que terminaría enfrentándolo con el gobierno de Sun Yat Sen. No obstante, en una primera etapa, estas fricciones ideológicas entre ambos bandos fueron relegadas a segundo término, pues lo fundamental era extinguir el poder de los señores de la guerra y expulsar el imperialismo. Este acuerdo entre el Kuomitang y el PCCh, los beneficiaba a ambos, dado que Tsun Yan Sen estaba enfrentándose al ocaso de su propio gobierno y Mao obtenía más tiempo para ensanchar las bases de su poder.

La desarticulación de los poderes locales en China se llevó a cabo con la cooperación de la Unión Soviética, que vio en esa circunstancia la oportunidad perfecta para exportar la revolución bolchevique al país.

En 1925, falleció Sun Yat Sen y en su lugar asumió el poder Chian Kai Chek, quien comenzó a perseguir a los miembros del partido comunista provocando la huida desde el sureste hasta el noreste. Este suceso – conocido como – la “larga marcha”, fue un proyecto de Mao que, con sus seguidores, recorrió 9.600 kilómetros. Un esfuerzo qiue, por supuesto, diezmó considerablemente sus filas: de los 85.000 hombres que habían partido, solo llegaron 8.000 a Yanan.

La finalidad de este proyecto era establecer una base territorial alejada del poder central, y el objetivo se cumplió. Desde allí, Mao encabezó la guerra de guerrillas a fin de minar las fuerzas de sus enemigos.

Hacia el año 1932, se articuló en China el Segundo Frente Unido en respuesta a la invasión japonesa a la península de Manchuria donde los japoneses establecieron un enclave político: el imperio de Manchukuo. En realidad, la invasión japonesa fue funcional a los intereses de Mao pues propicio el sentimiento nacionalista y movilizó a las aldeas. En efecto, mediante la aplicación de la guerra de guerrillas, el segundo frente unido colaboró en la derrota de Japón, que abandonó China cuando se rindió a las Fuerzas Aliadas en 1945.

Una vez desaparecido el enemigo externo, este Segundo Frente Unido se desarticuló, provocando el estallido de la guerra civil entre los nacionalistas – apoyado por Estados Unidos – y los comunistas apoyados por parte de la URSS.

La guerra duro 3 años y nada hacía presagiar que esta vez la victoria le correspondería  los comunistas: las fuerzas nacionalistas doblaban en número a las del partido comunista, contaban con el equipamiento y logística de Estados Unidos, controlaban las grandes ciudades y la mayor parte del territorio del país. Sin embargo, como solía decir Mao: “Las armas son un factor importante en la guerra, pero no el decisivo. El factor decisivo es el hombre, y no las cosas. Determinan la correlación de fuerzas no sólo el poderío militar y económico, sino también los recursos humanos y la moral. El poderío militar y económico es manejado por el hombre.”

Mao y sus hombres avanzaban confiscando tierras para redistribuirlas e implementaron un programa de reformas y desarrollo agropecuario que dio buenos resultados. El ejército popular tomo Shanghái, Cantón, Kaifeng, Tianjin y Pekín, obligando al Kuomintang a  retroceder desplazando la capital de Nankín a Wuhan.

A partir de la aplicación de la guerra de guerrillas, la desmoralización de las tropas aumentaba el número de desertores del bando nacionalista que, en muchos casos, se pasaban al comunista. Así, finalmente, los comunistas ganaron la guerra y Chian Kai Chek huyó a la isla de Taiwán, donde creó un nuevo gobierno: La República Nacionalista China, una república que se proclamó libre de la China continental.

María Emilia Hassan
Colaboradora de la Red Federal de Historia de las Relaciones Internacionales

Departamento de Historia 
IRI – UNLP

 

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