A 30 años de la caída del muro de Berlín

A 30 años de la caída del muro de Berlín

Pocos hechos en la historia reciente han sido tan simbólicos como la caída del muro de Berlín. Durante 28 años, 45 kilómetros de hormigón armado con una altitud de 3,5 metros dividieron a la capital alemana en dos, y otros 115 rodearon al sector occidental. Todo cambiaría a partir de la noche del 9 de noviembre de 1989, cuando GunterSchabowski, portavoz del gobierno de la República Democrática de Alemania (RDA), comunicó que se había decidido autorizar la libre salida de los ciudadanos del país “de inmediato y sin demora”. En cuestión de horas, miles de manifestantes se congregaron a lo largo del muro y fueron testigos del desmantelamiento de los puestos de control fronterizos.

¿Cómo se llegó a esa situación tan emblemática que derivó en la reunificación alemana? Antes que nada, resulta necesario remontarse a agosto de 1961, mes en el que las autoridades de la RDA decidieron construir las primeras barreras en medio de la denominada “segunda crisis de Berlín”. Para ese entonces, la ciudad ya llevaba 16 años dividida – sin fronteras físicas – entre los occidentales y los comunistas pro soviéticos. No obstante, en aquel año se erigió el muro con los objetivos de detener la migración de los berlineses orientales hacia la República Federal Alemana (RFA) y deaislar a esa población de las “tentaciones” capitalistas. Durante sus casi tres décadas de existencia, aquellos bloques de cemento coronados con alambres de púas fueron testigos de la muerte de más de 680 personas que murieron en su afán de cruzarlos.

Los vientos políticos cambiarían a partir de 1985 con la llega del poder de Mijaíl Gorbachov en la Unión Soviética (URSS). Sus reformas de Glasnoty Perestroika (que se tradujeron en una apertura y cierta democratización, tanto política como económica) generaron una gran expectativa entre las repúblicas que conformaban la URSS y el bloque oriental. Poco a poco, aquella “cortina de hierro” enunciada tempranamente en 1946 por el entonces primer ministro británicoWinston Churchillse empezaba a desmoronar. Y, junto con ella, la Guerra Fría veía su fin cada vez más cerca. Así, cuando en agosto de 1989 Hungría eliminó sus restricciones fronterizas con Austria, más de 13.000 alemanes del Este cruzaron esa nueva “puerta abierta” hacia occidente.

A partir de entonces, las movilizaciones civiles en contra del régimen comunista se hicieron cada vez más frecuentes. Las llamadas “manifestaciones de los lunes” bajo la consigna«wirsind das Volk!»(«¡somos el pueblo!») ejercieron tal presión sobre el presidente Erich Honeckerque forzaron su renuncia el 18 de octubre. Sólo unas semanas después, las exigencias por una mayor libertad de circulación lograrían su objetivo con el desmantelamiento total del muro.

Lo curioso de la historia es que, en realidad, el anuncio de Schabowskila noche del 9 de noviembre de 1989 no tuvo las intenciones de provocar la caída las barreras. Lo cierto es que se había anunciado una liberalización de los trámites de viajes sin justificaciones a través de los puestos fronterizos de la RDA. Como el portavoz comunicó que la medida surtiría efectos “de inmediato”, miles de ciudadanos fueron en el momento al muro con la convicción de que todas las restricciones habían sido retiradas. Los guardias fronterizosno pudieron contener la situación y se negaron a disparar, por lo que, finalmente, abrieron los puntos de acceso.

El entusiasmo fue el protagonista de aquella noche icónica. Tras décadas, centenares de familias y de amistades divididas por el símbolo de la Guerra Fría pudieron reencontrarse. De hecho, este punto de inflexión en la historia contemporánea dio origen al ciclo de las revoluciones de la Europa del Este y a la definitiva reunificación de Alemania. La convicción generalizada era la de que un nuevo capítulo de la historia había comenzado: un capítulo que estaría marcado por el triunfo de la democracia liberal y de la economía de mercado. El colapso definitivo de la URSS, tan sólo dos años después, alimentaría aún más las esperanzas por un futuro promisorio que, al parecer, quedaría bajo la hegemonía de Estados Unidos. Treinta años más tarde, aquellos anhelos permanecen una vez más en jaque por el devenir de la historia y de las relaciones internacionales en una Europa  –y un mundo–  cada vez más nacionalistas.

 

Juan Martín de Chazal
Colaborador de la Red Historia de las Relaciones Internacionales
Departamento de Historia
IRI – UNLP

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