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África y el Coronavirus

Estrategias, Actores e Infraestructuras

Africa se ve envuelta hoy en un nuevo desafío a partir de la llegada del coronavirus al continente. ¿Cómo afectará esta pandemia mundial al continente?. ¿Cuáles son su condiciones sanitarias, la disponibilidad de trabajadores de la salud capacitados, la infraestructura hospitalaria disponible, recursos presupuestarios asignados a la sanidad, etc.?. ¿Qué actores deberán hacer frente a esta pandemia garantizando la salud de la población a lo largo y a lo ancho del continente?.

El escenario africano, como muchas veces hemos planteado, está compuesto por una heterogeneidad manifiesta en las especificidades de sus regiones, naciones, culturas, etc. Pese a ello, podemos identificar algunos indicadores macro que nos permiten hacer una primera aproximación a nivel continental. A diferencia de otros escenarios, un factor que podría mitigar las muertes producto de la irrupción de esta pandemia en África, podría ser el demográfico. Sabemos que más del 50 % de su población tiene menos de 20 años. Este grupo etario, de acuerdo a la experiencia asiática y europea, ha sido el que ha contado con menos cantidad de muertos. Por otra parte, si bien en África del norte la población rural es de alrededor del 35%, éste número aumenta a valores de aproximadamente un 60% en África al sur del Sahara, lo cual potencia las posibilidades de aislamiento social y la consecuente no proliferación del virus. Estas ventajas, son inversamente proporcionales si nos concentramos en la población que tiene acceso al agua limpia, elemento clave para combatir la pandemia. Mientras que en el África del Norte, el 90 % de la población dispone de este elemento central, en el África al sur del Sahara solo el 60%. Es decir, que cerca de 300 millones de subsaharianos queda al margue de una profilaxis básica para hacer frente al contagio del virus.

Si nos enfocamos en la infraestructura sanitaria de la que dispone el continente en estos momentos, los números son bastante desalentadores. De acuerdo con la Comisión Económica para África de Naciones Unidas, estamos en presencia de importantes debilidades del sistema hospitalario, donde hay un promedio de 1.8 camas por mil personas (lo recomendable para afrontar una crisis sanitaria de esta índole seria entre 8 y 10 camas cada mil personas). Asimismo, de acuerdo a especialistas en el campo de la sanidad, África cuenta tan solo con el 3 % de los trabajadores en el área de la salud. En cuanto a inversiones tangibles, la mayor parte del presupuesto de salud en los países africanos está destinado a productos médicos; el gasto en personal es del 14 %; y en infraestructura, solo del  7 %. Estas cifras están lejos de las de regiones con sistemas de salud con óptimo desempeño, donde la inversión es mayor tanto en la fuerza laboral (40 %) como en infraestructura (33 %). Paralelamente, el escenario africano, al inicio de esta pandemia mundial, se encuentra conviviendo con tres grandes endemias, como son la Malaria, la Tuberculosis y el Sida. Precisamente en este último caso, el continente africano es la región del mundo con mayor carga viral de Sida y con casi las dos terceras partes de las nuevas infecciones por VIH a nivel global. Estas dolencias endémicas enfatizan los riegos de contagio y sobrevida al coronavirus, para aquellos que las sufren y cuentan con sistemas inmunológicos deprimidos y/o deficiencias respiratorias crónicas.

¿Cuáles son las medidas diligentes a adoptar, frente a la irrupción del coronavirus en el continente?. Gran parte de la ayuda internacional destinada al África, está en riesgo ya que muchos de los «Donantes» tradicionales (ex-metrópolis coloniales) están inmersos en combatir la pandemia en sus propios territorios, con ingentes gastos para rápidamente fortalecer sus sistemas sanitarios y hacer frente a la parálisis económica producto de las cuarentenas establecidas en el ámbito de cada uno de estos países.

Por otra parte, desde las Naciones Unidas se ha gestado un Plan de Respuesta Humanitaria Global COVID-19 que prevé disponer en lo inmediato de unos dos mil millones de dólares aproximadamente, y considera a gran parte de África como una región prioritaria. Con este Plan, Naciones Unidas intentará contener la propagación de la pandemia del COVID-19 y atenuar su morbilidad y mortalidad; reducir el deterioro del capital humano y de los derechos humanos, la cohesión social y los medios de vida; y proteger, ayudar y defender a los refugiados, los desplazados internos, los migrantes y las comunidades receptoras particularmente vulnerables a la pandemia.

A nivel continental, la Unión Africana -a través de sus Centros de África para el Control y Prevención de Enfermedades (ACDC)-, será la encargada de hacer un seguimiento exhaustivo de la pandemia en el continente, apoyando las iniciativas de salud pública de los Estados miembros y fortaleciendo la capacidad de sus instituciones de salud pública para detectar, prevenir, controlar y responder de manera rápida y efectiva a las amenazas planteadas por el Covid-19. Mediante su Cuerpo de Voluntarios de Salud -red de profesionales compuesta por aproximadamente 800 médicos, enfermeros, paramédicos, científicos sociales y demás integrantes de salud pública africana- tendrá la posibilidad de actuar rápidamente, en terrenos críticos, con personal de experticia y calificado, muchos de los cuales vienen actuando desde el último gran brote de Ébola en Guinea, Liberia y Sierra Leona (2014/2015).

Una cooperación externa de significativo valor por su trayectoria, es la que desde ya hace muchos años viene llevando a cabo la República de Cuba en el continente africano. El país caribeño, no solamente ha cooperado con múltiples Estados africanos -desde la segunda mitad del siglo XX- aportando miembros de sus equipos humanitarios de salud y su experticia sanitaria en el terreno, sino que durante este período muchos de los profesionales de la salud africanos fueron formados en la Universidad cubana. Para marzo de este año, la Unidad Central de Cooperación Médica cubana contaba con 28.729 colaboradores en 59 países del mundo, y concretamente en África tiene presencia en Angola, Argelia, Burkina Faso, Cabo Verde, Chad, Congo, Eritrea, Esuatini (Suazilandia), Etiopía, Gambia, Ghana, Guinea Conakry, Guinea Ecuatorial, Kenia, Mauritania, Mozambique, Níger, Sudáfrica, Tanzania y Zimbabue. Sumado a ello, prevé enviar nuevos contingentes a la región. De manera menos sostenida en el tiempo, la Republica Popular de China también está llevando a cabo una tarea local de capacitación de nuevo personal sanitario. Asimismo, en las últimas horas ha enviado equipos de protección personal, mascarillas N95, trajes médicos y gafas de protección, guantes, termómetros, respiradores artificiales, entre otros. Estos suministros están destinados a Ghana, Nigeria, Senegal, Gabón, Sierra Leona, Guinea-Bissau, Guinea, Costa de Marfil, Gambia, Liberia, Mali, Burkina Faso, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Togo, Benin, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. A ello podemos sumar, la donación de Jack Ma (fundador de la compañía China de comercio por Internet Alibaba) de  5,4 millones de máscaras, 1,08 millones de kits de análisis, 40 mil conjuntos de ropa protectora y 60 mil escudos para rostros, para ser distribuida en el continente.

Finalmente, el actor clave que deberá hacer frente a la pandemia desde la primera línea de trincheras será el Estado. Un Estado que tendrá que cargar sobre sus espaldas un desafío inconmensurable, procurando revertir lo más rápido que pueda, cuarenta años de políticas neoliberales que desfinanciaron en infraestructura y profesionales al sistema de salud africano. Será clave la empatía que se construya entre el Estado y la sociedad civil. Muchos de los gobiernos del continente africano, sí procuran afrontar exitosamente esta coyuntura, deberán deconstruir todo relicto neopatrimonial y de inequidades que lo distanciaron de la sociedad, para comenzar el diseño de políticas públicas que le permitan sortear los efectos directos e indirectos que la irrupción de la pandemia imprimirá en la sociedad civil. El rol de Estado africano en la planificación y administración de los recursos, en la distribución de la ayuda, serán claves en el éxito.

Se estima que África, necesitará aumentar sus partidas de salud en 10.6 mil millones de dólares, un alza claramente imprevista de gastos, para detener la propagación del coronavirus y, por otra parte, las pérdidas de ingresos podrían conducir a los países a contraer una deuda insostenible. Por esta misma razón, hay quienes plantean que una postergación de los pagos de la deuda o una quita de la misma -para algunos países con mayores dificultades-, debería ser contemplada por la comunidad internacional. Mucho se podría hacer con los 20 mil millones de dólares que cada año migran del continente africano para el pago a sus acreedores externos.

Como hemos observado, el continente africano cuenta con fortalezas y debilidades a la hora de enfrentar la pandemia del Covid-19, dependerá del accionar de los actores internacionales, regionales y fundamente los locales para que el impacto sea menor en sus sociedad.


Diego Buffa
Integrante
Departamento de Africa
IRI – UNLP