La Unión Africana y la pandemia de COVID-19: entre la cooperación regional y la ayuda china

La Unión Africana y la pandemia de COVID-19: entre la cooperación regional y la ayuda china

El 25 de mayo se cumplen 57 años de la creación de la Organización de la Unión Africana y en conmemoración de este hecho se celebra internacionalmente el “Día de África”. En el actual contexto de pandemia cabe que nos preguntemos cómo está actuando hoy la Unión Africana (UA), el organismo continental que encarna los idearios panafricanistas de los padres de la descolonización y qué rol está teniendo China, gran socio emergente del continente.

Una respuesta institucional

El brote de COVID-19 ha puesto en el tapete las fragmentaciones en la solidaridad de muchos esquemas de cooperación regional. Sin embargo, no es el caso africano, donde tempranamente de la UA se promovió una estrategia conjunta para enfrentar la pandemia.

En una región con frágiles sistemas de salud y profundos problemas pobreza estructural, la respuesta de la UA tuvo dos pilares centrales: la puesta en marcha de una estrategia conjunta continental y la creación de un fondo de respuesta ante el COVID-19.

La estrategia tiene como objetivo prevenir y minimizar los riesgos de la pandemia a través de la coordinación de políticas entre los miembros de la UA y organismos internacionales -tales como la Organización Mundial de la Salud, UNICEF, FAO y agencias de ayuda oficial al desarrollo- y por medio de la provisión de bienes públicos regionales. Con este sentido es que los Centros para el Control de Enfermedades y Prevención (CDC) han comprado y distribuido kits de testeo, brindado guías de actuación, realizado controles en aeropuertos y producido y diseminado información sobre la evolución de la pandemia.

Ante la estimación de que la estrategia continental contra el COVID-19 requerirá aproximadamente 420 millones de dólares en los próximos seis meses, en abril se puso en marcha el “AU Covid-19 response Fund Board of Trustees” para recaudar y gestionar los fondos en la lucha contra la pandemia provenientes de los estados miembros, organismos regionales y socios externos, tanto públicos como privados.

Es claro que el accionar de la UA por sí mismo no basta y que las políticas nacionales que desarrollen cada uno de los estados miembros es central en la gestión de la pandemia, no obstante, el hecho a destacar es el posicionamiento conjunto de 55 países que más allá de sus diferencias y problemáticas domésticas dieron lugar al accionar solidario regional.

La cooperación china

China es considerada hoy uno de los principales actores del sistema internacional y se constituye como un socio de gran relevancia para el continente africano. A raiz de ello, su intervención en la respuesta a la crisis ocasionada por el COVID-19 no fue menor. Tras la llegada de la pandemia a África, China rápidamente envió cinco equipos médicos y realizó alrededor de 30 videoconferencias con países africanos. Se llevaron a cabo actividades de capacitación y brindaron capacitación a más de 20,000 médicos locales. Considerando la “experiencia” de China en la lucha contra el COVID-19, se comprometieron a compartir experiencias a través de teleconferencias con especialistas para que los africanos puedan armar hojas de ruta para sobrellevar la pandemia.

Ademas, China brindó asistencia a traves del envío de suministros epidémicos que incluyen equipos de protección personal, mascarillas N95, trajes médicos y gafas de protección, guantes, termómetros, ventiladores artificiales, entre otros.

Inicialmente los países entre los que se distribuyeron dichos suministros fueron: Ghana, Nigeria, Senegal, Gabón, Sierra Leona, Guinea-Bisau, Guinea, Cote d´Ivoire, Gambia, Liberia, Mali, Burkina Faso, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Togo, Benin, Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. A eso se sumó luego llegada de equipos de expertos médicos chinos a Etiopía y a Djibuti, y el envío de toneladas de materiales que han ido llegando prácticamente a todos los países africanos.

Por último, las promesas de alivio de la deuda de algunos países del continente, ha sido otro recurso, que ha implementado el país asiático en la “ayuda” a África, quien se encuentra en plena lucha global contra el COVID-19. No debemos olvidar que en este contexto pandémico, se desarrolla también la lucha por la narrativa acerca del origen del COVID-19 entre Pekín y Washington, en donde China debe defender su versión de la historia.

La solidaridad, la cooperación y la llamada “diplomacia del barbijo” se han constituido como las herramientas principales de China para ganar esta lucha, dado que proyectan una imagen positiva de China en el orden internacional.  En el continente africano parece que funcionaron.

Un futuro complejo

África presenta algunas particularidades que pueden contribuir al manejo de la crisis. Entre ellas podemos señalar la llegada tardía de la pandemia, que brindó una ventana de oportunidad para que se preparen mejor los sistemas sanitarios; la prioridad que tiene el continente en los fondos y programas de ayuda internacional; una población joven, resilente y con mandatos comunitarios solidarios; y una triste pero amplia experiencia en el manejo de epidemias y respuestas crisis humanitarias.

No obstante, si consideramos que en el continente africano el 36% de la población no tiene facilidades para el lavado de manos por falta de acceso al agua potable y al jabón y donde una quinta parte de la población está subalimentada, toda respuesta institucional parece limitada. Si a esto además le sumamos las perspectivas negativas vinculadas al crecimiento económico debido a la caída de ingresos por la exportación de combustibles, la retracción de las exportaciones hacia Europa y China, y la disminución de las remesas, el escenario se vislumbra ensombrecido, pero no por ello más obscuro que en el resto del mundo.

 

Agustina Marchetti
Carla Morasso
Integrantes
Departamento de Africa
IRI – UNLP

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