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5 de junio. Día Mundial del Ambiente: Entre la pandemia y el (indispensable) redescubrimiento de nuestra relación con los ecosistemas.

“(…) No es la culpa de los murciélagos, mosquitos, ratones o pangolines sino de lo que hacemos con el ecosistema en el que viven y cómo los juntamos y manipulamos a todos en un nuevo ambiente artificial. Esta es la verdadera receta del coronavirus, algo que probablemente cueste una recesión global. O sea que mutilar los ecosistemas tiene un precio muy caro para pagar (…)”.

Marina Aizen, 2020.

Problemáticas globales como la deforestación, el alto consumo de combustibles fósiles, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y de glaciares, los refugiados ambientales o climáticos, las consecuencias ambientales de conflictos armados, la competencia por la posesión de recursos naturales, la contaminación de cuencas transfronterizas, entre otras, demuestran la necesidad de responder holísticamente a un sistema en evidente crisis y con conflictos socio-ambientales in crescendo.

En este sentido, el Informe de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2019 (Naciones Unidas) y del Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services (IPBES) del mismo año, brindan datos alarmantes: el aumento de la temperatura promedio de la Tierra en más de 1°C desde la era preindustrial; 2.000 millones de personas viven en países que sufren alto estrés hídrico; para 2030, 700 millones de personas podrían ser desplazadas por escasez intensa de agua; los desastres climáticos y geofísicos se cobraron la vida de aproximadamente 1,3 millones de personas entre 1998 y 2017; la acidificación de los océanos aumentó un 26% desde la era preindustrial, poniendo en peligro los ecosistemas marítimos; la degradación de los suelos afecta una quinta parte de la superficie terrestre y la vida de 1.000 millones de personas; el riesgo de extinción empeoró un 10% en los últimos 25 años; aproximadamente 290 millones de hectáreas de bosque nativo fueron deforestadas entre 1990 y 2015; un 7%  de las enfermedades infecciosas son generadas por vectores animales, causando más de 700.000 muertes anuales.

La escena internacional se distingue, cada vez más, por conflictos socio-ambientales vinculados a los recursos y/o bienes naturales. Si bien la historia del mundo moderno está signada por esta problemática, en la actualidad adquieren otra dimensión por tratarse de indicios acerca de la vulnerabilidad ecosistémica del planeta y la amenaza que ello plantea para la continuidad de la vida humana en las condiciones que hoy conocemos.

Este día del ambiente, inserto en la tragedia global del coronavirus, debe permitirnos reflexionar sobre nuestra vinculación con los ecosistemas. Ciertas imágenes que deja la crisis del COVID-19, tales como la de numerosas especies de animales tomando las calles de muchas de las ciudades más pobladas del planeta, nos envía el mensaje de que por más que abracemos nuestro arraigado antropocentrismo, el mundo está poblado de especies, muchas de las cuales se encuentran en peligro de extinción (o ya extintas) por nuestra excesiva presión sobre los ecosistemas. El fin de esta crisis nos puede brindar la oportunidad de reencontrarnos con el mundo de la mano de una nueva mirada holística, alejada del apego a lo material y al consumo. Elementos, estos últimos, directamente vinculados a la crisis ambiental y climática.

Difícilmente consigamos avanzar hacia el holismo y la sustentabilidad sin aumentar la ambición de los compromisos y las metas internacionales. La agenda internacional ofrece el desafío y la oportunidad de robustecer los procesos de cooperación, permitiendo avanzar en la resolución de los conflictos mencionados. La articulación de los procesos políticos en el nivel local, regional y global resulta de fundamental relevancia para la consecución de buenos resultados en dicha agenda.

El actual modelo de desarrollo se basa en una separación entre el hombre y la naturaleza. Una separación que nos ha llevado por generaciones a avanzar sin control hacia lo que consideramos una fuente inagotable de recursos.

La actual coyuntura deja en claro cómo una crisis sanitaria-ambiental global “contagia” la totalidad de los ámbitos de acción del ser humano, remarcando, una vez más, la necesidad de abordar holística y sustentablemente nuestras relaciones, en tanto parte de un ecosistema global.

Ante estas preocupaciones, la gobernanza ambiental es fundamental para hallar soluciones a los actuales desafíos ambientales globales, proponiendo esfuerzos de la comunidad internacional para gestionar y resolver problemas comunes, desde los gobiernos hasta las ONG, el sector privado y la sociedad civil. La cooperación cumple un rol clave en el camino hacia una gobernanza eficiente.

La propuesta, entonces, es construir un acuerdo social respetuoso, responsable y equilibrado en su abordaje de las distintas dimensiones que constituyen el ambiente. El presente desafío nos da la oportunidad de reencontrarnos en un planeta donde la calidad del aire, del agua, el reto climático y la subsistencia de las especies pesen más en nuestra escala de valores y prioridades que la inmediatez de la rentabilidad económica. Este último es el principal desafío de nuestra generación.

Joel Hernán González
Secretario
Guillermina Elias
Integrante
Departamento de Medio Ambiente
IRI – UNLP