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La ampliación del concepto de seguridad en Indonesia: soberanía archipelágica, amenazas tradicionales y no tradicionales en la doctrina reciente

§  La ampliación del concepto de seguridad en Indonesia: soberanía archipelágica, amenazas tradicionales y no tradicionales en la doctrina reciente

 Ignacio Ortiz Vila[1]

Resumen

Indonesia ofrece un caso especialmente relevante para estudiar la ampliación contemporánea del concepto de seguridad. Como Estado archipelágico, su soberanía no se organiza únicamente sobre una base terrestre, sino sobre una articulación entre islas, mares interiores, rutas de navegación y jurisdicciones marítimas. Este trabajo sostiene que la ampliación del concepto de seguridad en Indonesia no implica un abandono de la soberanía clásica, sino una reformulación de esta a partir de la lógica del Estado soberano archipelágico. En ese marco, las amenazas tradicionales, como las tensiones en el Mar del Norte de Natuna y la proyección estratégica de China, continúan ocupando un lugar central; sin embargo, la doctrina reciente incorpora también amenazas no tradicionales, entre ellas la pesca ilegal, la piratería, el crimen transnacional, la ciberseguridad, la debilidad de la gobernanza marítima y las crisis sanitarias. A partir de literatura académica indonesia e internacional, el ensayo argumenta que la expansión doctrinaria responde a la necesidad de preservar la unidad territorial, la autoridad estatal y la capacidad de gobierno sobre un espacio marítimo extenso, fragmentado y estratégicamente expuesto.

Palabras clave: Indonesia; seguridad; Estado archipelágico; soberanía marítima; amenazas no tradicionales; Natuna.

Introducción

Indonesia no puede ser entendida solamente como una suma de islas. Desde el derecho internacional y desde su propia tradición doctrinaria, se presenta como un Estado archipelágico, es decir, como una unidad territorial en la que el mar no separa, sino que integra[2]. La Parte IV de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce la categoría de Estado archipelágico y establece que la soberanía de este tipo de Estado se extiende a las aguas encerradas por sus líneas de base archipelágicas, así como al espacio aéreo suprayacente, el lecho, el subsuelo y los recursos correspondientes. La literatura indonesia ha conectado este marco jurídico con la idea de Wawasan Nusantara, una visión estratégica según la cual tierra y mar forman un solo espacio político y nacional. En consecuencia, la seguridad indonesia no puede reducirse a la defensa militar convencional, sino que debe ser pensada como una cuestión de control territorial, gobernanza marítima, conectividad interinsular y preservación de la autoridad estatal sobre un territorio disperso y marítimamente articulado (Lauder & Lauder, 2016; Lestari, 2021; United Nations, 1982).

Este punto de partida permite formular la hipótesis central del trabajo: la ampliación del concepto de seguridad en Indonesia no supone sustituir la soberanía clásica por una agenda enteramente nueva, sino expandir las formas de protegerla desde la condición específica de Estado soberano archipelágico. La doctrina indonesia sigue considerando decisivas las amenazas tradicionales, especialmente las vinculadas con integridad territorial, defensa del mar y equilibrio estratégico. Pero, al mismo tiempo, incorpora problemas que antes hubieran sido clasificados como sectoriales o administrativos: pesca ilegal, piratería, vigilancia marítima, competencia entre agencias, ciberseguridad e incluso gestión de crisis sanitarias. La ampliación de la seguridad no aparece entonces como una moda conceptual importada, sino como una respuesta a la geografía política del Estado indonesio (Sebastian, 2006; Wicaksana, 2018).

Estado soberano archipelágico y doctrina de seguridad

La condición archipelágica de Indonesia produce un efecto doctrinario de particular profundidad. A diferencia de lo que ocurre en los Estados continentales, donde la soberanía tiende a ser concebida en términos de continuidad territorial, linealidad espacial y control terrestre, en el caso indonesio la integridad del Estado se encuentra intrínsecamente vinculada a la capacidad de articular un espacio fragmentado, compuesto por islas, estrechos, rutas marítimas, puertos y corredores de comunicación. En esa línea, la perspectiva archipelágica no constituye únicamente una característica geográfica, sino que se inserta en una reflexión más amplia sobre la identidad marítima de Indonesia[3]. A su vez, Lestari subraya que el régimen de archipelagic sea lanes passage pone en evidencia la especificidad jurídica y estratégica de este tipo de Estados, en la medida en que estos ejercen soberanía sobre sus aguas archipelágicas, aunque dentro de un marco normativo que reconoce derechos de paso y que, por ende, exige una administración constante y compleja de la circulación marítima. En consecuencia, la soberanía no se proyecta sobre un espacio cerrado, homogéneo y estático, sino sobre un entorno dinámico, denso en flujos y permanentemente atravesado por la navegación tanto interna como internacional[4]. Precisamente por ello, el concepto de seguridad en Indonesia debió expandirse y complejizarse, desbordando una concepción restringida a la defensa de fronteras terrestres para incorporar, de manera creciente, dimensiones marítimas, logísticas, jurídicas y geopolíticas (Lauder & Lauder, 2016; Lestari, 2021).

En esta línea, Leonard Sebastian muestra que el pensamiento indonesio de seguridad nacional se formó históricamente en estrecha relación con la consolidación del Estado poscolonial, la estabilidad política y la integridad territorial. Sin embargo, ese marco no permaneció estático. Wicaksana señala que la disciplina de las relaciones internacionales en Indonesia fue incorporando nuevas perspectivas teóricas y nuevas agendas, superando parcialmente una visión exclusivamente militar o estatocéntrica. Lo relevante es que esa apertura no destruyó la preocupación soberanista originaria; más bien, la proyectó sobre nuevos dominios. En otras palabras, Indonesia no dejó de pensar en términos de soberanía: comenzó a hacerlo en una clave más multidimensional, coherente con las exigencias de su condición archipelágica (Sebastian, 2006; Wicaksana, 2018).

La persistencia de las amenazas tradicionales

La ampliación doctrinaria no debe ocultar que las amenazas tradicionales continúan siendo centrales. El ejemplo más claro es el Mar del Norte de Natuna, donde Indonesia enfrenta tensiones vinculadas con la superposición entre su zona económica exclusiva y el reclamo chino de la nine-dash line. Damos Dumoli Agusman sostiene que Natuna se convirtió en un punto de fricción concreto entre Indonesia y China, con incidentes marítimos, choques entre agencias de aplicación de la ley y controversias diplomáticas. Esto muestra que la soberanía marítima sigue siendo una cuestión de seguridad clásica: involucra jurisdicción, presencia estatal, disuasión y capacidad de defender derechos soberanos frente a un actor mucho más poderoso. La expansión del concepto de seguridad, por tanto, no elimina la geopolítica interestatal; la reubica dentro de un marco más amplio de vulnerabilidades (Agusman, 2023).

El caso de Natuna debe ser interpretado, además, en el marco más amplio de la reconfiguración estratégica del Indo-Pacífico. Como advierte Tan (2020), los Estados del Sudeste Asiático han tendido a responder a la competencia entre grandes potencias mediante estrategias de hedging, orientadas a evitar tanto una alineación rígida con uno de los polos como una renuncia a los márgenes de autonomía regional. En el caso de Indonesia, esta lógica resulta especialmente significativa, porque su posición no puede entenderse únicamente en términos de balance militar, sino también como un esfuerzo sostenido por preservar capacidad de maniobra en un entorno crecientemente disputado. De allí que la defensa de la soberanía marítima no se reduzca a la acumulación de capacidades materiales, sino que involucre igualmente diplomacia, prudencia estratégica y una gestión cuidadosa de las relaciones con potencias rivales. Sin embargo, esa misma búsqueda de autonomía vuelve todavía más sensible la cuestión del control efectivo de los espacios marítimos. Para un Estado soberano archipelágico, el mar no constituye una periferia, sino el soporte mismo de la unidad territorial, de la circulación interna y de la proyección jurisdiccional del Estado. En consecuencia, permitir que sus aguas se transformen en un corredor expuesto a la coerción externa o a la erosión gradual de la autoridad estatal implicaría no solo una vulnerabilidad estratégica, sino también una afectación directa de los fundamentos materiales y políticos de la soberanía.

La expansión hacia amenazas no tradicionales

Aunque las amenazas tradicionales continúan ocupando un lugar relevante, la doctrina reciente muestra con claridad que Indonesia ya no puede concebir la seguridad exclusivamente en esos términos. En esta dirección, Puspitawati (2017) sostiene que el país requiere un arreglo nacional de seguridad marítima menos fragmentado y más coherente, dado que el marco jurídico y administrativo vigente mantiene una lógica excesivamente sectorial. Esta observación resulta especialmente significativa en el contexto de un Estado soberano archipelágico, donde la fragmentación institucional no constituye una mera deficiencia burocrática, sino una limitación estructural que incide sobre la vigilancia, el enforcement, la coordinación operativa y, en última instancia, la capacidad del Estado para ejercer una soberanía efectiva sobre su espacio marítimo[5]. Desde esta perspectiva, la seguridad no tradicional y la reforma institucional aparecen estrechamente vinculadas, en la medida en que la protección del mar exige no solo identificar nuevas amenazas, sino también fortalecer los dispositivos estatales encargados de gobernarlo.

La cuestión de la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada (IUU fishing) resulta particularmente reveladora para comprender la ampliación del concepto de seguridad en Indonesia. Como muestra Arimadonna (2020), la securitización del IUU fishing en el Sudeste Asiático impulsó en Indonesia un proceso de localización normativa mediante el cual esta problemática dejó de ser concebida únicamente como una cuestión económica o regulatoria para pasar a inscribirse en el campo de la seguridad comprensiva. Esta transformación adquiere especial densidad en el marco de un Estado soberano archipelágico: cuando el Estado pierde control sobre los recursos pesqueros, no solo sufre un perjuicio material, sino que también ve erosionada su presencia efectiva en espacios marítimos sensibles, se debilita su capacidad jurisdiccional y se amplían las posibilidades de penetración de actores externos. En este sentido, la protección de los recursos marítimos no puede separarse de la defensa de la soberanía, ya que en Indonesia la gobernanza del mar constituye una dimensión central de la propia integridad estatal. Algo similar ocurre con la aplicación de la ley en el ámbito marítimo. Puspitawati, Hadiyantina, Susanto y Apriyanti (2020) muestran que la distribución de competencias entre Bakamla y otras autoridades continúa produciendo superposiciones y ambigüedades institucionales, lo que limita la eficacia del enforcement. En consecuencia, la ampliación del concepto de seguridad no solo supone la incorporación de nuevos objetos de protección, sino también la exigencia de una coordinación estatal más coherente y de una presencia institucional más sólida sobre el espacio marítimo.

Asimismo, la literatura estratégica indonesia ha comenzado a abordar las amenazas marítimas no tradicionales desde una perspectiva doctrinaria más explícita. En esa línea, Hudaya y Putra (2017), desde Universitas Airlangga, sostienen que el proyecto de Indonesia como Global Maritime Fulcrum exige no solo una revisión de ciertos supuestos doctrinarios, sino también una atención más sistemática a amenazas como la piratería y el terrorismo marítimo. La relevancia de este planteo radica en que articula, en un mismo marco analítico, la identidad marítima del país, los desafíos de la seguridad interna y su proyección internacional. De manera convergente, Dwicahyono et al. (2021) señalan que la defensa de la soberanía en un Estado archipelágico presenta una complejidad mayor que en un Estado continental, en tanto la dispersión insular convierte los estrechos y mares en espacios particularmente expuestos a amenazas asimétricas. En conjunto, ambas contribuciones permiten advertir que la ampliación del concepto de seguridad no obedece únicamente a la emergencia de nuevos riesgos, sino también al reconocimiento de que la propia configuración territorial del Estado genera vulnerabilidades específicas.

Ciberseguridad, crisis y doctrina reciente

De igual modo, la ampliación del campo securitario se proyecta sobre la dimensión tecnológica. La inteligencia cibernética se ha convertido en un componente integral de la seguridad nacional (Astarini & Rofii, 2021). Esta cuestión adquiere una relevancia particular en el caso de Indonesia, en tanto que la integración efectiva del archipiélago depende de redes de comunicación, monitoreo y procesamiento de información capaces de articular un espacio territorial profundamente disperso. Desde esta perspectiva, la ciberseguridad no debe entenderse como un agregado externo a la defensa, sino como una condición estructural para la preservación de la cohesión estatal y de la capacidad de gobierno. En consecuencia, la defensa de la soberanía archipelágica ya no descansa exclusivamente en medios convencionales, sino también en infraestructuras digitales, en el intercambio de datos y en dispositivos de protección frente a amenazas híbridas.

Asimismo, la pandemia de COVID-19 profundizó esta expansión del concepto de seguridad. Como señalan Ihsan y Munabari (2023), la respuesta del Estado indonesio se articuló en torno a una lógica de securitización orientada a compatibilizar la protección de la salud pública con la preservación de la seguridad económica, especialmente a través de la política denominada gas and brake[6]. Desde esta perspectiva, la relevancia analítica del caso no radica únicamente en el carácter extraordinario de la crisis sanitaria, sino, más profundamente, en que puso de manifiesto la tendencia del Estado a ordenar vulnerabilidades heterogéneas bajo un mismo lenguaje de seguridad. En otros términos, la pandemia operó no solo como una emergencia coyuntural, sino también como un catalizador de una concepción más amplia e integrada de la seguridad estatal. En un país archipiélago, donde la distribución desigual de infraestructura y conectividad entre islas puede agravar cualquier crisis, la gestión sanitaria adquiere una dimensión estratégica. La expansión doctrinaria, por ende, termina por abarcar riesgos que décadas atrás habrían sido excluidos del campo de la seguridad nacional (Ihsan & Munabari, 2023).

En esa misma línea, la expansión del campo securitario también se proyecta sobre el plano normativo. Ello se advierte en la reforma introducida por la Ley No. 3 de 2025, que modificó el marco jurídico de la TNI (Tentara Nasional Indonesia, es decir, las Fuerzas Armadas Nacionales de Indonesia). Más allá de las controversias políticas que dicha reforma pueda suscitar, su relevancia para este ensayo es principalmente doctrinaria: pone de manifiesto que el lenguaje estatal contemporáneo ya no separa de manera rígida las amenazas geopolíticas y militares de aquellas no militares o híbridas, sino que tiende a integrarlas dentro de una misma concepción de seguridad. Lejos de implicar un abandono de la defensa clásica, esta reformulación normativa expresa su ampliación. En el caso de Indonesia, esa convergencia resulta coherente con la lógica del Estado soberano archipelágico, cuya preservación exige proteger de manera simultánea el territorio, la jurisdicción marítima, los recursos estratégicos, la conectividad entre islas y la capacidad efectiva de gobierno (Indonesia, Gobierno Central, 2025).

Conclusión

La ampliación del concepto de seguridad en Indonesia debe entenderse como una consecuencia de su propia forma estatal. La condición de Estado soberano archipelágico obliga a pensar la soberanía más allá de la frontera terrestre y más allá de la guerra convencional. Las amenazas tradicionales siguen siendo decisivas, como demuestra el caso Natuna y la sensibilidad indonesia ante la competencia estratégica en el Indo-Pacífico. Sin embargo, esa misma lógica soberana exige securitizar también fenómenos como la pesca ilegal, la piratería, la gobernanza marítima fragmentada, la ciberseguridad y las crisis sanitarias. En Indonesia, la diferencia entre amenazas tradicionales y no tradicionales no marca una ruptura, sino un continuo. Todas ellas remiten, en última instancia, al mismo desafío: preservar la unidad territorial, la autoridad estatal y la capacidad efectiva de gobierno sobre un espacio marítimo vasto, fragmentado y estratégicamente expuesto. La seguridad ampliada indonesia no reemplaza a la soberanía clásica; la hace operativa en las condiciones concretas de un Estado archipelágico del siglo XXI.

Referencias

Agusman, D. D. (2023). Natuna waters: Explaining a flashpoint between Indonesia and ChinaIndonesian Journal of International Law, 20(4).

Arimadonna. (2020). RPOA norm localization for Indonesia in handling IUU fishingIndonesian Journal of International Law, 17(2). https://doi.org/10.17304/ijil.vol17.2.783

Astarini, D. R. S., & Rofii, M. S. (2021). Cyber intelligence in national securityJournal of Strategic and Global Studies. https://doi.org/10.7454/jsgs.v4i2.1044

Dwicahyono, T., Octavian, A., Bura, R. O., Hendrantoro, G., & Widodo, P. (2021). Maritime asymmetric warfare in archipelagic states; The Indonesian phenomenaJournal of Strategic and Global Studies. https://doi.org/10.7454/jsgs.v4i2.1045

Hudaya, M., & Putra, A. T. (2017). Toward Indonesia as Global Maritime Fulcrum: Correcting doctrine and combating non-traditional maritime threatsJurnal Hubungan Internasional, 10(2), 177–190. https://doi.org/10.20473/jhi.v10i2.7304

Ihsan, R., & Munabari, F. (2023). The gas and brake policy: Indonesia’s COVID-19 securitization dilemmasTRaNS: Trans-Regional and -National Studies of Southeast Asia, 11(1), 103–119.

Indonesia, Gobierno Central. (2025). Undang-Undang Nomor 3 Tahun 2025 tentang Perubahan Atas Undang-Undang Nomor 34 Tahun 2024 tentang Tentara Nasional Indonesia. JDIHN.

Lauder, M. R. M. T., & Lauder, A. F. (2016). Maritime Indonesia and the archipelagic outlook: Some reflections from a multidisciplinary perspective on old port cities in JavaWacana, 17(1). https://doi.org/10.17510/wacana.v17i1.428

Lestari, M. M. (2021). What is the right, archipelagic sea lanes and passage? (According to UNCLOS 1982 and practice)Indonesian Journal of International Law, 18(2). https://doi.org/10.17304/ijil.vol18.2.809

Puspitawati, D. (2017). Urgent need for national maritime security arrangement in Indonesia: Towards Global Maritime FulcrumIndonesian Journal of International Law, 14(3). https://doi.org/10.17304/ijil.vol14.3.697

Puspitawati, D. (2011). Indonesia’s archipelagic state status: Current developmentIndonesian Journal of International Law, 8(4), 693–715. https://doi.org/10.17304/ijil.vol8.4.329

Puspitawati, D., Hadiyantina, S., Susanto, F. A., & Apriyanti, N. (2020). Law enforcement at Indonesian waters: Bakamla vs. Sea and Coast GuardIndonesian Journal of International Law, 17(4). https://doi.org/10.17304/ijil.vol17.4.797

Sebastian, L. C. (2006). Enframing Indonesian concepts of national security. En Realpolitik ideology: Indonesia’s use of military force. ISEAS Publishing.

Tan, S. S. (2020). Consigned to hedge: South-east Asia and America’s “free and open Indo-Pacific” strategyInternational Affairs, 96(1), 131–148. https://doi.org/10.1093/ia/iiz227

United Nations. (1982). United Nations Convention on the Law of the Sea, Part IV: Archipelagic States.

Wicaksana, I. G. W. (2018). The changing perspective of international relations in IndonesiaInternational Relations of the Asia-Pacific, 18(2), 133–159. https://doi.org/10.1093/irap/lcw014

[1] Profesor de grado y posgrado UNDEF-UCEMA. E-mail: iortizvi@ucema.edu.ar

[2] Un Estado archipelágico es aquel constituido íntegramente por uno o más archipiélagos y cuyas aguas interinsulares, delimitadas por líneas de base archipelágicas, forman parte de un solo espacio soberano; en el caso de Indonesia, este principio implica que el mar no separa las islas, sino que integra la unidad territorial, jurídica y política del Estado.

[3] La noción de Perspectiva Archipiélgica alude a una forma de concebir a Indonesia no como una simple agregación de islas, sino como una unidad territorial, política y simbólica articulada por el mar. En ese marco, los espacios marítimos intermedios no representan una separación entre fragmentos del territorio, sino el soporte mismo de la cohesión nacional y de la proyección geopolítica del Estado (Lauder & Lauder, 2016).

[4] Según los autores, desde la Declaración Djuanda de 1957 y la posterior consolidación jurídica en el derecho del mar, el territorio indonesio pasó a entenderse como una unidad compuesta no solo por las islas, sino también por los mares intermedios y la zona económica circundante, con importantes consecuencias políticas y jurídicas para el Estado (Lauder & Lauder, 2016).

[5] La fragmentación institucional en materia de seguridad marítima constituye, en sí misma, un problema estratégico. Cuando distintas agencias comparten competencias de vigilancia y aplicación de la ley sin una articulación suficientemente clara, se debilita la eficacia del enforcement y se reduce la capacidad del Estado para ejercer soberanía efectiva sobre sus aguas. En un Estado archipelágico como Indonesia, esta cuestión resulta especialmente sensible, porque la gobernanza del mar forma parte del núcleo mismo de la estatalidad (Puspitawati, 2017; Puspitawati et al., 2020).

[6] La política de «gas y freno» de Indonesia fue una estrategia de gestión de la pandemia (COVID-19) que equilibró la restricción de movilidad (freno) con la reactivación económica (gas) Este enfoque ajustaba las restricciones sociales según la gravedad del virus en diversas regiones, permitiendo la actividad económica siempre que las condiciones sanitarias lo permitieran.