* El conflicto del Golfo Árabe-Pérsico: Un alto al fuego polémico
Zidane Zeraoui[1]
El memorándum de entendimiento, recién acordado entre Estados Unidos e Irán, constituye un arreglo preliminar que combina cese de hostilidades, reapertura del estrecho de Ormuz, levantamiento progresivo de sanciones y compromisos sobre el programa nuclear iraní, estructurando un marco de negociación de 60 días hacia un acuerdo definitivo. Lejos de ser un cierre de ciclo, el texto configura un nuevo equilibrio inestable en Oriente Medio, con ganancias inmediatas para Teherán y beneficios más difusos y condicionados para Washington y sus aliados regionales. En particular para Israel que ve este texto como una rendición de Estados Unidos a los intereses iraníes. También dentro de Irán, hay voces que se oponen al fin de las hostilidades por considerar que la nación persa tiene una ventaja estratégica. La línea dura y el clero conservador con facciones vinculadas a los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica argumentan que el memorando entrega ventajas geopolíticas claves a cambio de un alivio de sanciones que consideran temporal o insuficiente.
1. Contexto y arquitectura del memorándum
El memorándum surge tras una guerra de aproximadamente cuatro meses entre Estados Unidos e Irán, que dejó miles de muertos, perturbó gravemente la economía mundial y tensionó la posición interna del presidente Donald Trump. El documento —identificado como “Memorando de Entendimiento de Islamabad”— contiene 14 puntos y opera como marco político‑jurídico que abre un periodo de 60 días para negociar un pacto de paz definitivo.
Entre sus cláusulas centrales se encuentran: un cese “inmediato y permanente” de las hostilidades en todos los frentes, incluida la dimensión libanesa; la reapertura gradual y luego plena del estrecho de Ormuz; el levantamiento del bloqueo naval estadounidense; un proceso escalonado de levantamiento de sanciones; un fondo de reconstrucción y desarrollo para Irán de al menos 300.000 millones de dólares; y el compromiso de que Irán no poseerá armas nucleares bajo supervisión del OIEA. El memorándum no es todavía un tratado de paz, sino un “acuerdo marco” con cláusulas condicionadas, de cumplimiento diferido y sujetas a verificación, que reconfigura los incentivos estratégicos de los actores sin eliminar las fuentes estructurales de conflicto.
2. Implicaciones para Estados Unidos
2.1. Dimensión política interna
Desde el ángulo doméstico, la administración Trump obtiene un logro inmediato: la capacidad de presentar el memorándum como finalización de una guerra costosa e impopular, así como como respuesta a las disrupciones en los precios de la energía y el comercio global. El cese del conflicto reduce la presión sobre la opinión pública estadounidense, preocupada tanto por las bajas como por el impacto inflacionario de la crisis en Ormuz, lo que puede traducirse en una corrección parcial del desgaste político del Ejecutivo y del Partido Republicano antes de la siguiente contienda electoral.
Sin embargo, la relación costo‑beneficio es ambivalente. Diversos análisis subrayan que un número considerable de cláusulas del memorándum se inclina a favor de Irán, mientras que Estados Unidos asume compromisos significativos sin lograr concesiones equivalentes en términos de limitación del poder regional iraní. Este desbalance percibido alimenta críticas desde sectores neoconservadores y pro‑israelíes en el Congreso, que pueden presentar el acuerdo como una “victoria táctica” de Teherán y una señal de debilidad de Washington.
2.2. Intereses económicos y energéticos
En el terreno económico, el memorándum responde directamente a la vulnerabilidad de Estados Unidos frente a choques en el estrecho de Ormuz, por donde transita 20% del petróleo comercializado a escala mundial. El levantamiento del bloqueo naval y la reapertura progresiva de la ruta reducen el riesgo de disrupciones prolongadas en los mercados energéticos, estabilizan los precios y atemperan la presión sobre la inflación global, lo que redunda en beneficio de la economía estadounidense y de sus aliados industriales.
No obstante, la decisión de desembolsar o movilizar, junto con socios regionales, un fondo de al menos 300.000 millones de dólares para la reconstrucción y el desarrollo de Irán plantea interrogantes sobre la sostenibilidad fiscal y política de ese compromiso. Desde una lógica de poder estructural, la inversión puede interpretarse como un intento de “anclar” a Irán en una economía política más interdependiente con Occidente, pero simultáneamente supone transferir recursos que potencialmente reforzarán la capacidad estatal iraní y, por ende, su proyección de poder.
2.3. Implicaciones geoestratégicas y geopolíticas
Geoestratégicamente, el memorándum refleja el reconocimiento estadounidense de que el coste de una confrontación prolongada contra Irán —en un contexto de competencia sistémica con China— resulta excesivo. Para Washington, Irán ha sido conceptualizado como pivote de la seguridad energética mundial y como pieza clave en el dispositivo de contención hacia China y, en menor medida, hacia Rusia; el control de los flujos desde Ormuz es crucial para cualquier estrategia de dominación marítima y energética.
Al aceptar un cese de hostilidades y comprometerse a retirar fuerzas de las cercanías de Irán tras un acuerdo definitivo, Estados Unidos reduce su capacidad coercitiva directa en el Golfo, pero gana margen para reorientar recursos hacia el Indo‑Pacífico y otros teatros considerados prioritarios. Sin embargo, este reposicionamiento viene acompañado de un debilitamiento de la credibilidad disuasiva frente a aliados regionales como Israel y Arabia Saudita, que perciben el acuerdo como un repliegue estratégico.
3. Implicaciones para Irán
3.1. Reconfiguración del régimen de sanciones y recursos
Para Irán, el memorándum representa, en términos económicos, una victoria significativa. El texto prevé el levantamiento escalonado de todas las sanciones estadounidenses y un desbloqueo de recursos financieros sustantivos, además de la posibilidad de reanudar las exportaciones de petróleo. La incorporación de un fondo de desarrollo de 300.000 millones de dólares y la reconstrucción de infraestructura crítica fortalecen la resiliencia económica del país y amplían el margen de maniobra fiscal del Estado iraní.
Al recuperar acceso a los mercados energéticos, Irán no solo incrementa su capacidad de obtener divisas, sino que también retoma influencia sobre la Organización de Países Exportadores de Petróleo y marcos ampliados como la OPEP+, interactuando con los intereses de actores como Rusia y Arabia Saudita. Este reposicionamiento energético se produce, además, en un contexto en el que Irán ya venía estrechando lazos económicos y de inversión con China, lo que le permite diversificar socios y reducir su vulnerabilidad frente a las presiones unilaterales de Washington.
3.2. Capital político interno y legitimidad externa
En el plano político interno, el liderazgo iraní puede presentar el memorándum como la confirmación de la eficacia de su estrategia de resistencia y capacidad de escalada controlada. La combinación de cese de hostilidades, alivio sustantivo de sanciones y reconocimiento, de facto, del rol de Irán como interlocutor imprescindible revalida el discurso de la élite dirigente, que reivindica haber forzado a Estados Unidos a negociar desde una posición de mayor simetría. Sin embargo, dentro del país hay voces que denuncian ciertos aspectos del memorando como la soberanía de Irán sobre el Estrecho de Ormuz, la promesa de renuncia al programa nuclear y la necesaria retirada total de Israel del Líbano.
En el ámbito externo, la firma en un entorno multilateral y con mediación internacional, proyecta a Irán como actor racional, capaz de compromisos verificables en el terreno nuclear y de cooperación en la seguridad del estrecho de Ormuz. No obstante, la cláusula de “Irán sin armas nucleares” bajo supervisión del OIEA limita formalmente su umbral nuclear, reabriendo debates internos sobre soberanía tecnológica y dependencia de regímenes de inspección dominados por potencias occidentales.
3.3. Estrategia regional y proyección de poder
La inclusión del frente libanés en el cese de hostilidades es especialmente relevante, dado el papel de Irán en el sostén de actores no estatales y milicias aliadas. La desescalada reduce el riesgo de un choque directo Irán–Israel de gran escala, pero no implica la desarticulación de las redes de influencia iraníes en el Líbano, Siria, Irak o Yemen; más bien normaliza su existencia como factor estructural del orden regional.
Geopolíticamente, el acuerdo concede a Teherán la oportunidad de capitalizar la narrativa de haber resistido y obligado a la principal potencia global a aceptar un compromiso, reforzando su prestigio entre sectores de opinión pública árabe, islámica y chií. En términos de teoría de poder regional, Irán consolida su papel como potencia pivote regional, cuya participación resulta indispensable para la gobernanza de los recursos energéticos y la seguridad de las rutas marítimas en el Golfo.
4. Repercusiones regionales
4.1. Orden regional y seguridad en el Golfo
A escala regional, el elemento más inmediato es la reapertura del estrecho de Ormuz sin restricciones, condición fundamental para la normalización del comercio energético hacia Asia, Europa y América. Esta reapertura reduce la prima de riesgo geopolítico asociada al Golfo y proporciona oxígeno fiscal a las monarquías petroleras del Consejo de Cooperación del Golfo, al permitirles estabilizar ingresos en un contexto de elevado gasto público y agendas de diversificación económica.
Sin embargo, el memorándum no elimina el carácter estratégico de Ormuz como paso estratégico global, sino que formaliza su centralidad y la dependencia del equilibrio entre Washington y Teherán. El diseño de un régimen de seguridad cooperativa en el estrecho —en el que se menciona la posible participación de Omán y otros Estados del Golfo— introduce elementos de institucionalización, pero también de competencia por la definición de normas de paso, vigilancia y respuesta ante incidentes.
4.2. Israel, Arabia Saudita y la política de alianzas
Para Israel, el memorándum resulta problemático, al percibirse como una relajación de la presión estadounidense sobre su principal rival regional. El cese de hostilidades que incluye el frente libanés disminuye el margen de actuación militar israelí frente a actores respaldados por Irán y plantea la posibilidad de divergencias públicas entre Washington y Tel Aviv en torno a las líneas rojas respecto al programa nuclear iraní y a la actividad de las milicias aliadas de Teherán.
Arabia Saudita y otros socios del CCG se enfrentan a un escenario dual. Por un lado, se benefician de la estabilización de los flujos energéticos y de la reducción del riesgo de guerra total en el Golfo. Por otro lado, observan con inquietud el refuerzo de la posición iraní y el mensaje implícito de que Washington está dispuesto a negociar con Teherán sobre bases relativamente simétricas, lo que podría inducir a Riad a acelerar sus propios acercamientos tácticos con Irán o, alternativamente, a profundizar vínculos de seguridad con potencias externas como China y Rusia.
4.3. Dimensión sistémica: China, Rusia y Europa
La normalización parcial de las relaciones entre Estados Unidos e Irán se produce en un entorno de competencia sistémica en el que China ha ampliado su presencia económica y estratégica en Oriente Medio, incluyendo un acuerdo de cooperación de largo plazo con Irán. La reactivación de las exportaciones iraníes bajo un marco aceptado por Washington podría, paradójicamente, beneficiar también a Beijing, al garantizar suministros energéticos más seguros mientras se limita —en teoría— el avance del programa nuclear iraní.
Rusia, por su parte, observa el acuerdo desde una lógica de equilibrio entre varios objetivos: preservar altos precios del petróleo, evitar una presencia militar estadounidense excesivamente reforzada en su periferia ampliada y mantener su relación estratégica con Irán. La reducción de la tensión militar directa entre Washington y Teherán libera espacio diplomático para que Moscú y Beijing se proyecten como mediadores o garantes alternativos de seguridad en el Golfo, en un contexto de posible “fatiga de intervención” estadounidense.
Europa emerge como actor interesado en la estabilización del Golfo y en la vigencia de un marco de control nuclear semejante, al menos funcionalmente, al antiguo acuerdo nuclear llamado Plan de Acción Integral Conjunto, firmado en el 2015 entre Irán y el Grupo P5+1. Así, este memorándum abre la puerta a un papel más visible de potencias europeas en la verificación, la inversión en reconstrucción y la articulación de garantías financieras, aunque su margen de maniobra sigue condicionado por la primacía estadounidense en el diseño del régimen de sanciones y por la creciente presencia china en la infraestructura regional.
5. Consideraciones teóricas y escenarios prospectivos
Desde la teoría de las relaciones internacionales, el memorándum puede interpretarse como un caso de “paz armada institucionalizada”, en el que se introducen mecanismos de compensación económica e incentivos de interdependencia sin resolver la desconfianza estratégica de fondo. Bajo un enfoque realista, el acuerdo suspende temporalmente la confrontación directa pero no altera la estructura de distribución de poder: Irán mantiene su red de aliados no estatales y su estatus de potencia regional, mientras Estados Unidos conserva capacidades hegemónicas globales, aunque con una credibilidad erosionada en el teatro de Oriente Medio.
Desde perspectivas institucionalistas, la creación de un marco de supervisión nuclear reforzado por el OIEA y de mecanismos cooperativos para la gestión del estrecho de Ormuz podría, si se consolida, generar normas y prácticas que reduzcan la probabilidad de escaladas accidentales. Sin embargo, la fuerte asimetría de percepciones y la presencia de veto de fuertes actores domésticos en Washington, pero también de Teherán, Tel Aviv y Riad limitan la probabilidad de que el memorándum se transforme en un régimen de seguridad estable a largo plazo.
En términos de escenarios, al menos tres trayectorias se vislumbran:
- Un escenario de consolidación limitada, donde el memorándum se traduce en un tratado de paz básico, se mantiene la apertura de Ormuz y se estabiliza el régimen de sanciones, sin resolver la competencia por influencia regional.
- Un escenario de reversión, en el que incidentes militares, cambios de gobierno o presiones domésticas en cualquiera de las partes llevan a la ruptura del acuerdo y a una nueva espiral de sanciones y violencia.
- Un escenario de transformación gradual, menos probable pero posible, en el que la combinación de inversiones, interdependencia energética y mecanismos de verificación nuclear genera incentivos para un diálogo de seguridad más inclusivo en el Golfo.
En suma, el memorándum de entendimiento entre Estados Unidos e Irán reordena las relaciones de poder en Oriente Medio al conferir ventajas materiales inmediatas a Teherán y beneficios estratégicos más ambiguos a Washington, mientras introduce elementos de institucionalización que podrían, aunque no necesariamente lo harán, mitigar el riesgo de confrontaciones mayores en el corto plazo.
[1] Profesor-investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México. Miembro del Sistema Nacional de Investigador de México, Nivel 2. Autor de varios libros sobre el Medio Oriente y la prospectiva estratégica.