En este momento estás viendo Las preguntas que nos deja el Referéndum Kurdo

Las preguntas que nos deja el Referéndum Kurdo

El referéndum de carácter consultivo realizado en la actualmente autónoma región de Kurdistán en Irak dio un resultado que difícilmente pueda considerarse sorpresivo, con más del 92% de los votos apoyando la separación del resto de Irak. A pesar de que hoy el Gobierno Regional de Kurdistán (GRK) cuenta con notable autonomía, incluyendo sus propias fuerzas armadas, parlamento y comercio exterior, su presidente, Masud Barzani, hace tiempo insiste en que Irak constituye un experimento fallido realizado por las potencias europeas que reunió en el siglo XX a un conjunto inviable de comunidades y que, por lo tanto, un divorcio amistoso en el futuro cercano es mejor que perpetuar un matrimonio infeliz.

Los kurdos independentistas se ven optimistas en base a una lectura de la oportunidad del momento. Desde la formación de la coalición internacional para la lucha contra Daesh, los kurdos iraquíes y sus fuerzas Peshmerga demostraron ser un aliado fundamental para la reconquista de territorios clave como la ciudad de Mosul, recibiendo en este rol apoyo militar y económico. Como resultado, el territorio controlado por la autonomía kurda es hoy un 40% más extenso que el reconocido en la constitución iraquí, incluyendo gran parte de territorios en disputa entre el GRK y Bagdad, cuyo status final continúa siendo una incógnita. Las reservas de hidrocarburos bajo control kurdo de facto son hoy más grandes que nunca, incluyendo la disputada región de Kirkuk, una de las principales reservas petrolíferas del mundo. Además, desde el 2013 los kurdos cuentan con exportaciones propias de hidrocarburos, principalmente hacia Irán y Turquía, y contratos con empresas internacionales de este rubro. Esto le otorgó a la región autónoma un importante grado de independencia financiera, fortaleciendo la confianza en las posibilidades de una economía independiente.

Sin embargo, la potencial reescritura de fronteras más importante en los últimos setenta años en Medio Oriente nos presenta enormes interrogantes. Si bien la mayoría de las fuerzas políticas kurdas acordaron la realización del referéndum, la iniciativa fue condenada por Bagdad que ordenó suspender el proceso. Luego del resultado, el parlamento iraquí llamó el 27 de septiembre a movilizar tropas a las zonas en disputa, principalmente a Kirkuk, aunque la decisión final de hacerlo depende del primer ministro Haider al-Abadi, quien mientras tanto exigió a los kurdos que cedan a Bagdad el control de sus aeropuertos internacionales. Irán y Turquía también ordenaron suspender el referéndum y advirtieron que podrían cerrar el espacio aéreo kurdo o bloquear definitivamente sus fronteras, mientras que realizaron en los últimos días ejercicios militares cerca de Kurdistán, poniendo en duda que un potencial Estado independiente cuente con algún socio comercial efectivo. Ambos Estados temen la expansión de un clima secesionista hacia sus propias comunidades kurdas linderas con Irak, mientras que ven con preocupación la inestabilidad que desataría una nueva disputa territorial en una región ya inestable. Irán busca también proteger la integridad territorial de sus aliados en Bagdad.

Con la adicional negativa siria a reconocer el derecho kurdo a la independencia, la región queda efectivamente aislada. Además, numerosos países condenaron la realización del referéndum y advirtieron sobre las consecuencias de una secesión unilateral kurda en este momento, como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Francia, que sostienen la política de un Irak unificado, al menos mientras continúa la campaña internacional contra Daesh. El único país de la región que defendió abiertamente el referéndum y la independencia kurda es Israel, que ve en los kurdos un aliado natural que puede además disminuir la influencia iraní en la región.

Las autoridades kurdas seguramente tenían presente estas limitaciones. ¿Por qué entonces Barzani y las demás agrupaciones kurdas decidieron llevar adelante esta iniciativa potencialmente peligrosa? A menos que Barzani cuente con un socio regional que hasta ahora haya decidido una prudente discreción, una posible explicación es que el resultado le otorga al GRK una plataforma distinta desde la cual negociar con el gobierno iraquí sus actuales disputas. Barzani cuenta ahora con la amenaza latente de la secesión si Bagdad no le ofrece las concesiones que busca en sus conflictos territoriales y económicos. El largo período transcurrido entre el anuncio del referéndum (desde mediados del 2014, y con renovada intensidad desde comienzos del 2016) y su realización fue uno de intensas negociaciones que todavía no finalizaron, por lo que los próximos meses nos podrían presentar un arreglo entre Erbil y Bagdad que no implique la soberanía pero sí una autoridad regional con mayor control sobre territorio, recursos y presupuesto. Quizás esto incluya una administración conjunta de las reservas petrolíferas de Kirkuk. Si esto es lo que tiene en mente el clan Barzani, será interesante ver si pueden controlar la retórica independentista que ellos mismos desataron, reemplazando el discurso sobre libertad por realismo político y promesas de prosperidad económica.

Por otro lado, el referéndum debe ser pensado también a la luz de consideraciones internas. La avanzada hacia la independencia le otorgó al gobierno regional una mayor legitimidad ante su propia población que puede ver en esto una victoria política que permita ignorar las importantes denuncias de corrupción, los pocos resultados en los planos de la lucha contra la pobreza y el desempleo y el mandato perpetuamente prolongado de Barzani, que no llama a elecciones desde el 2009. De esta manera, el referéndum permitió un acuerdo político que reabrió el parlamento kurdo que había suspendido sus sesiones hace dos años cuando la oposición se negó a extender el mandato presidencial.

Más allá de la estrategia final de Barzani, el referéndum inicia un nuevo capítulo en la historia de los kurdos en la región. Mientras que estos acontecimientos y sus potenciales resultados muestran las dificultades que implica sostener las fronteras pautadas hace un siglo para la región del Medio Oriente, despiertan también numerosos interrogantes en torno a las posibilidades de paz para la región una vez que termine la campaña militar contra Daesh y el conflicto armado en Siria.

Kevin Ary Levin
Miembro del Departamento de Medio Oriente
IRI-UNLP