Boletin n 48 – Seguridad Internacional y Defensa

Boletin n 48 – Seguridad Internacional y Defensa
ISSN 2468-9858No 48 – mayo/junio 2022
Responsables de la Edición

Coordinador del Departamento:
Juan Alberto Rial
Secretario del Departamento:
Cristian Reyes

En este número encontrará diversos artículos y documentos relativos al periodo referido en el encabezado. Las opiniones escritas por los autores son estrictamente personales y no reflejan, necesariamente, las del Departamen-to o del Instituto de Relaciones Internacionales.

Artículos

La OTAN aumenta su volumen y tensa sus músculos en Madrid

Por Juan Alberto Rial [+] Ver

Uno contra todos y todos contra uno

Por Mariano Corbino [+] Ver

Arquitectura de seguridad y defensa de la Federación Rusa en el espacio postsoviético: el caso de Georgia y la guerra por Osetia del Sur

Por Cristian D. Reyes [+] Ver

¿Cómo estamos en América Latina?: un análisis de su lugar, sus opciones y sus decisiones

Capítulo I.III: China a un lado. Estados Unidos al otro. ¿Confrontación global?

Por Luisa Fernanda Herrera [+] Ver


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DOCUMENTOS

Naciones Unidas

Consejo de Seguridad

Resoluciones

S/RES/2641 (2022)      30 junio 2022       La situación relativa a la República Democrática del Congo
S/RES/2640 (2022)      29 junio 2022       La situación en Malí (MINUSMA)
S/RES/2639 (2022)      27 junio 2022       Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación
S/RES/2638 (2022)      22 junio 2022       Fecha de elección para llenar una vacante en la Corte Internacional de Justicia
S/RES/2637 (2022)      22 junio 2022       Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales
S/RES/2636 (2022)      3 junio 2022          Informes del Secretario General sobre el Sudán y Sudán del Sur (UNITAMS)
S/RES/2635 (2022)      3 junio 2022          La situación en Libia (Autorización de inspección de buques)
S/RES/2634 (2022)      31 mayo 2022      Paz y seguridad en África (La protección marítima en el Golfo de Guinea)
S/RES/2633 (2022)      26 mayo 2022      Informes del Secretario General sobre el Sudán y Sudán del Sur
S/RES/2632 (2022)      26 mayo 2022      La situación en Somalia (UNSOM)
S/RES/2631 (2022)      26 mayo 2022      La situación relativa al Iraq (UNAMI)
S/RES/2630 (2022)      12 mayo 2022      Informes del Secretario General sobre el Sudán y Sudán del Sur (UNISFA)

Informes del Secretario General

S/2022/521      29 de junio de 2022        Actividades de la Oficina de las Naciones Unidas para África Occidental y el Sahel
S/2022/513      27 de junio de 2022        Misión de Verificación de las Naciones Unidas en Colombia
S/2022/504      22 de junio de 2022        Aplicación de la resolución 2334 (2016) del Consejo de Seguridad
S/2022/503      22 de junio de 2022        Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Democrática del Congo
S/2022/492      16 de junio de 2022        Aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad 2139 (2014), 2165 (2014), 2191 (2014), 2258 (2015), 2332 (2016), 2393 (2017), 2401 (2018), 2449 (2018), 2504 (2020), 2533 (2020) y 2585 (2021)
S/2022/491      16 de junio de 2022        República Centroafricana
S/2022/485      15 de junio de 2022        La situación en el Afganistán y sus consecuencias para la paz y la seguridad internacionales
S/2022/481      13 de junio de 2022        Oficina Integrada de las Naciones Unidas en Haití
S/2022/468      9 de junio de 2022          La situación en Sudán del Sur
S/2022/447      1 de junio de 2022          Fuerza de las Naciones Unidas de Observación de la Separación
S/2022/446      2 de junio de 2022          La situación en Malí
S/2022/436      26 de mayo de 2022       La situación en África Central y las actividades de la Oficina Regional de las Naciones Unidas para África Central
S/2022/428      26 de mayo de 2022       La responsabilidad de proteger: dar prioridad a los niños y los jóvenes
S/2022/409      20 de mayo de 2022       Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia
S/2022/400      17 de mayo de 2022       Situación en el Sudán y actividades de la Misión Integrada de Asistencia de las Naciones Unidas para la Transición en el Sudán
S/2022/397      16 de mayo de 2022       Los niños y el conflicto armado en Somalia
S/2022/392      13 de mayo de 2022       La situación en Somalia
S/2022/382      11 de mayo de 2022       Fuerza Conjunta del Grupo de los Cinco del Sahel
S/2022/381      10 de mayo de 2022       La protección de los civiles en los conflictos armados
S/2022/370      3 de mayo de 2022         Evaluación de los progresos logrados respecto de los parámetros de referencia clave enunciados en el párrafo 2 de la resolución 2577 (2021)
S/2022/368      29 de abril de 2022          Aplicación de la resolución 2576 (2021)


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Artículos

La OTAN aumenta su volumen y tensa sus músculos en Madrid

Por Juan Alberto Rial[1]

Un diario español recordaba que en la Cumbre de la OTAN de Londres de 2019, el presidente francés Emmanuel Macron declaraba que la Alianza se encontraba con “muerte cerebral” y era hora de decantarse por la autonomía europea en materia estratégica y militar, y recuperar el diálogo estratégico con Moscú para “reapropiarse de la política de vecindad”1.
Por su parte, el entonces presidente de los EE.UU., Donald Trump, aupado en su política “neoaislacionista” reclamaba a sus socios europeos por el escaso esfuerzo hecho en la defensa común (les recriminaba que pocos cumplían con el compromiso asumido en Gales de llevar sus gastos de defensa al 2% del PBI) a la vez que les hacía notar que los contribuyentes americanos no se harían cargo de su protección de eternamente. En su momento llamábamos la atención sobre las fuerzas centrífugas que ponían en jaque a la organización transatlántica, y concluíamos que la OTAN atravesaba su crisis de los 70 años: no se preveía la celebración de una Cumbre para 2020, se abría un período de reflexión política, para el cual se formaría un Comité de Sabios que buscaría revitalizar la Alianza, y se adoptaba una declaración “edulcorada” donde daba cuenta del compromiso de proteger los países bálticos (preocupados por la persistente amenaza rusa). En ella sigue considerándose a Rusia (a la cual menciona cuatro veces) como la principal amenaza tradicional (“… Las acciones agresivas de Rusia constituyen una amenaza para la seguridad euroatlántica…”), ya que contaba con el reciente antecedente de la aventura de Moscú en la península de Crimea en febrero de 2014, y no se ubica a China aún como una amenaza (la nombra tan sólo en una ocasión), pero expresamente entiende que el rol que hoy ocupa presenta “oportunidades y desafíos” (“…Reconocemos que la creciente influencia de China y las políticas internacionales presentan oportunidades y desafíos que debemos abordar juntos como una Alianza…”)2. Las predicciones de su inminente extinción hoy suenan irracionales, a la luz de dos sucesos: la elección de Joe Biden como presidente de los EE.UU. así como el anunciado retorno de América a la cabecera de la mesa3, y del “cisne negro” que supuso la invasión ordenada por Rusia a Ucrania el 24 de febrero de este año4. Paradójicamente, Rusia, que se sentía amenazada por una OTAN declinante tras el interregno neaislacionista trumpiano salió de su sopor y fue revitalizada por quien buscaba neutralizarlo. Así, la Alianza recibió su aliento de vida y llegó a la Cumbre de Madrid tan lozana e imprescindible para Occidente como en 1949.
A la postre, la decisión del Secretario General de la OTAN, Jens Stotelberg, de poner la posible discusión de un nuevo Concepto Estratégico en Londres en stand by y de convocar al Comité de Sabios para para realizar un ejercicio no oficial de reflexión estratégica: NATO 2030: United for a New Era y, de esa manera, relanzar a la Alianza, terminó siendo extremadamente oportuna, a la luz de los sucesos que señaláramos un poco más arriba. Las conclusiones del Comité se hicieron públicas con la asunción de la presidencia por parte de Biden, y en la Cumbre de Bruselas de 2021 se solicitó a Stoltenberg la revisión del Concepto Estratégico de la Organización. El extenso Comunicado de Bruselas adoptado por los Jefes de Estado de la OTAN el 14 de junio de 2021 pone blanco sobre negro de los pasos a seguir: en sus 37 páginas menciona en diez ocasiones a la República Popular de China, y en 61 a Rusia.
Recordemos que, aparte de lo que venía preparándose en Bruselas, contamos con otros indicios de lo que venía “cocinándose” también fuera de la OTAN: desde setiembre del año pasado los servicios de inteligencia británico y americano llamaban la atención sobre una inminente agresión de Moscú a Kiev; el 9 de diciembre de 2021, Estados Unidos convocó a la Cumbre por la Democracia (con las lógicas ausencias de China y de Rusia), durante la cual el anfitrión señaló que hay datos que indican el declive de la democracia alrededor del mundo y pidió «esfuerzos compartidos para abordar estas preocupaciones» y advirtió que los autócratas trabajan para «promover su propio poder» así como para «expandir su influencia en todo el mundo» buscando «avivar las llamas de la división social y la polarización política».
Por último, la severísima respuesta de Occidente a la aventura rusa en Ucrania, tanto a través de las sanciones económicas como de la monumental asistencia diplomática y militar (a través del envío de una ingente masa de armamento sofisticado) a Kiev.
La finalización del período de reflexión más la “Operación Militar Especial” de Moscú en Ucrania puso a la Cumbre de la OTAN en Madrid5 en el centro de la escena. Allí se produjeron dos sucesos clave: por un lado, el levantamiento del veto turco a la invitación del Consejo Atlántico a Suecia y Finlandia (*) para integrarse a la Alianza6, llena de condiciones y con serios riesgos de trabarse en el futuro, pero con la chance cierta de empezar a materializarse y, por otro lado, la adopción de un Nuevo Concepto Estratégico7, reemplazando al vigente, que fuera adoptado en Lisboa en 2010. Los conceptos estratégicos son vitales para la Organización, ya que:

“… describen la forma en la que la Alianza y los aliados darán respuesta a los retos, amenazas y oportunidades que cada momento histórico plantea a su seguridad y defensa. Codifican lo que ha cambiado en el ambiente de seguridad en los años previos a su adopción y prescriben lo que debe cambiar dentro de la OTAN en los siguientes, a través de directrices políticas y militares para que la organización adapte sus funciones y capacidades al nuevo contexto estratégico…”8.

En el Concepto Estratégico de Madrid, la Alianza toma cuenta de encontrarse en un momento crítico para la seguridad y la paz internacionales, y la estabilidad, señalando la agresión de Rusia a Ucrania como muestra de lo desafiante e impredecible que es el mundo actual. Así indica que, para garantizar la defensa colectiva de los aliados, se adoptará un abordaje de 360°.Se reitera sus funciones de disuasión y defensa; prevención y gestión de crisis y de seguridad cooperativa. Pone al día su visión del ambiente estratégico, dando cuenta de Rusia como la principal amenaza a la seguridad colectiva y de las políticas ambiciosas de la República Popular de China como un desafío a los valores e intereses de la Alianza, todo ello en un escenario que denomina de “competencia estratégica”, donde coexiste dicha competencia (en diferentes niveles) con las amenazas no tradicionales (como el terrorismo o el cambio climático).
Deja claro que, siendo una Alianza Defensiva, no dudará en defender cada centímetro del territorio de los aliados, preservar su soberanía y su integridad territorial y prevalecer contra cualquier agresor. Indica que se fortalecerá significativamente la postura de disuasión y defensa para negar cualquier adversario potencial cualquier posible oportunidad de agresión y señala el rol de “supremo garante” de la seguridad de los Aliados al armamento estratégico nuclear, en particular, el de los Estados Unidos.
Para despejar las dudas de la fortaleza del vínculo euro-atlántico, puesto en cuestión tan sólo tres años antes, el Concepto Estratégico manifiesta que:

“… invertir en la OTAN es la mejor manera de garantizar el vínculo duradero entre los europeos y los aliados de América del Norte, al tiempo que contribuyen a la paz y la estabilidad mundiales. Vamos a seguir reforzando nuestra unidad política y solidaridad y ampliar y profundizar nuestras consultas para abordar todos los asuntos que afectan nuestra seguridad. Nos comprometemos a reforzar consultas cuando la seguridad y estabilidad de un Aliado se ve amenazada o cuando nuestro los valores y principios fundamentales están en riesgo…”.

Cierra diciendo que la OTAN es indispensable para la seguridad euroatlántica. Garantiza la paz, libertad y prosperidad y que, como Aliados, continuarán unidos para defender la seguridad, valores, y el modo de vida democrático.
Hay varios puntos sobre los cuales llamar la atención, en torno a la Cumbre de Madrid. La breve Declaración de la Cumbre (una siete páginas)9 indica que la Alianza ha tenido que reunirse con el retorno de la guerra en Europa, y a la vez que enfatiza la fortaleza del vínculo euro-atlántico, recuerda que la Organización es una alianza defensiva que no representa un amenaza a ningún Estado en particular, y que su art. 5 (el corazón del Tratado, el que establece la Seguridad Colectiva) se mantiene férreamente vigente. De igual modo, condena la agresión rusa a Ucrania, e identifica a Moscú (al cual nombra 11 veces) como la principal amenaza a los aliados, a la vez que enfrenta otras amenazas (terrorismo; amenazas al ciberespacio, así como amenazas híbridas y asimétricas); confirma su apoyo al esfuerzo bélico de Ucrania; reitera la política de puertas abiertas de la OTAN, graficándolo con la invitación a Finlandia y a Suecia a integrarse.
Por su parte, señala los progresos hechos en materia de gastos de defensa (muchos de ellos, acicateados por la agresión rusa a Ucrania) y cabe señalar algo más: la presencia de los socios del Pacífico de los Estados Unidos en su esfuerzo bélico por contener el “desafío” que le representa el Imperio del Centro (al cual menciona una vez en la Declaración Final) en dicha cuenca: Australia, Japón, la República de Corea y Nueva Zelanda. Si bien la OTAN no tiene una “pata” allí, es un claro guiño a la necesidad de coordinar esfuerzos en la disuasión y defensa ante la principal amenaza (Moscú) y el desafío sistémico (Beijing), ya que Washington se ha dotado de herramientas en esa región para encarar un proyecto con otras democracias que también pueden sentirse intimidadas por el gigante asiático10.Sin dudas, ha sido un paso decidido y más que significativo el dado por la Alianza los días 29 y 30 en la capital española. Si bien hemos llamado la atención en la responsabilidad de Washington en la sensación de asedio vivido por Moscú ante las diferentes etapas de ampliación de la Alianza hasta llegar a sus fronteras11, lo cierto es que conceptos del Derecho Internacional que defendemos, como “soberanía” y “autodeterminación”, señalan que todos los Estados son libres de decidir cuáles alianzas y organizaciones desean integrar, sea Ucrania, Moldova, Rusia o cualquier otro. Así como Washington actuó sin vulnerar el derecho, aunque imprudentemente al acompañar la ampliación de la OTAN, Moscú ha actuado irresponsable e ilícitamente al agredir a un Estado soberano, cuya independencia reconociera formalmente en 1991. La persistencia en su agresión a Ucrania y en la ocupación de territorio de su vecino occidental, mientras se comenten delitos de guerra y de lesa humanidad, dan todos los argumentos necesarios para consolidar a la Alianza, la cual saldrá fortalecida (tan así es que si se materializara el ingreso de Finlandia a la OTAN, Rusia pasaría a sumar otros 1.300 kms. de frontera con la Organización) tras las repudiables acciones de Vladimir Putin. La invasión a Ucrania es ilícita, y las fuerzas armadas y el gobierno ruso han cometido su vecino occidental gravísimos delitos por los cuales tendrán que responder tarde o temprano.
Por ello, la condena internacional tiene que ser unánime e indubitable. Es por ello que no queda menos que calificar de lamentables las declaraciones del Papa Francisco al Corriere della Sera, al decir que “ladridos de la OTAN a la puerta de Rusia” provocaron que Vladimir Putin reaccionara mal y lanzara la invasión a Ucrania: “Un enfado que no sé si fue provocado pero quizás facilitado, sí12”, así como las insólitas aseveraciones, al respecto de que “hay que alejarse del patrón normal de que Caperucita Roja era buena y el lobo era malo”13(sin palabras…). También hemos puesto el foco en la patética ambigüedad del gobierno argentino que nunca termina de calificar de invasión la acción rusa sobre Ucrania, ni de condenarla.
Así, el cálculo estratégico de Putin ha resultado erróneo. Ucrania no ha sido ocupada en su totalidad rápidamente, Europa no se ha divido ante el temor del bloqueo energético por parte de Moscú, la OTAN no saldrá debilitada de la ofensiva rusa y, es casi seguro, que Rusia salga del conflicto como un paria internacional y muy vulnerable política y económicamente, forzándolo a ocupar el rol de “socio menor” del Imperio del Centro.
Asimismo, Estados Unidos apresta a sus socios europeos y los encolumna, buscando disuadir a Moscú de una nueva aventura, a la vez que le manda mensajes a Beijing dejando bien en claro que está dispuesto a batallar para conservar el lugar de primera potencia, que lentamente se le escapa de las manos. En tal sentido, la Alianza Euro Atlántica es una herramienta fundamental, ya que como dijera su primer Secretario General, el británico Lord Ismay: la Alianza no era más que un invento anglosajón “para mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo14”. Tras casi 33 años tras la caída del Muro de Berlín, la necesidad de “mantener a los rusos afuera” parece hoy, lamentablemente, tan vigente como en 1945.
En tal sentido es significativo lo manifestado al final del Prefacio del nuevo Concepto Estratégico:

“Nuestra visión es clara: deseamos vivir en un mundo donde la soberanía, la integridad territorial, los derechos humanos y el derecho internacional sean respetados, y donde cada país pueda elegir su propio rumbo, libre de la agresión, coerción o subversión. Trabajaremos con todo aquél que comparta esos objetivos. Permanecemos juntos como Aliados para defender la libertad y contribuir a un mundo más pacífico.”

Podríamos señalar que las conclusiones de Macron en Londres, en 2019 fueron, en el mejor de los casos, temerarias, y que “los muertos que vos matáis, gozan de buena salud”. El presidente francés fue testigo, en Madrid, de que la OTAN, al igual que Lázaro, tras haber estado muerta, “se levantó y anduvo”, Donde se detendrá, hoy es difícil de saber.

Referencias:

(*) Actualmente son miembros de la OTAN Estados Unidos, Canadá, Alemania, Portugal, España, Reino Unido, Italia, Bélgica, Albania, Dinamarca, Francia, Estonia, Croacia, Grecia, Islandia, Noruega, Países Bajos, Bulgaria, Rumania, República Checa, Hungría, Letonia, Turquía, Lituania, Luxemburgo, Montenegro, Macedonia del Norte, Polonia, Eslovaquia y Eslovenia, y ahora se ha cursado la invitación a Suecia y Finlandia para integrarse.
1Ver El precario renacimiento de la OTAN | Opinión | EL PAÍS (elpais.com)
2Ver https://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2019/12/rial_articulo.pdf
3Ver “La Gestión de la Fuerza en la actual Transición Intersistémica hacia un Nuevo Orden Internacional”, Rial, J.A. en https://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2021/03/bolSyD40.pdf
4Ver “90 días de guerra: apuntes de la invasión rusa a Ucrania”. Rial, J.A. en https://www.iri.edu.ar/wp-content/uploads/2022/05/bolSyD47.pdf
5Como dato de color, podemos señalar que la Cumbre tienen lugar en Madrid en conmemoración de los 30 años del ingreso de España a la Alianza euroatlántica.
6Ver Cumbre de la OTAN: Turquía levanta el veto a las candidaturas de Suecia y Finlandia en Madrid | Internacional | EL PAÍS (elpais.com)
7Ver https://www.nato.int/nato_static_fl2014/assets/pdf/2022/6/pdf/290622-strategic-concept.pdf
8Ver La OTAN se actualiza: el Concepto Estratégico de Madrid – Real Instituto Elcano
9Ver NATO – Official text: Madrid Summit Declaration issued by NATO Heads of State and Government (2022), 29-Jun.-2022
10Ver “AUKUS, el Tridente Anglosajón en el Pacífico”, RIAL, J.A. en bolSyD45.pdf (iri.edu.ar)
11Ver https://www.iri.edu.ar/index.php/2022/02/24/reflexiones-sobre-los-sucesos-en-la-europa-oriental/
12Ver https://www.infobae.com/america/mundo/2022/05/04/el-papa-francisco-dijo-que-el-posible-origen-de-la-invasion-de-putin-a-ucrania-fueron-los-ladridos-de-la-otan-a-las-puertas-de-rusia/
13Ver El papa Francisco dijo que la invasión rusa a Ucrania “de alguna manera fue provocada” – Infobae
14Cabe preguntarnos cuán abajo y por cuánto tiempo podrán mantener a Alemania, ya que tras la agresión rusa del 24 de febrero, Berlín ha encarado un serio proceso de rearme que lo dejará como la principal potencia militar europea, aunque sin armamento nuclear. Ver Alemania se rearma | Olaf Scholz anuncia una inversión de 100 000 millones de euros en defensa | Euronews


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Uno contra todos y todos contra uno

Por Mariano Corbino[2]

Introducción

El año 2021 Rusia comenzó a tener una marcada presencia en la frontera con Ucrania, lo que derivó en el año 2022, más precisamente el 24 de febrero, en el ingreso de tropas rusas dentro del territorio ucraniano.
Es preciso recordar que, con anterioridad, Rusia ya había invadido una zona de Ucrania, la península de Crimea, lo que provocó una guerra civil que continúa en estos días desarrollándose y data de la adhesión de Luhansk y Donetsk.

DESARROLLO

Al momento de escribir sobre este tema que día a día continua cobrándose víctimas inocentes, hombres, mujeres y niños que han quedado presos de prácticas militares que uno deseaba que queden en el pasado, en la época de guerra fría y que no deberían estar repitiéndose en pleno siglo XXI.
En este contexto surgen recuerdos de mis años de grado donde comenzaba a estudiar las relaciones internacionales y las diferentes visiones con las que el mundo era visto por los actores de esas épocas.
Los realistas y los idealistas visiones distintas para llevar adelante un mundo que, con la llegada de la Naciones Unidas y todos los organismos satélites pensábamos que iban a contener este tipo de actividades militares.
Pasaron 116 días de aquél 24 de febrero y hoy 20 de junio, seguimos viendo como nada ha cambiado o mejor dicho, la vida de muchos ha cambiado, por las bombas que han caído de un lado y del otro de esta guerra que nos sigue pareciendo absurda, donde uno (Rusia) contra todos (el resto del mundo) sigue amenazando con una posible tercera guerra mundial o con desabastecer al mundo de alimentos, gas, etc.
Y esas instituciones siguen apretando el cinturón para asfixiar, al viejo oso que parece herido, pero sigue adelante y donde nuevamente uno (Putin) contra todos (ciudadanos de Rusia y del mundo) quedan a merced de un presidente que a cómo de lugar intenta que un Estado no se adhiera a la Unión Europea y avance hacía mejores rumbos tanto como país como para sus ciudadanos.
Si bien hay varias causas por las que Rusia invade Ucrania, tanto políticas, económicas, estratégicas, geográficas ninguna justifica la muerte de inocentes, y mucho menos querer volver a un status quo anterior a la globalización posterior a la caída de la ex Unión Soviética, dado que se ha trabajado mucho para que el mundo sea más pacífico y contener este tipo de situaciones.
Lamentablemente para los realistas, la historia la escriben los que ganan y el derecho corresponde a los poderosos o las decisiones y sin dudas vemos como un Estado que posee armas de destrucción masiva, con la amenaza de desatar una guerra nucleas, aún sabiendo que podría significar una destrucción mutua asegurada, al menos lo usa como escudo para seguir atacando a un Estado que decidió no solo unirse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), sino a la Unión Europea (UE).
El problema que estamos viendo es que por el momento las sanciones no parecen ser un inconveniente para Rusia, la última sanción que propuso la Comisión Europea fue con un “nuevo paquete de sanciones contra Rusia que incluye por primera vez un veto a las compras de petróleo ruso, aunque contempla que se aplique de manera progresiva y con ciertas excepciones[3]”.
Sin dudas aplicar el artículo 41 del capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas[4] es el paso previo si así lo considerara para utilizar el artículo 42 y es por eso que desde el año 2014 viene imponiendo.
Habrá que ver hasta donde está dispuesto el mundo a apretar el grifo para ahogar a Rusia y hasta donde Rusia esta capacitado para soportar esta asfixia tanto en el comercio, como el transporte, la defensa, la energía, las finanzas y las personas o empresa.

CONCLUSIÓN:

Se supone que el mundo evoluciona, que las personas lo hacen, que, si bien la nostalgia por el pasado es, en muchos casos, añoranza de lo perdido, se debe recordar que el ser humano y el mundo avanzan como las agujas del reloj y el paso del tiempo es inexorable.
El muro de Berlín cayó, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas también, así como las colonias de ciertos Estados de Europa y así podríamos hacer un racconto de todo lo que el mundo de la guerra fría dejó atrás y creó para ayudar al mundo a no vivir nuevamente guerras que solo dejaron destrucción y muerte a su paso.
Uno contra todos, contra los demás Estados, contra su propio pueblo, sus propios empresarios.
Si alguien se topa con un oso hay varias estrategias para intentar no ser alcanzado y una sola para vencerlo, si lo trasladamos a las relaciones internacionales, podría ser por un lado continuar asfixiando con sanciones hasta que el mismo pueblo se vuelva en contra o como dicen ante acorralamiento y donde no quede otra acción que enfrentarlo, intentar golpearlo en el hocico como última opción, que, si sale mal desataría aún más la fuerza del oso herido.
El complejo mundo de las relaciones y balanzas de poder en las relaciones internacionales, nos seguirá acompañando hasta el fin de nuestros días, en este caso particular veremos como la diplomacia y la real politik continúa intentando salvar al mundo o no.


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Arquitectura de seguridad y defensa de la Federación Rusa en el espacio postsoviético: el caso de Georgia y la guerra por Osetia del Sur[5]

Por Cristian D. Reyes[6]

El mundo postsoviético engloba conflictos periféricos de difícil resolución desde el orden internacional. La política pragmática de corte realista puesta en funcionamiento por Vladimir Putin desde el año 2000, presupone un equilibro de poder en la proyección de dominios de su entorno cercano. La esfera de influencia de la Federación Rusa funciona como muro de contención ante el expansionismo de organizaciones militares defensivas occidentales como la OTAN, que busca minar y desestabilizar zonas de importancia geoestratégica, elevando la confrontación regional a niveles tan disruptivos como críticos.
En este aspecto coyuntural, el conflicto armado entre la Federación Rusa y Georgia en 2008, por el enclave osetio en el sur, que también alcanzó a la región de Abjasia, configura un propósito para las acciones bélicas en rededor de espacios geopolíticos de suma relevancia para el tablero internacional, en donde la implicancia de actores regionales y extrarregionales augura enfrentamientos continuos por el dominio y control de espacios geográficos que representan no solo problemáticas identitarias de índole cultural-nacionalista; sino también, conflictos de matriz hidrocarburífera, gasífera y comercial.
Desde este prisma de análisis, y abocándonos específicamente a la territorialidad como nervio en constante tensión, Georgia representa, junto a Bielorrusia y Ucrania, una condición de pivote geopolítico en el entramado fronterizo con el mundo occidental, al configurarse como un actor de alta proximidad y vulnerabilidad para los límites tolerables de la Federación Rusa en materia de seguridad y supervivencia (Hutschenreuter, 2019).
El desmembramiento de la Unión Soviética (URSS) en las postrimerías del siglo XX, propició la independencia de varias repúblicas que estaban encorsetadas bajo el yugo soviético[7]; de esta manera, Georgia, pasó de ser una república socialista a consolidarse como un estado soberano en el año 1991. Su conformación multiétnica y multicultural lejos estuvo de fortalecer la integridad territorial, y la autonomía estatal alcanzada se vio fragmentada ante las aspiraciones secesionistas de enclaves como Osetia del Sur, Abjasia y Ayaria[8], regiones con independencias de facto dentro del territorio georgiano.
La convulsa independencia de Georgia estuvo signada por una violencia inusitada, la cual se reflejó en golpes de Estado, guerras civiles, revoluciones, nacionalismos, secesiones, y una presencia intimidante de la flamante Rusia, en pos de apadrinar el auge de movimientos independentistas que garantizaban la esfera de influencia estratégica. De esta manera, el espacio postsoviético entraba en una nueva órbita de coerción y cohesión social, en donde los grupos separatistas contaban con apoyo logístico, político y diplomático en el mantenimiento de hecho de sus autoproclamadas repúblicas autónomas, las cuales se habían configurado en el antiguo entramado territorial soviético.

Aspectos identitarios de osetios y abjasios

La turbulencia territorial de esta región del Cáucaso, encuentra raíces culturales e identitarias que se relacionan con las fuerzas profundas y los factores ideacionales de cada pueblo. El sentido de pertenencia, los rasgos lingüísticos y la arbitraria delimitación geográfica, han hecho que la constitución de Georgia como estado soberano se encuentre fragmentada en zonas que reivindican un estatus autónomo discutido por la comunidad internacional, en donde los nacionalismos se alzan como el leitmotiv de la supervivencia étnica.
En este sentido, las reivindicaciones territoriales de Abjasia y Osetia del Sur están respaldadas fuertemente por sus particularidades culturales. Las aguas del mar Negro bañan las costas de los abjasios, descendientes de los circasianos[9], minoría étnica proveniente del noroeste del Cáucaso; en tanto, los osetios, residen en el interior montañoso de Georgia, al norte de Tiflis, y son descendientes de los alanos[10], un grupo etnolingüístico iranio (Cuenca, 27/02/2020).
Desde principios del siglo XX, Abjasia pasó a formar parte de la URSS con el estatus de república autónoma, primero dentro de Rusia y luego, a partir de 1931, de Georgia. Desde entonces, Abjasia será víctima de las políticas soviéticas de georgianización, que tenían por objetivo la homogeneización étnica dentro del territorio georgiano, incluyendo el cierre de escuelas abjasias o la designación de oficiales georgianos para los puestos clave de Gobierno. No sería hasta la caída de la URSS que se invierta esta tendencia: la relación entre Abjasia y Rusia mejoró. El clima subtropical de la región y su proximidad al mar Negro la convirtió en un gran atractivo para el aparato político soviético por dos razones clave: ser un área idónea para el turismo y para la explotación agrícola (Ibíd.)
El caso de Osetia guarda algunas diferencias políticas, administrativas y territoriales que se enmarcan en la era estalinista cuando la región fue dividida en dos, quedando constituida al sur una provincia autónoma perteneciente a la República Socialista de Georgia; y otra al norte, con un rango administrativo superior, integrada al territorio de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia. La desintegración de la URSS y la posterior independencia de Georgia, provocarían una gran crisis política y un estallido revolucionario en Osetia del Sur, quien buscaba la unión con su hermana del norte en territorio ruso, situación que la incipiente nación georgiana no estaba dispuesta a tolerar por considerarla lesiva a su integridad territorial.
Finalmente, y ante un proceso de enfrentamientos que aglutinó el desconocimiento de autoridades constituidas y golpes de Estado, Osetia del Sur proclamó su independencia en noviembre de 1991, mientras que Abjasia lo hizo en julio de 1992. En esta coyuntura, el nacionalismo georgiano forjó una intervención militar apoyada por el gobierno para recuperar los territorios secesionados que consideraba como propios, lo cual derivó en una guerra de guerrillas entre el ejército georgiano y las milicias abjasias y osetias. La incapacidad de las tropas georgianas para controlar el territorio sublevado y la ayuda encubierta de Rusia a las repúblicas separatistas provocó, además de miles de muertos, 250.000 desplazados georgianos, la destrucción total de estructuras críticas, y la retirada del contingente georgiano de Osetia en 1992, y de Abjasia en 1993, sumado a un acuerdo de alto al fuego[11] (Arancón, 09/12/2014).

Figura Nº 1: Mapa de Georgia tras la independencia de Abjasia y Osetia del Sur


Fuente: EOM (2014) https://elordenmundial.com/el-caucaso-hervidero-sin-solucion-la-vista/

Proceso de occidentalización georgiano: la Revolución de las Rosas

Tras años tormentosos luego de su independencia en 1991, Georgia pasó de tener un presidente nacionalista como Zviad Gamsajurdia, a uno fuertemente vinculado con Moscú y las tendencias soviéticas. Luego de la guerra civil y las desavenencias fronterizas, políticas, culturas y multiétnicas con las regiones separatistas, un golpe de Estado destituyó a Gamsajurdia y colocó en el poder a Eduard Shevardnadze, colaborador estrecho de Mijaíl Gorbachov en la planificación de la perestroika[12].
Si bien, Shevardnadze era un político georgiano de raigambre comunista y había formado gabinete en las esferas más altas del politburó soviético, su gestión se fue acercando tibiamente a las instituciones occidentales, principalmente, a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Sin embargo, la debilidad estructural del estado, la fragilidad económica, la carencia energética y las guerras intestinas que desangraban la extensión territorial, coadyuvando a la inestabilidad integral de la nación, provocaron la aparición de clanes mafiosos que, al servicio de funcionarios corruptos, sumieron al país en un descalabro institucional, alejándolo definitivamente de la esfera occidental.
El proceso electoral parlamentario del año 2003, sería el punto de inflexión para el deteriorado gobierno de Shevardnadze; si bien, las elecciones dieron como ganador a su partido con el 21% de los votos, su opositor y ex ministro de Justicia, Mijeíl Saakashvili, obtuvo el 18%. Ante sospechas de corrupción, los comicios fueron denunciados como fraudulentos y posteriormente la OSCE[13] confirmó las irregularidades. La situación desencadenó en manifestaciones y protestas tanto en la capital, Tiflis, como en el resto del país. Ante la neutralidad del ejército, Saakashvili y sus aliados tomaron el Parlamento prometiendo nuevas elecciones, dando origen así a la “Revolución de las Rosas”[14] (Salamanca, 14/10/2018).
El viraje occidental de la nación georgiana a manos de Saakashvili, supuso un quiebre para la órbita rusa y un claro desafío a sus intereses geopolíticos. Según Cheterian (2007), Georgia buscaba una nueva identificación basada en una transformación social y política:

El deseo de los georgianos de integrar Occidente es político, pero también ideológico y afectivo. Pertenecer a Occidente significa sumarse a un mundo considerado moderno, y dejar atrás un pasado soviético vivido como arcaico. Es una reacción del imaginario ante todos los flagelos que padece esa nación, el primero de los cuales sería Rusia, a la que se sigue percibiendo como soviética.

El objetivo de occidentalizar a Georgia llevó al país a moldear lineamientos propios de las democracias liberales, basado en un programa económico neoliberal al estilo norteamericano y en una reestructuración integral tanto de la política doméstica como exterior. Al mando de Saakashvili[15], el país caucásico enarboló la bandera de la integridad territorial y optó por un alineamiento total con la OTAN, la Unión Europea y, fundamentalmente, con Estados Unidos.
En este aspecto, la revolución trajo aparejado un cambio sustancial para la política georgiana en sus diversas esferas de influencia, tanto en el plano regional como internacional. Siguiendo a Cheterian (2007):

En pocos años la joven “revolución de las rosas” impuso verdaderos cambios: el Estado afirmó su poder tanto en el interior del país como en el plano internacional. Logra recaudar impuestos, pagar regularmente los salarios de los funcionarios públicos y poner en ejecución proyectos de infraestructura. Además, lleva adelante un enérgico combate contra la corrupción, uno de los más duros fracasos del pasado régimen. Sectores enteros fueron desmantelados y reformados: se disolvieron el ejército y la policía -antaño los símbolos más visibles de la corrupción y de la incuria del Estado- y se reclutaron nuevos oficiales.

La nueva visión geopolítica ligada a los intereses nacionales y al acoplamiento con el mundo occidental, también propició la homogeneización de la población, restaurando la integridad geográfica de Georgia mediante el retorno de los refugiados y la implementación de una política más asertiva hacia las distintas comunidades del entramado multiétnico. De esta manera, el país se posicionaba como un actor confiable para el sistema internacional, basado en la trascendencia estratégica de su posición regional y en el fortalecimiento de las instituciones democráticas.
La centralidad geopolítica en el Cáucaso, le da a Georgia una característica de pivote que le permite hallarse en medio de un trazado de oleoductos y gasoductos[16]; por lo cual, la importancia geoestratégica en materia gasífera e hidrocarburífera, simboliza una ruta de abastecimiento sustancial para la seguridad energética europea. Desde este enfoque, y con la llegada de Saakashvili, tanto la Unión Europea como los Estados Unidos, buscaban un distanciamiento concreto de la esfera moscovita.
La postura pro-occidental del presidente georgiano, también se vio reflejada en un considerable incremento presupuestario en materia de recursos duros, tanto en el aumento de efectivos militares como en la renovación y modernización de armamento. Con esta decisión política, Saakashvili planeaba incursionar en los mandamientos y estándares de la OTAN[17]. En este sentido, el aumento en los gastos de defensa tenía otro objetivo manifiesto: terminar definitivamente con la secesión de las repúblicas que se autoproclamaron independientes y reinstalar la integridad territorial[18].

Nueva era para la “madre Rusia”

Con la llegada del nuevo milenio, y en una coyuntura internacional signada por el cambio de paradigma en materia de seguridad y defensa ante los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el World Trade Center, la Federación Rusa, de la mano de su flamante líder, Vladimir Putin, encauzaría una nueva senda de reestructuración política y económica, en donde los intereses nacionales, conjugados con los factores identitarios y los imperativos estratégicos, serían la amalgama del renacimiento como potencia euroasiática.
El firme propósito de dejar atrás una Rusia débil y servil a los intereses del capitalismo financiero occidental, llevó a Putin a retomar los principios históricos de la nación y a velar por un posicionamiento dominante en el sistema internacional. En palabras de Núñez Villaverde & Carrasco (2008: 83):

A diferencia de Yeltsin, Putin accedió a la presidencia rebelándose contra la idea de una Rusia convertida en una potencia de segundo nivel, más preocupada por evitar su definitiva desintegración que por ocupar un lugar entre los grandes. Entendiendo que a Rusia le corresponde, por historia y por capacidad propia, un papel protagonista a escala mundial, ya desde sus primeros días en el cargo dejó claro su propósito de aumentar la influencia rusa en los asuntos internacionales, y más específicamente en la región euroasiática.

Para lograrlo, partía de realidades tan básicas como el hecho de que Rusia seguía siendo una considerable potencia nuclear (sólo por debajo de Estados Unidos) y uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (con su derecho de veto como privilegio más preciado). A esto, se le añadía, aprovechando una favorable coyuntura económica internacional, el factor derivado de una enorme riqueza en hidrocarburos que no dudó en convertir, en la práctica, en su más preciada arma estratégica (Núñez Villaverde & Carrasco, 2008: 84).
El restablecimiento de la dignidad nacional, obligó al líder ruso a desatar una persecución doméstica contra la oligarquía que había hecho negocios espurios con resultados leoninos para la nación, llevándola a una humillación intolerable. En este aspecto, la recuperación del poderío estatal también se entrelazó con una política exterior más asertiva y disuasiva, generando presencia en el entorno cercano e ingresando a las cadenas de valor global.
Desde este enfoque, el ascenso de Putin consolida el posicionamiento de la idea de un Estado fuerte como polo del proyecto de identidad rusa, considerando como tal un Estado que cuenta con poder militar, con efectividad legal y administrativa, con símbolos visuales de la grandeza rusa y con conciencia de una destacada tradición cultural (Kasianova, 2001; en Zubelzú, 2008: 150).

Figura Nº 2: Antecedentes inmediatos del conflicto. Distribución de capacidades operativas y zonas en disputa (Diciembre de 2006).


Fuente: Le Monde Diplomatique (2006) https://mondiplo.com/georgia-rusia-las-razones-de-la-escalada

Guerra en Osetia del Sur: pragmatismo ruso en el entorno estratégico

Los prolegómenos del conflicto militar que enfrentó a la Federación Rusa y Georgia en 2008, en el enclave territorial de Osetia del Sur, encuentran su razón de ser en factores decisionales de la política exterior y en la coyuntura geopolítica de la región caucásica. Desde este prisma, el proceso de occidentalización implementado por los georgianos a partir de la revolución de las rosas, con una marcada tendencia al ingreso de las estructuras euro-atlánticas (UE – OTAN), y una política férrea de coerción contra las regiones secesionistas de Abjasia y Osetia del Sur, dio margen a una reacción rusa por la reafirmación de sus intereses en su espacio natural de influencia más próximo, entendiendo que el avasallamiento del mundo occidental sobre sus fronteras representaba una cuestión de seguridad y supervivencia nacional.
En los meses previos al conflicto armado, se produjeron algunos episodios que llevaron los niveles de tensión al paroxismo. El 20 de abril, un avión de reconocimiento georgiano fue derribado en Abjasia. En un primer momento, el gobierno georgiano negó la noticia, aunque al día siguiente, otro caza fue abatido, esta vez por un MIG29 ruso. Durante el mes de julio, el Ejército Federal realizó ejercicios militares en la frontera con Georgia que pusieron en guardia al gobierno de Saakashvili. Y el 4 de agosto, las tropas rusas ya se encontraban apostadas en la única vía de comunicación entre Georgia y Rusia: el túnel de Roki, que se conecta con Osetia del Norte (Priego, 2008).
La crisis de agosto desembocaría en los primeros combates entre los independentistas osetios y el ejército georgiano. El día 7, los enfrentamientos se generalizaron y Georgia inició una operación militar contra Osetia del Sur para restaurar el orden constitucional. La política de cercamiento del presidente Saakashvili tenía como fin obligar a los surosetios al cese de las hostilidades, sumiéndolos en un asedio militar para negociar un alto al fuego, lo que provocó las primeras víctimas fatales entre civiles y militares. En pocas horas, las fuerzas georgianas habían ocupado varias localidades en torno a Tsjinvali, la capital surosetia, y la televisión georgiana anunció el control de las ciudades de Muguti, Dmenisi, Didmukha, Okona, Akut y Kohati (Arteaga, 2008).
En la madrugada del 8 de agosto comenzaría la respuesta rusa. Un contingente de militares llegaría al teatro de operaciones desde Osetia del Norte, pasando por el túnel de Roki[19]. Los aviones georgianos sólo pudieron derribar el puente de Gufta para desviarlos de la ruta directa a Tsjinvali, pero la aviación rusa intervino a partir de las 10:00 horas apoyando a las fuerzas que combatían en torno a Tsjinvali, bombardeando objetivos estratégicos dentro de territorio georgiano, como la estación de radar de Shavshvebi, a unos 30 kilómetros de la ciudad portuaria de Poti, y los depósitos de combustible de esa ciudad (Ibíd.).
Con la llegada de las tropas rusas y la intensificación del ataque aéreo, el contingente georgiano comienza a replegarse y la orientación de la batalla cambia de rumbo; Georgia empieza a comprender que no puede ganar la guerra y modifica su actitud hacia el orden internacional, solicitando ayuda extranjera para acabar con el conflicto por vía diplomática.
A primera hora del día 9, las fuerzas rusas controlaron la ciudad de Tsjinvali y comenzaron a limpiar las bolsas de resistencia de los alrededores donde continuaron los combates. Se ampliaron las acciones aéreas sobre las tropas georgianas en Osetia, sobre objetivos estratégicos en territorio georgiano y, por primera vez, sobre Abjasia, donde la aviación rusa y los independentistas surosetios atacaron a las fuerzas georgianas desplegadas en el valle de Kodori. Ante la situación militar desfavorable en todos los frentes, el Ministro de Defensa georgiano ordenó el abandono de Tsjinvali (Arteaga, 2008: 7).
El día 10, las tropas georgianas comenzaron a abandonar Osetia del Sur perseguidas por combatientes rusos y surosetios, mientras que las fuerzas navales rusas reforzaron los contingentes desplegados en Abjasia como mantenedores de la paz, bloqueando los accesos marítimos a Georgia. Para aumentar la presión, las autoridades abjasias decretaron la movilización, urgieron a las fuerzas policiales georgianas a abandonar su territorio y enviaron sus tropas para desalojarlas del valle de Kodori. Finalmente, el presidente georgiano Saakashvili, presentó la retirada como una decisión unilateral para facilitar la negociación de una tregua (Ibíd.).
Aunque la reacción rusa en un primer momento se centró en Tsjinvali, pronto alcanzó otros puntos estratégicos de Georgia como el puerto de Poti, Gori y los alrededores de Tblisi, todos ellos de gran valor estratégico. Los bombardeos rusos fueron constantes y Human Rights Watch (HRW) acusó al ejército federal de utilizar bombas de racimo.
Por su parte, los rebeldes abjasianos aprovecharon la ocasión para lanzar un ataque contra las fuerzas georgianas establecidas en el desfiladero de Kodori. Se trataba de abrir el camino a las fuerzas rusas que llegarían a Abjasia el día 11 de agosto. Rusia había bloqueado a Georgia en menos de cuatro días por tierra, mar y aire (Priego, 2008: 2).
Finalmente, el 12 de agosto, mientras la perturbación y destrucción de medios georgianos de mando y control impidió a Tbilisi contar con una visión de la situación militar, las fuerzas rusas ocuparon ciudades y puntos estratégicos; Moscú comenzó a considerar las propuestas de mediación, las cuales se multiplicaron tras el alto el fuego unilateral de Georgia, a partir de entonces todos los avances rusos parecían destinados a ocupar territorio georgiano, y a las 12:53 horas, el Presidente Medvedev puso fin a las operaciones militares, salvo para casos de autodefensa; con lo cual, finalizaron los enfrentamientos abiertos (Arteaga, 2008: 8).
El acuerdo que permitió el alto al fuego fue firmado por el presidente ruso, Dimitri Medvedev, y su par georgiano, Mijeíl Saakashvili, resultando como mediador y garante del mismo el presidente francés, Nicolás Sarkozy. De esta manera, los actores implicados en combate suscribieron el cese de hostilidades y la Federación Rusa reconoció oficialmente a Osetia del Sur y Abjasia como repúblicas independientes[20], asegurando su área de influencia y el patrocinio de los enclaves estratégicos.

Figura Nº 3: Teatro de operaciones. Batallas decisivas (agosto de 2008).


Fuente: El Mundo (2008). https://www.elmundo.es/elmundo/2008/08/10/internacional/1218363628.html

Reflexión Final

A la luz de los acontecimientos analizados, resulta insoslayable ponderar el fenómeno de la guerra como medio para la proyección de poder absoluto. La utilización de todas las vertientes que hoy forman parte de su conglomerado operativo, nos demuestra cómo la articulación de recursos duros, armamento sofisticado, planeamiento estratégico, distracción informativa y tácticas irregulares que combinan el hackeo informático con la destreza híbrida, en su vertiente convencional y no convencional, pueden destruir cualquier escenario adverso.
En Georgia, la Federación Rusa apeló al pragmatismo y llevó a cabo una guerra no lineal que combinó distintos vectores operativos, ensamblando, por un lado, la comunicación estratégica para generar confusión, desorientar al adversario y elevar el espíritu de la nación; y, por el otro, la subversión política de las repúblicas separatistas para fragmentar el territorio y actuar deliberadamente con un arsenal militar sofisticado.
En este sentido, el ámbito de aplicación estratégica de los rusos se relacionó con el engaño y la distracción, en una cultura de incursión táctica militar conocida como maskirovka[21], en la cual, el factor sorpresa aglutina vectores de convergencia que tienen como objetivo principal mantener al enemigo en estado dubitativo, plantando la desconfianza en sus propias capacidades para elaborar cálculos erróneos, durante el transcurso de las acciones bélicas.
En esta nueva era de conflictos armados con características híbridas e irregulares, los actores de peso en el sistema internacional buscan consolidar sus espacios de influencia en rededor de estrategias y conceptos que garanticen no solo la hegemonía regional, sino también la disputa por el poder global, en donde los intereses nacionales alcanzan una visión realista que pendula entre la supervivencia y la acumulación de poder.
Con la victoria en territorio georgiano, la Federación Rusa sepultó las aspiraciones occidentales del país caucásico y mandó un claro mensaje a las instituciones euro-atlánticas con la utilización de la fuerza armada en su expresión más cruda. En este sentido, la guerra como medio en las relaciones internacionales continúa siendo una opción latente para disuadir, dominar y contrarrestar cualquier acercamiento que resulte crítico a las fronteras establecidas; más aún, cuando están en juego los rasgos identitarios, culturales y nacionales de un país con reminiscencias imperiales.

Referencias bibliográficas

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_ Zubelzú, Graciela (2008). Rusia y la definición de sus intereses nacionales: la búsqueda de una guía en clave identitaria, pp. 142-170; en Fuerzas profundas e identidad. Reflexiones en torno a su impacto sobre la política exterior. Un recorrido de caso – Anabella Busso… [et al.] – Universidad Nacional de Rosario Editora.


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¿Cómo estamos en América Latina?: un análisis de su lugar, sus opciones y sus decisiones

Capítulo I.III: China a un lado. Estados Unidos al otro. ¿Confrontación global?

Por Luisa Fernanda Herrera[22]

Este trabajo se ubica en el medio, entre dos puntos geográficos, políticos y económicos importantes en el mundo globalizado actual, cada uno, ubicado en un extremo del planeta. Diametralmente lejanos, China y Estados Unidos son hoy por hoy quienes rigen la dirección de la economía global. Es clara la existencia de una guerra comercial entre estos dos países, guerra que se acentúa aún más con las claras intenciones por parte de Estados Unidos, de evitar, a toda costa, el avance de China en su curso de emergencia como potencia económica única. Y es que lo que sucede hoy por hoy, es que donde opera China suceden cosas y Estados Unidos lo sabe: China ha sabido adueñarse de todas las patentes y toda la nueva tecnología que va poniendo “a rodar” en el mercado global, Estados Unidos; la mano de obra china, además de ser muy barata (lo que la hace muy competitiva a nivel mundial pero en detrimento de la propia sociedad china), es muy disciplinada y desde hace ya bastante, siempre se plantea su propia diagonal hacia su destino, ser un país desarrollado. Esa es la más importante apuesta que hace China. Estados Unidos, por su parte, la vigila de cerca (vigila, por ejemplo, sus desarrollos militares) y sabe muy bien que su competencia estratégica hoy es China.
El trabajo barato, como señala Chun solo pudo constituir una potencial ventaja comparativa para China en medio de un contexto de un mercado global explotador. (Chun, 2006, pág. 318)
China por su parte ya no impulsa o publicita el comunismo, sino que por el contrario, hace cada vez más, un fuerte llamado a los inversores extranjeros y el libre mercado, mientras Estados Unidos (“un burro hablando de orejas”) la llama imperialista. China se ha ido acostumbrando al éxito económico permanente, en tanto Estados Unidos desde hace varias décadas viene teniendo un presupuesto de la nación desequilibrado; las dos potencias, una frente a la otra, son vulnerables, se pueden dañar mutuamente, y aún, cuando saben esto, ninguna de las dos quiere ceder en el ajedrez de poder. La debilidad China, yendo al caso, es que su grandilocuente camino económico, lo ha hecho a través del capital de las grandes multinacionales occidentales (el corazón de las más importantes multinacionales del mundo está en China), y es ahí donde está su dependencia del capital extranjero, es ahí donde está su talón de Aquiles. Estados Unidos, por su parte, no solo no ha logrado “poner de acuerdo” su equilibrio fiscal, sino que tampoco ha logrado poner de acuerdo a sus aliados en contra de la marea china. El orden global que le dio a Estados Unidos la gloria que experimentó durante los años 90’s se está resquebrajando, y sea una buena noticia o no, China ni ideológica ni pragmáticamente, busca enfrentar ese modelo capitalista norteamericano.
China y Estados Unidos divergen en su concepción del mundo. Desde los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos admite aún menos que antes las críticas a su autoridad.

Por su parte, China sigue viendo dibujado un movimiento de mundialización dominado por Estados Unidos, que tiene implícitas dos tendencias contradictorias: tendencias a la multipolarización, y por otro lado, esfuerzos recurrentes de la superpotencia para contrarrestarlas. Aun manteniendo relaciones pacíficas con la superpotencia, China se coloca de manera natural en el campo multipolar, con lo que existe una contradicción entre China y EE.UU. aun cuando no sea vista como antagonista y Pekín tampoco llame a las fuerzas favorables a la multipolaridad para formar un frente. (Domenach, 2006, págs. 179-181)
Domenach afirma que más allá de las particularidades formales, el proyecto de la política china se ha hecho más ambicioso. El autor dice que mejor y más aún que las declaraciones oficiales chinas, la evolución de la relación chino-americana muestra que China juega ahora con el mayor imperio del planeta, una partida de alto nivel y de amplitud mundial. (Domenach, 2006, pág. 164) Estados Unidos, sigue Domenach, es la hiperpotencia del mundo posterior a la guerra fría, mientras que China es un país, inmenso por su espacio, su población y sus ambiciones, pero que no ha terminado su desarrollo. China no posee la fuerza de atracción necesaria para la formación de una alternativa global y un bloque de alianzas, y aunque sepa recabar apoyos, hace su propio juego en el mundo tal como es: un mundo que ha elegido defender frente a una amenaza terrorista. (Domenach, 2006, pág. 165)
A principios de la década de los años 2000’s, momento álgido en el campo de las relaciones internacionales a causa de la aparición de un nuevo enemigo global, el terrorismo, la diplomacia americana acepto la mano que se le tendía desde China y restableció el contacto con dicho país. El secretario de Estado de los EE.UU de ese momento, Powell, viajo a Pekín. Para el año 2006, momento en el que escribe Domenach, China sigue siendo un “socio” de Estados Unidos, tan peligroso como útil, al que vigila de cerca y al que se cuida cada vez que se torna necesario. Ambos países tenían entonces interés en volver a la “normalidad”: EE.UU porque subordinada todo a la campaña contra el terrorismo y China porque quería restablecer el marco precedente de la relación chino-americana y obtener así, ventajas en Extremo Oriente a partir de la inevitable distracción de Washington. Domenach habla del contraste entre, por un lado, el despliegue desafiante, a veces incluso hostil, de las diplomacias y la profundidad de los malos entendidos, y por otro, de la riqueza de las relaciones y la seriedad de los compromisos. El hecho es que las relaciones entre los dos países se han desarrollado y se siguen desarrollando con un dinamismo que apenas tiene equivalentes en el mundo actual. Las relaciones entre ambos países han estado muy controladas políticamente. Tanto en Washington como en Pekín, el presidente las considera de su incumbencia particular y hace lo necesario para conservar el control, aunque hay excepciones a la regla, a causa de los lobbies y de las facciones políticas en EE.UU y del ejército en China. También por una y otra parte se imparten órdenes para que las desavenencias sean expresadas en términos controlados y para que las crisis sean objeto de un tratamiento diplomático, sobre todo cuando implican al ejército. Los temas económicos han sido muy útiles para salir del atolladero. Las inversiones americanas en China han aumentado considerablemente desde 1995, y alcanzan al menos los 30.000 millones de dólares. El comercio ha progresado rápidamente: China es el cuarto socio comercial de Estados Unidos y gana en todos los aspectos ya que recibe la alta tecnología indispensable para su desarrollo, dedica a Estados Unidos el 40% de sus exportaciones y recupera de ese comercio un excedente determinante. El acercamiento entre las sociedades de ambos países ha tenido lugar en una dirección que va desde China hacia EE.UU. (Domenach, 2006, págs. 170-174)
Chun al describir a China describe la sorprendente velocidad con que una autarquía económica se transformó en una economía orientada a las exportaciones y dependiente del comercio, situaciones que al mismo tiempo, produjeron serias preocupaciones en China sobre su seguridad en un mercado financiero global sumamente volátil. Los medios de comunicación describían a la RPCh (República Popular de China) como un gigantesco fabricante de bienes de consumo baratos con trabajo mal remunerado. Para cumplir las regulaciones de la OMC, el país tuvo que reducir radicalmente sus tarifas aduanales (por ejemplo, a cero en un periodo de cinco años, a partir del año 2001, para ciertos productos de tecnología de la información procedentes de los Estados Unidos), y abrir mercados de importancia vital como los de los productos agrícolas y computadoras personales. Como muchas demandas previas sobre trasferencia de tecnología ya no estaban vigentes para la inversión extranjera, y dado que más del 80% de las exportaciones chinas de tecnología intensiva eran producidas o manejadas por firmas foráneas, el nacionalismo tecnológico se tornó un asunto urgente. (Chun, 2006, pág. 292)
Según Chun, el ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio, por ejemplo, provocó la inmediata vulnerabilidad de su producción agrícola de alimentos y de sus novísimas industrias de tecnología de punta, y amenazó con elevar aún más los índices de desempleo. Sin embargo, las cuentas de capital en moneda no convertible y el control de cambios chino, fueron factores decisivos para limitar el impacto de la crisis financiera asiática de 1997-1998 en el país, a diferencia de la devastación sufrida por varias de las naciones del Sudeste Asiático. Las concesiones a las demandas del grupo encabezado por los Estados Unidos, durante las negociaciones comerciales para el ingreso a la OMC, resultaron excesivas y se realizaron sin conocimiento público ni consultas en el interior de China, ni en idioma chino. (Chun, 2006, págs. 26-27)
Durante los años 90’s, la América deseada y detestable, no cesaba de ganar en potencia, tampoco amaba a China y guardaba para sí sus propias maravillas; como sabía que China amenazaba seriamente su monopolio, era inevitable que Washington agrupase sus fuerzas contra Pekín. Sin embargo, desde hace veinte años (aproximadamente, desde mediados de los años 80’s), China y Estados Unidos han logrado grandes progresos en sus relaciones bilaterales, ha habido un acercamiento de sus economías, el hábito del compromiso, y la sensación bastante compartida en ambos lados de que hay mucho más a perder que a ganar en un conflicto abierto. (Domenach, 2006, págs. 176-178)

Referencias bibliográficas:

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[1] Profesor de Derecho Internacional Público (JurSoc – UNLP), Secretario del Instituto de Relaciones Internacionales (IRI – UNLP), Magíster en Relaciones Internacionales (IRI – UNLP) y Coordinador del Departamento de Seguridad Internacional y Defensa (IRI – UNLP).
[2] Magister Relaciones Internacionales (UBA), Director y Fundador Mente Inter-Nazionale, integrante del Departamento de Seguridad Internacional y Defensa (IRI – UNLP), Docente y Coordinador de la Maestría en Diplomacia y Política Exterior en UCES sobre Crimen Organizado, Prevención de Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (2015-2018), Mail: mariano.corbino@gmail.com
[3] Visto el 20 de junio de 2022. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-61318639
[4] Visto el 20 de junio de 2022 https://www.un.org/es/about-us/un-charter/chapter-7
[5] Trabajo final presentado en el marco del curso “La Guerra como medio en las Relaciones Internacionales”, impartido por Zona Militar.
[6] Maestrando en Relaciones Internacionales (IRI – UNLP); Licenciado en Comunicación Social (Facultad de Periodismo y Comunicación Social, UNLP); Secretario del Departamento de Seguridad Internacional y Defensa; Docente de Derecho Internacional Público (Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, UNLP). Correo: reyescristiand@gmail.com
[7] La URSS estaba compuesta por quince repúblicas socialistas. Cada una de estas repúblicas contaba con entidades de diversos rangos, siendo la república autónoma el de mayor jerarquía. Tras el desmantelamiento de la Unión, las quince repúblicas socialistas que la constituían – Rusia, los tres Estados bálticos, Bielorrusia, Ucrania y Moldavia en la parte europea; Armenia, Azerbaiyán y Georgia en el Cáucaso; y cinco Estados en Asia Central – se convirtieron en Estados independientes, dentro de las fronteras que habían tenido durante la URSS (The Conversation, 14/03/2022).
[8] Dada su distinción étnica y multicultural, los tres territorios albergaban aspiraciones de proyectos nacionalistas y regionales en contra de la tendencia centralizadora del movimiento nacional georgiano. Ayaria, de etnia georgiana pero de mayoría musulmana, fue la primera región en rebelarse contra el centralismo nacionalista y la única región que votó en contra de la independencia de Georgia. Los Abashidze, una familia aristocrática con una larga tradición en la zona, se hicieron con el poder gracias a la connivencia de las tropas soviéticas aún estacionadas allí y convirtieron Ayaria en una región independiente de facto (Salamanca, 14/10/2018).
[9] Los circasianos son originarios de las montañas del Cáucaso y se dedicaban a la agricultura y ganadería. Fueron expulsados tras la guerra con la Rusia zarista en 1864 y muchos de ellos emigraron hacia Anatolia. La mayoría de ellos profesan la religión musulmana sunní.
[10] Los alanos eran un pueblo de origen indoeuropeo de familia irania. Habitaban en la estepa, al norte del mar Negro, se movían principalmente a caballo y su economía se basaba en la cría de ganado. Se los emparentaba con los sármatas y los hunos.
[11] Este repliegue motivó la independencia de facto de ambas repúblicas, únicamente reconocidas por Rusia. Para garantizar la seguridad en dichas zonas, en el plan de paz supervisado por la ONU se constituyó una misión de paz de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) compuesta por soldados rusos, que se desplegó en ambas repúblicas como fuerza de interposición (Arancón, 09/12/2014).
[12] La perestroika (reestructuración, en ruso) se basó en un programa de reformas tendiente a liberalizar la economía para generar desarrollo interno y salir del estancamiento económico.
[13]  Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa.
[14] También conocida como Revolución de Terciopelo, alcanza la denominación en base a la distribución de rosas entre los manifestantes.
[15] En las elecciones presidenciales de enero de 2004, Saakashvili obtuvo más del 96% de los votos.
[16] Esta red de oleoductos y gasoductos unen el Mar Caspio con Turquía, evitando el paso por la Federación Rusia.
[17] En 2007, el presupuesto militar pasaría de 513 a 957 millones de gel (423 millones de euros), mientras que los ingresos presupuestarios totales de 2007 eran de 3.700 millones de gel. Desde la “revolución de las rosas” en 2003, los gastos militares del país –según cifras oficiales– se multiplicaron por diez o más (Cheterian, 2007).
[18] Hacia finales del año 2007, el ejército georgiano construyó una base militar con capacidad de albergar a más de 3.000 soldados en Senaki, cerca de Abjasia; mientras que en Gori, a media hora de Tskhinvali, la capital de Osetia del Sur, construyó otra similar (Ibíd.).
[19] La vanguardia de la división de infantería motorizada del 58º ejército ruso se desplegó en dirección sur con el apoyo desde la retaguardia de batallones de asalto aerotransportado (Pons, 2017: 199).
[20] Las repúblicas pro-rusas también fueron reconocidas por Venezuela, Nicaragua, Siria y Nauru.
[21] Puede entenderse como camuflaje, enmascaramiento u ocultamiento.
[22] Magíster en Políticas Públicas (FLACSO); Coordinadora General de Mente Inter-Nazionale (https://menteinternazionale.com);  Miembro del Observatorio de Prevención de Lavado de Activos y Compliance (OPLAC/ IRI – UNLP); mail: lfherrera.consultancy@gmail.com

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