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La diplomacia pontificia ante la era digital

En las Relaciones Internacionales contemporáneas, la gobernanza de la inteligencia artificial (IA) se ha convertido en el centro de una creciente atención académica y política. Parte de la literatura se concentra en las implicancias geopolíticas de la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China, mientras que otros enfoques analizan el papel desempeñado por las grandes corporaciones tecnológicas en la configuración de estándares, infraestructuras y mecanismos de regulación. A estas perspectivas se suman aproximaciones que buscan comprender la IA no solo como un recurso estratégico o un factor de competitividad económica, sino también como un fenómeno con profundas implicancias sociales, culturales y normativas para la comunidad internacional.

En este contexto, la publicación de la Carta Encíclica Magnifica Humanitas del Santo Padre León XIV trasciende el ámbito estrictamente religioso o pastoral. Desde la perspectiva de las Relaciones Internacionales, el documento constituye una intervención relevante en uno de los debates centrales del siglo XXI: la gobernanza de las tecnologías emergentes y sus efectos sobre la organización de la vida social, económica y política. La encíclica incorpora a la discusión una dimensión ética y antropológica que suele quedar relegada frente a las preocupaciones por la innovación, la seguridad o la competencia tecnológica.

La relevancia de esta intervención se comprende mejor a la luz de una tradición histórica en la que la Santa Sede ha participado activamente en debates vinculados a grandes procesos de transformación social. Así como León XIII abordó las consecuencias de la Revolución Industrial en Rerum Novarum y Francisco reflexionó sobre los desafíos ambientales globales en Laudato si’, León XIV dirige su atención hacia las implicancias de la revolución digital y el avance de la inteligencia artificial. Sin adoptar una postura de rechazo frente a la innovación tecnológica, el Pontífice propone un ejercicio de discernimiento orientado a examinar las condiciones políticas, sociales y éticas que acompañan su desarrollo, incluido su desempeño en el mundo laboral.

Esta intención aparece claramente expresada cuando señala: “No es mi intención ofrecer aquí un tratado sobre la inteligencia artificial (…). Me limito a recordar algunos elementos esenciales para un discernimiento moral y social que proteja el primado de la persona, con el fin de que sea siempre la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites” (León XIV, 2025, párr. 97). El eje de la reflexión, por lo tanto, no reside en la tecnología en sí misma, sino en los criterios que orientan su diseño, implementación y utilización.

En esa línea, la encíclica desplaza la discusión más allá del plano estrictamente ético para situarla en el terreno de la gobernanza. Como advierte León XIV, “no basta invocar genéricamente la ética”, sino que son necesarios “marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea” (León XIV, 2025, párr. 106). La observación resulta particularmente significativa porque vincula el debate tecnológico con cuestiones de regulación, responsabilidad institucional y distribución del poder.

Desde esta perspectiva, el documento llama la atención sobre las asimetrías globales que pueden derivarse de la concentración de datos, infraestructura digital y capacidad computacional en un número reducido de actores estatales y corporativos. El planteo adquiere especial relevancia en un contexto donde las tecnologías digitales inciden cada vez más sobre la economía, la seguridad, la producción de conocimiento y la vida cotidiana. En este marco, el llamado a “desarmar” la inteligencia artificial posee una dimensión política particularmente sugerente cuando el Pontífice sostiene que ello implica “romper esta equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar” (León XIV, 2025, párr. 110). Más que una crítica a la tecnología, la afirmación cuestiona la posibilidad de que la capacidad técnica sea asumida como fundamento suficiente para definir las reglas del orden digital emergente.

En definitiva, León XIV retoma una tradición de pensamiento social, o Doctrina Social, que ha acompañado distintos momentos de transformación histórica para proyectarla sobre uno de los debates más relevantes de nuestro tiempo. La encíclica no ofrece una propuesta regulatoria rígida sobre IA, ni pretende resolver las complejidades asociadas a su desarrollo. Su aporte radica, más bien, en sumar al debate internacional interrogantes relacionados con la distribución del poder, la responsabilidad política y el lugar de la persona humana en un entorno cada vez más mediado por los sistemas algorítmicos. En un escenario donde la inteligencia artificial posee un creciente impacto sobre la configuración del orden internacional, estas cuestiones exceden el ámbito técnico y se convierten en un tópico central para la gobernanza global contemporánea.

En este sentido, las reflexiones planteadas por la encíclica dialogan con una agenda de investigación que ha comenzado a adquirir creciente relevancia dentro de las Relaciones Internacionales. Tal como viene señalando el Centro de Estudios sobre Inteligencia Artificial y Relaciones Internacionales (CIARI) del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata, los desarrollos vinculados a la IA no deben analizarse únicamente como innovaciones tecnológicas, sino también como procesos que reconfiguran las relaciones de poder, las dinámicas de gobernanza y las formas contemporáneas de dependencia y autonomía en el sistema internacional. Desde esta perspectiva, el llamado de León XIV contribuye a ampliar una discusión que involucra no solo cuestiones técnicas o regulatorias, sino también debates fundamentales sobre el futuro del orden global y las condiciones políticas, éticas y sociales que orientarán la transformación digital en las próximas décadas.

Giselle Ana Sanabria
Integrante
Centro de Estudios sobre Inteligencia Artificial y Relaciones Internacionales (CIARI)
IRI-UNLP